Guaidó encendió la mecha en los cuarteles y se lanzó a un juego a todo o nada

La hora de la verdad parece haber llegado a Venezuela. Desde que el opositor Juan Guaidó fue nombrado “presidente encargado” (interino) del país el 10 de enero por la Asamblea Nacional (parlamento), se sabía que el fiel de la balanza entre el chavismo y el anti chavismo sería la actitud de los militares. Después de un largo impasse, la Fuerza Armada Nacional Bolivariana (FANB) aparece finalmente fracturada, con un ala que apuesta a una transición y otra que permanece leal al Gobierno. Sin embargo, mientras se reportan enfrentamientos a tiros entre las facciones, no termina de quedar claro el volumen de un bando y otro, por lo que resulta muy difícil hacer predicciones sobre cuál será el desenlace de la pulseada.

Sin embargo, sí pueden hacerse algunas afirmaciones.

Primero, la liberación de Leopoldo López contó, efectivamente, con respaldo de un sector de la FANB deseoso de quitarle la última letra a la sigla. Ese foco inicial encendió pronto un fuego algo mayor en la base aérea de La Carlota, en el suburbio caraqueño de Altamira. ¿Irá el movimiento rebelde más allá? Las posibilidades de que eso ocurra crecerán en la medida en la que el chavismo no logre contenerlo rápidamente.

Analistas políticos y de asuntos militares consultados en Venezuela por Letra P, que pidieron reserva de identidad dado lo fluido de la situación, coincidieron en que existe una acción cívico-militar en curso pero no se arriesgaron a definir sus alcances. En ese sentido, señalaron que resultó llamativa en las primeras horas de la jornada turbulenta la falta de declaraciones castrenses que permitieran identificar alineamientos de bases o unidades con la oposición.

Un dato a tener en cuenta al respecto es que el ministro de Defensa y hombre fuerte de la FANB, Vladimir Padrino López, sigue alineado con el régimen, sin, al parecer, coquetear con una defección o con la idea de liderar un pos chavismo que prescinda de Maduro y otros actores centrales de los últimos años.

En segundo lugar, el hecho de que Guaidó y su mentor López hayan lanzado una ofensiva tan frontal indica que, cuando menos, confían en desencadenar un alzamiento con chances de éxito. Claramente, con los episodios de violencia que se están registrando en Caracas y otras ciudades del país debido a la presencia de manifestantes antichavistas en las calles y la represión oficial, el juego de ambos es a todo o nada. O bien triunfo o bien cárcel o exilio.

“¡El momento es ahora! Los 24 estados del país han asumido el camino: calle sin retorno. El futuro es de nosotros: pueblo y Fuerza Armada unidos por el cese de la usurpación”, dijo Guaidó en Twitter, dando idea de que es consciente de los riesgos que corre.

En tercer lugar, si bien los rebeldes no parecen por el momento cerca de controlar la situación, evidentemente tampoco lo hace el ocupante del palacio de Miraflores. Así lo demuestra que López haya sido liberado, que haya dado entrevistas en plena calle y que haya sido imposible en lo inmediato volver a detenerlo. La mano del régimen no llega ya a todos lados.

Cuarto, además del factor tiempo, al gobierno de Nicolás Maduro le juegan decididamente en contra las imágenes de dura represión que comienzan a circular con las redes, como las que muestran a carros blindados pasando literalmente por encima de columnas de manifestantes. Ocurre que Guaidó ya no es un electrón libre o un opositor que cuenta con un apoyo internacional vacilante, como ocurrió en el pasado, por ejemplo con Henrique Capriles. Detrás de aquel está Donald Trump y su amenaza de intervención militar. Esa carta resulta de uso improbable por su carácter maximalista y porque, además, dividiría aguas en la oposición venezolana y en el amplio frente de gobiernos que Washington consiguió alinear detrás de sí en la región. Pero la advertencia de Washington está latente.

Quinto, con su ofensiva, el anti chavismo logra al menos salir de una situación de estancamiento debido a la frustración de las expectativas sobre un desenlace veloz generadas a comienzo del año y, más todavía, cuando Trump jugó la carta del embargo petrolero total. Sin embargo, se reitera, el juego es a todo o nada.

Los observadores consultados sumaron como datos a registrar la provisoria carencia de datos sobre una eventual ruptura de la cadena de mandos o llamamientos de comandantes regionales a favor de Guaidó. Y, en la calle, el hecho de que el activismo opositor que se observa en torno a La Carlota y otras zonas metropolitanas no parece por el momento “prender” en las barriadas populares.

La pelea está lanzada. En las calles se ve el espectáculo violento, pero lo decisivo pasa por los diálogos discretos de los cuarteles.

(Nota publicada en Letra P).