El arresto de Guaidó probó las grietas del chavismo, pero aún se ignora cuán profundas son

La breve pero conmocionante retención de Juan Guaidó, presidente de la Asamblea Nacional (AN, parlamento) de Venezuela, expuso el domingo el rostro desconcertado del chavismo. La intercepción del dirigente en medio de una autopista por parte de agentes del Servicio Bolivariano de Inteligencia Nacional (Sebin), lo que parecía un nuevo arresto de un líder opositor, terminó pronto en la nada. ¿Qué pasó? ¿Hubo una orden y una contraorden debido a las reacciones domésticas e internacionales de lo que el entorno del propio Guaidó y la oposición calificaron como un “secuestro”, que, encima, se viralizó como video en las redes sociales? ¿O hubo, en cambio, una acción libre de un sector radicalizado del Sebin, que ignoró al palacio presidencial de Miraflores?

Las reacciones oficiales contribuyeron a sembrar dudas y a sugerir la existencia de un posible quiebre dentro del chavismo. Pero si esto es así, ¿Nicolás Maduro está realmente en peligro?.

El ministro para la Comunicación y la Información, Jorge Rodríguez, explicó poco después de producido el hecho que “un grupo de funcionarios, actuando de manera unilateral, realizaron un procedimiento irregular en contra del diputado Juan Guaidó”.

“Esos funcionarios que se prestaron a este hecho contra el normal desenvolvimiento de la vida en la República están en este momento siendo destituidos y sometidos al procedimiento disciplinario más estricto”, agregó.

En tanto, Elías Jaua, exministro de Educación y uno de las figuras más notorios del régimen, indicó que “el golpismo” que atribuyó a la oposición “no debe provocar un desenfreno autoritario que contribuya al incremento de la agresión extranjera”.

Luis Vicente León, uno de los principales analistas políticos de Venezuela, docente universitario y presidente de la consultora Datanálisis, le dijo a Ámbito Financiero que “es difícil interpretar lo que pasó y separar los ruidos y las señales de este momento de Venezuela, que es crítico”.

“En ese contexto ocurren cosas como esta, sobre cuya lectura uno no puede estar completamente seguro. Al principio, quizás dudaba si había sido una estrategia del Gobierno para amedrentar, clásica para construir la ‘bóveda de miedo’, al menos para mandar un mensaje y mostrar su fuerza, aunque al final no concretara el apresamiento de Guaidó. Sin embargo, las declaraciones del ministro Rodríguez mostraron más bien la idea de un ‘damage control’ (control de daños), de decisiones no consultadas de funcionarios del Sebin. Eso es lo que parece más probable: que se haya tratado simplemente de una manifestación de divisiones”, señaló León.

Rocío San Miguel, abogada y presidenta de la ONG Control Ciudadano para la Seguridad, la Defensa y la Fuerza Armada Nacional, le dijo, por su parte, a este diario que “el proceso de toma de decisiones para la actuación de los órganos de inteligencia da cuenta de la profunda crisis que existe en el poder”.

La especialista agregó que “hay información de que la orden fue dada por Delcy Rodríguez, vicepresidenta de la República, directamente al director de Contrainteligencia del Sebin, general Ramón Balza Liota. Lo interesante es que esa orden no fue dada directamente al director (general de división Manuel Ricardo Cristopher Figuera). Por lo tanto no fue una acción inconsulta”.

En ese sentido, continuó San Miguel, hubo una orden de Miraflores, “nuevamente con injerencia cubana”, y, más tarde, “un control de daños, sacrificando a comisarios en un país en el que no hay garantías de que serán procesados o privado de libertad pues no existe transparencia, rendición de cuentas ni independencia de los poderes públicos”.

“Lo que vimos es una decisión errática con consecuencias erráticas. Seguiremos viendo decisiones de ese tipo”, aseguró.

León se refirió al momento del chavismo al asegurar que “la toma de posesión de Maduro (la semana pasada) fue la de un presidente aislado, no reconocido por el mundo, con problemas internos y con presiones para intentar evitar la división de su grupo, algo que podríamos considerar que es su peligro más importante. La implosión es mucho más peligrosa para él que la propia oposición”, explicó.

En ese marco, “él juega a que puede surfear la ola, pero la ola está ahí, los momentos difíciles y los puntos de quiebre están cerca. Entonces él intenta resolverlos, ya sea controlando, pacificando o atemorizando no solo a sus adversarios sino hacia el interior, a cualquiera que pretenda retarlo”, señaló el analista de Datanálisis.

Según Luis Vicente León, “esas divisiones internas son obvias; no es que nos enteremos ahora que las hay. La clave es entender cuán fuertes son, si son en verdad peligrosas o si son simplemente parte de un juego que el Gobierno puede controlar. Por ahora parece que es esto, con instituciones como el Sebin en las que todavía hay actores que pueden tener posiciones distintas”.

Rocío San Miguel hizo una lectura análoga. “Lo que hay es un conflicto en torno a la conducción de la crisis, que es un signo de enormes riesgos e inestabilidad para el sistema. Pero eso solo significa conflicto, no ruptura ni desplome”, dijo.

Entonces, ¿se trata de posicionamientos contrapuestos no dramáticos al interior del régimen o un peligro real de ruptura?

“Es muy temprano para saber cuál de esos escenarios es el más probable, aunque diría que el Gobierno evidentemente no controla todas las aristas de la situación. En el medio de esa conflictividad, siempre corre más riesgos y tiene que estar muy encima de las cosas para que lo no jalen por una hebrita y le compliquen el panorama”, remató León.

(Nota publicada en Ámbito Financiero).

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