El antichavismo busca un alzamiento popular que dé vuelta a los militares

“Sabemos que esto no es algo de una persona. Sabemos que esto va a tener consecuencias. Sabemos lo que es necesario para mantenernos en las calles de Venezuela hasta lograr la democracia. No vamos a permitir que se desinfle este gran movimiento de esperanza y fuerza nacional”, dijo Juan Guaidó al jurar como presidente encargado (interino) ante una multitud impactante en Caracas. El de ayer será, seguramente, un punto de inflexión en su vida. A partir de ahora, o bien lo espera, tras un camino extremadamente empinado, la responsabilidad de liderar una transición o, en su defecto, la persecución y la cárcel. ¿Dónde estará la clave de ese futuro difícil de escrutar? En la actitud que adopte el poder militar.

¿Cuál será, en definitiva, el grado de adhesión de los uniformados a Nicolás Maduro y a su decisión de reprimir lo que busca convertirse en un levantamiento popular?

Esa es, justamente, la gran esperanza opositora: que, a diferencia de lo ocurrido otras veces, su movimiento, que se plasmó en -al menos- cientos de miles de personas en las calles de la capital venezolana, derive en un alzamiento en toda la regla. El levantamiento, en ese escenario, tendría un respaldo -el internacional- y una apuesta de riesgo -el rol de la Fuerza Armada Nacional… ¿Bolivariana?

Luis Vicente León, director de la consultora Datanálisis y uno de los analistas políticos más importantes de Venezuela, le dijo a Ámbito Financiero desde Caracas que “esto solo comienza. Obviamente que Guaidó tendrá medido el impacto de su decisión y está claro también que Estados Unidos está totalmente cuadrado (con él), como el Grupo de Lima -aunque sin México- y probablemente Europa”.

El desafío del presidente de la opositora Asamblea Nacional, esta semana ilegalizada otra vez por el régimen, se apoya en la administración de Donald Trump, que ayer hizo punta en el reconocimiento de Guaidó. Esa decisión, que desencadenó otras equivalentes de la OEA, Canadá, Brasil, Colombia, Chile y, un poco después, de la Argentina, entre otros países, implica un mensaje fuerte contra Nicolás Maduro: arrestar a Guaidó, algo que ya intentó con sugestivas dudas la inteligencia bolivariana el domingo 13, lo llevaría a un aislamiento internacional total y, según se estudia en estas horas, podría desencadenar el paso final de la torsión: que las sanciones alcancen al sector petrolero.

La presidenta de la ONG Control Ciudadano para la Seguridad, la Defensa y la Fuerza Armada Nacional, Rocío San Miguel, se preguntó en Twitter si la ruptura de relaciones con Estados Unidos anunciada ayer por Maduro hará que este se atreva “a tocar a personal (diplomático) estadounidense en Venezuela”. Que un fiscal de la Dirección de Corrupción ya haya pedido al Servicio Bolivariano de Inteligencia Nacional (Sebin) el arresto de Guaidó parece indicar que el chavismo peleará a todo o nada por su supervivencia.

Pero si el respaldo al movimiento opositor radica en el plano internacional, la incógnita -y la clave- está en la reacción de la FANB. Se habla mucho de una fractura en los cuarteles, pero los especialistas dudan. Las espectaculares y violentas -aunque solitarias- apariciones del paracaidista Óscar Pérez, inspector del Cuerpo de Investigaciones Científicas Penales y Criminalísticas de Venezuela, muerto de un tiro en la cabeza hace un año; el atentado contra Maduro con dos drones cargados de explosivos de agosto pasado durante un desfile; y el intento fallido del lunes último, protagonizado por un grupo de miembros de la Guardia Nacional, fueron los hechos más visibles del alegado descontento.

Como se observa, quienes tratan de encender la chispa de la rebelión son militares más bien aislados.

Mientras, la cúpula militar es fuertemente chavista, aunque The Washington Post le atribuyó días atrás al ministro de Defensa, el poderoso Vladimir Padrino López, haberle sugerido a Maduro que renuncie. ¿Habrá espacio para un quiebre interno, que busque una transición dentro del régimen?

Versiones aparte, la verdadera respuesta yace en la actitud que puedan adoptar los mandos medios con mando de tropa, quienes podrían definir el desenlace de la pulseada si esta se prolonga y los pone ante la opción de hierro: seguir reprimiendo o no.

Para Luis Vicente León, “es un momento de pulso (pulseada). Está planteado un conflicto de poderes y eso se mide a fuerza. Por eso, la pregunta es si hay apoyo militar interno suficiente y qué fuerza está dispuesto a usar Estados Unidos”.

“Sin militares internos la cosa es bastante difícil. Ahora, si el arma secreta de Estados Unidos es la sanción petrolera y no está cuadrado el sector militar venezolano, este es un tema que va para largo”, explicó en el diálogo con este diario.

“Que el mundo reconozca a Guaidó es el paso normal después de no haber reconocido a Maduro. Pero queda un vacío gigante para explicar cómo eso saca a Maduro del poder”, añadió.

El analista insiste en el punto: “La pregunta es quién tiene más fuerza adentro. Si no hubiera sorpresas, debería ser Maduro, a menos que (los militares) ya estén cuadrados (con la oposición), lo que luce poco probable”.

¿Ambos elementos, el apoyo estadounidense de la mayoría de los países de la región a Guaidó y la cuestión militar, podrían imbricarse? Trump ya dijo ayer que “todas las opciones están sobre la mesa”, pero para León, “si incorporamos en el análisis el impacto internacional, estaríamos asumiendo que podrían usar la fuerza externa para desalojar a Maduro. Es un escenario sin duda, pero que no parece listo, al menos no en este momento”.

(Nota publicada en Ámbito Financiero).

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