El FMI perdona pero no olvida: otorga un waiver “técnico”, pero pide más ajuste

Waiver: perdón, dispensa, exención. El anglicismo, de inolvidable cuño ochentista y noventista, volvió a agitar a la Argentina este miércoles: en la agenda prevista por su Directorio para el viernes, en la que tratará el desembolso de 10.870 millones de dólares para el país, el Fondo Monetario Internacional (FMI) habló de una “solicitud de waiver de la aplicabilidad de los criterios de rendimiento, revisión de garantías de financiamiento y solicitud de modificación de los criterios de rendimiento». La misma surge del tercer monitoreo, recientemente completado, por su staff técnico, en el marco del acuerdo de Stand-by vigente. Si tradicionalmente ese “perdón” se ha extendido, en el caso argentino y otros, a incumplimientos de metas fiscales o monetarias que resultan pospuestas en aras de la continuidad de los entendimientos, en esta ocasión parece referirse solo a aspectos formales menores, según aseguraron el Gobierno y el propio FMI. Pero eso no quita que el organismo ya esté presionando por un ajuste del gasto mayor debido a la caída aguda de la recaudación, que puede comprometer el objetivo de equilibrio fiscal para fin de año.

“El waiver se vincula con lo fiscal, pero solamente por un tema técnico, de tiempos. Argentina solicitó un waiver  de aplicación, y el staff le recomienda al Directorio que lo apruebe. Lo que pasó fue que al cierre de la revisión no estaban disponibles algunos datos fiscales de fin de marzo. Es una cuestión simplemente de disponibilidad de ciertos datos”, le aseguraron a Letra P cerca del ministro de Hacienda, Nicolás Dujovne.

La versión fue ratificada por voceros de la propia entidad que conduce Christine Lagarde, quienes, a la vez, descontaron que el Directorio liberará los fondos pendientes, cruciales para que el país haga frente a sus compromisos de deuda y cuente también con los dólares que le permitirán, a razón de 60 millones por día, descomprimir el mercado cambiario.

Voceros del FMI descontaron que el Directorio liberará el viernes los 10.870 millones de dólares comprometidos, cruciales para que el país haga frente a sus compromisos de deuda y cuente también con los dólares que le permitan descomprimir el mercado cambiario.

Una recorrida realizada por Letra P entre economistas que siguen estrechamente la marcha de la política fiscal del Gobierno de Mauricio Macri -y su alineamiento con lo prometido al FMI a cambio del paquete de financiamiento más grande en la historia del organismo- ratificó la verosimilitud de esas explicaciones.

“En principio, el FMI no contó con todos los datos de ejecución de marzo al momento que hizo determinados análisis. Es una cuestión de este tipo, no de incumplimiento de la meta”, le dijo a este portal uno de ellos, Nadin Argañaraz, director del Instituto Argentino de Análisis Fiscal (IARAF). Sin embargo, advirtió que “lo ideal sería que estas situaciones no sucedan, dado el aprovechamiento político que muchos hacen de ellas y las consecuencias que pueden tener. Es algo que no debería repetirse”.

Otro especialista, Leandro Ziccarelli, coordinador del Observatorio Monetario-Financiero del CEPA (Centro de Economía Política Argentina), estimó que “todo indica que el waiver es por datos fiscales que no estaban actualizados cuando vino la misión del Fondo. Es algo curioso que esa misión se haya ido hace dos semanas y el waiver aparezca ahora, pero en términos generales no parece que se trate de nada relevante”.

El hombre del CEPA estima que para fin de año el Gobierno “va a llegar a la meta de déficit fiscal primario” (antes del pago de la deuda) cero, pero no pasa por alto los problemas que viene mostrando la recaudación impositiva, que se resiente por la fuerte recesión y que complica aquel objetivo.

“El esquema actual es recesivo y eso le pega a la recaudación. Pareciera que el invento ese del ‘impuesto inflacionario’ hace recaudar menos cuando la inflación es alta. Y, además, ocurre que la base imponible de muchos impuestos tiene un lag temporal, o sea que refiere al ejercicio pasado, lo que también obliga a acelerar el recorte del gasto”, explicó. “Y eso le pega aún más a la actividad”, cerró Ziccarelli con su descripción del loop de la política económica oficial.

Christian Buteler, analista financiero, señaló en diálogo con Letra P que “el dato de recaudación que se conoció el lunes fue malo. Muchos lo analizan solamente en comparación con la inflación minorista, pero la brecha se amplía todavía más cuando se tiene en cuenta también la mayorista; al fin y al cabo, las empresas mayoristas también pagan impuestos”.

En efecto, la Administración Federal de Ingresos Públicos (AFIP) informó el lunes que la recaudación total de marzo creció un 37,7% en términos nominales contra el mismo mes de 2018, un número que debe preocupar si se lo compara con una inflación de cerca del 53% en el mismo período. La mayorista, como bien señaló Buteler, será todavía más elevada.

Lo que ocurre es que, mientras el dólar alto beneficia la recaudación de impuestos vinculados al comercio exterior, la recesión le pega a todo lo que sean impuestos vinculados con la actividad económica doméstica: el IVA neto “avanzó” un 35,6%, mientras que Ganancias lo hizo al 25%. Se trata de retrocesos severos en términos reales.

“Como todos los indicadores son los de una recesión, es lógico que se traduzca en menos ingresos para el fisco. Ahora, que sea lógico no significa que sea menos preocupante. Entonces, si se quiere mantener el objetivo de déficit (primario) cero, eso obliga a ajustar más el gasto público”, agregó Buteler.

Y es así: mientras un comunicado del organismo fechado el 18 de marzo último autorizaba un aumento de la desviación fiscal tolerable para el año del 0,2% al 0,3% del PBI -en atención la necesidad de sostener una mayor red de contención social por las consecuencias del ajuste y la recesión-, hablaba también de la necesidad de “una mayor restricción en el gasto gubernamental» para cumplir con la meta de equilibrio de las cuentas públicas.

Así las cosas, el waiver del día puede ser apenas un malentendido, un reclamo técnico. Pero la propia receta del ajuste a ultranza, fiscal y monetario, deprime la economía y reduce los ingresos. Nadie puede sorprenderse: la economía llama ese efecto “trampa de austeridad”. Entonces, para que los waivers por venir no se parezcan a los pedidos de clemencia del pasado, el Fondo ya ordenó apretar más.

Un ensayo de alto riesgo en un año electoral.

(Nota publicada en Letra P).