Asume Bolsonaro y abre una etapa de peligros para Macri

Es sabido que la Constitución de Brasil establece el 1 de enero como fecha de asunción presidencial, una fecha incómoda y que suele conspirar contra una participación masiva de mandatarios de otros países en esas citas que se producen cada cuatro años. Sin embargo, las listas de asistentes no dejan de contar con nombres de peso, reflejo de la condición de ese país como un gigante emergente. En esta ocasión, con la llegada de Jair Bolsonaro, la lista de asistentes tiene, una vez más, varios puntos fuertes. Para empezar, los presidentes de México, Andrés Manuel López Obrador; de Bolivia, Evo Morales; de Chile, Sebastián Piñera; de Colombia, Iván Duque; de Paraguay, Mario Abdo; de Honduras, Juan Hernández; y de Portugal, Marcelo Rebelo de Sousa.

Además estarán presentes este martes el secretario de Estado norteamericano, Mike Pompeo; el primer ministro de Israel, Benjamín Netanyahu; y el jefe de Gobierno de Hungría, Víktor Orban, entre otras figuras.

El premier israelí, Benjamín Netanyahu, visita a Jair Bolsonaro en Brasil (FOTO: AFP).

Llamará la atención la ausencia de Mauricio Macri, quien decidió no interrumpir sus vacaciones y dejar las definiciones sobre la relación con el principal socio comercial de la Argentina para la visita que realizará a Brasil el próximo día 16.

Lo de Macri no es una extravagancia, si de costumbres argentinas se trata: el último presidente que asistió a la asunción de su par brasileño fue Eduardo Duhalde en 2003, cuando comenzó la era de Luiz Inácio Lula da Silva. Con todo, puede hablarse de la inconveniencia de la decisión del mandatario argentino, no solo por la importancia de Brasil para nuestro país sino también por el delicado momento que el cambio de época supone para ese vínculo.

Después de haber girado tradicionalmente en torno a la región, el eje de la política exterior brasileña mutará, con Bolsonaro, hacia los Estados Unidos de Donald Trump. En efecto, el ex capitán de paracaidistas del Ejército formará con este y con los mencionados Netanyahu y Orban, un eje de ultraderecha poderoso que tendrá un pie prácticamente en cada continente.

Ver para creer: Macri podría parecer casi un progresista en medio de aquellos nombres de la derecha ultra.

Lo que está en juego no es solo la relación entre la Argentina y Brasil, sino también la del país con Estados Unidos, con un Macri perdiendo el lugar de socio descollante de Trump en el Cono Sur. Un Brasil de 210 millones de habitantes y cuyo canciller, Ernesto Araújo, es todo un trumpista puede resultar un socio mucho más valioso para la Casa Blanca que la desvencijada Argentina de estos días, un dato no menor cuando del favor de Estados Unidos (esto es, del Fondo Monetario Internacional) depende que el país siga gambeteando atropelladamente, y nada menos que en un 2019 electoral, la marca pegajosa del default.

En relación con Brasil, lo que está sobre la mesa es la posibilidad de una reformulación radical del Mercosur. Si hay que guiarse por las señales emitidas, con pésimos modos, por el futuro súper ministro de Hacienda, Paulo Guedes, la intención será que el bloque deje de constituir una unión aduanera y retroceda a una mera zona de libre comercio. Un Brasil (y una Argentina, además de Uruguay y Paraguay) liberados para, eventualmente, negociar por las suyas acuerdos de libre comercio con otros países y bloques supondría una perforación terminal del arancel externo común vigente y, con eso, una pérdida de la reserva de mercado que las empresas exportadoras argentinas han disfrutado dentro del Mercosur.

IFrame

Arrojadas a competir con sus pares de otras economías, muy probablemente más competitivas, estas encontrarán severos problemas de costos, desde los financieros hasta los laborales, pasando por los tributarios y los logísticos. Pretender que esas limitaciones no se conviertan en una presión abrumadora para el debate político y económico doméstico de los próximos pocos años puede ser, si las cosas siguen en Brasil el curso trazado, simplemente una quimera. Algo que, seguramente, un Macri eventualmente reelecto usará a favor de una agenda liberalizadora mucho más audaz.

Dicho rumbo radical, sin embargo, no está asegurado, ya que hay fuerzas poderosas dentro de Brasil que resisten el planteo de apertura multilateral, a la chilena, de Guedes y sus Chicago boys.

Si bien han abandonado sus viejas posturas nacionalistas y desarrollistas, el renacido “partido militar”, que tendrá un peso enorme en el futuro gabinete, pone algunos (pocos) límites a su nueva vocación liberal. Uno de ellos es la no privatización de lo que entiende como “activos estratégicos”, como el upstream de Petrobras y la distribución eléctrica; el otro, que no haya una apertura comercial indiscriminada que arrase con los segmentos pequeños y medianos de la industria, especialmente de la de los estados de las zonas menos competitivas.

Para ello encuentra como aliados a los referentes de la mayoría de las representaciones estaduales de la Confederaçao Nacional da Indústria (CNI), que resisten la presión librecambista de su hermana mayor, la de San Pablo.

Del resultado de la puja entre ultra liberales y militares saldrá el verdadero curso del gobierno de Bolsonaro.

La Argentina amaga con aceptar la exigencia brasileña de un “Mercosur bonsái”, pero hasta ahora con pocas concreciones. Que Brasil sea, por un campo, el principal mercado para las exportaciones industriales argentinas (en especial, las vinculadas al complejo automotor) ha hecho que la tentación librecambista encontrara frenos dentro de la propia administración Macri, como cuando el primer ministro de Relaciones Exteriores de Michel Temer, el socialdemócrata (conservador) José Serra, se estrenó en Buenos Aires con un planteo similar al de Guedes y se encontró con un no rotundo.

Macri, actual presidente pro tempore del bloque, juega ahora más decididamente con la idea de una flexibilización del Mercosur, pero teme que, una vez puesta en marcha, esta tome una dinámica demasiado radical.

Acaso el Presidente use los días que separan la asunción de Bolsonaro de su visita a Brasil para pensar qué es lo que la Argentina puede realmente tolerar. Para eso le resultará útil que hay fuerzas en el vecino que pueden resultarle útiles para enfriar los planteos más desmesurados.

(Nota publicada en Letra P).

Anuncios