Macri y Malvinas: agenda british-style, más comercio y cero soberanía

Hace exactamente tres años, Mauricio Macri, asumía el poder dispuesto a dar una vuelta de campana de todo lo que se vinculara al kirchnerismo. Uno de los tópicos principales de esa agenda reactiva era la política exterior y, dentro de ella, lo hecho en los años precedentes en el que probablemente sea su punto más sensible: la causa Malvinas. Tres años después de la promocionada normalización de las relaciones con el Reino Unido y de la restauración del “paraguas” sobre el reclamo por la soberanía de las islas, ¿cómo corresponder evaluar los resultados del giro?

Si, en buena medida, las políticas y los usos y costumbres macristas se plantean como un espejo de lo que denominan con desdén “populismo”, el “retorno a Occidente” es, además vocacional. Es allí, entendido como un espacio geográfico y simbólico dominado por las grandes potencias tradicionales donde, según esa corriente política, aguarda el futuro de la Argentina.

HISTORIA DE UN ACERCAMIENTO. En ese sentido, la normalización de las relaciones con el Reino Unido es un efecto natural de la elección. La misma se puso en marcha desde el día uno del gobierno de Cambiemos, pero tuvo dos hitos que la formalizaron.

El primero se produjo el 21 de enero de 2016, Macri se reunió en el Foro de Davos con el entonces primer ministro británico, David Cameron, en la que planteó formalmente el regreso a la política noventista sobre Malvinas: relanzamiento de las relaciones, especialmente las económicas, y preservación del reclamo por Malvinas debajo de un “paraguas”.

Cabe recordar que, además del Presidente, por el lado argentino participaron la entonces canciller Susana Malcorra, el jefe de Gabinete Marcos Peña y el canciller en las sombras del Gobierno, el secretario de Asuntos Estratégicos Fulvio Pompeo. Junto a ellos estuvo Sergio Massa, una suerte de reaseguro que, esta vez, el “paraguas” devendría política de Estado.

El segundo mojón fue la formalización de esos tanteos con la firma, el 13 de septiembre de ese año, de un Comunicado Conjunto entre Malcorra y el ministro de Estado para Europa y las Américas del Foreign Office, sir Alan Duncan.

Susana Malcorra y Alan Duncan.

“Ambos Gobiernos acordaron que la fórmula de soberanía del párrafo 2 de la Declaración Conjunta del 19 de octubre de 1989 se aplica a este Comunicado Conjunto y a todas sus consecuencias. En este contexto, se acordó adoptar las medidas apropiadas para remover todos los obstáculos que limitan el crecimiento económico y el desarrollo sustentable de las islas Malvinas, incluyendo comercio, pesca, navegación e hidrocarburos. Ambas partes enfatizaron los beneficios de la cooperación y de un compromiso positivo de todos los involucrados”, decía el mismo.

El texto, además, establecía consultas políticas de alto nivel entre los dos países; un relanzamiento de la relación en materia de comercio e inversiones; cooperación en la lucha contra la corrupción y el crimen organizado; exploración oportunidades en ciencia y tecnología, derechos humanos y cuestiones de género; trabajo conjunto en arte, cultura, educación y deportes; coordinación en defensa; y apoyo británico al ingreso nacional a la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), entre otros aspectos.

Cabe recordar que Malcorra y su vice, Carlos Foradori, debieron concurrir al Congreso a dar explicaciones, tanto a opositores como a aliados incómodos, por lo que parecía dejar muy lejos la reivindicación argentina sobre las islas.

En una reunión bilateral de la reciente cumbre del Grupo de los 20 (G20) en Buenos Aires, Macri y Theresa May hablaron de muchas cosas, pero no del Malvinas, aunque esta vez la omisión no provocó ninguna queja.

EVALUACIÓN OFICIAL. El reemplazo de Malcorra por Jorge Faurie no modificó la hoja de ruta y, de hecho, en Cancillería la consideran exitosa. “Reconocimiento de los soldados argentinos caídos en la guerra, conectividad aérea, investigación conjunta en ciencia y tecnología, cooperación en la Antártida, entre otras cosas”, listan en el Palacio San Martín lo que juzgan logros de la normalización; casi el repaso de los subtítulos del Comunicado Conjunto de 2016.

“Hubo muchos viajes a nivel de gabinetes y delegaciones empresarias de un lado al otro”, añadieron en diálogo con Letra P.

Otro aspecto que resaltan es la creciente conectividad aérea con las islas y, en ese sentido, ponderan el acuerdo anunciado antes del G20 sobre un nuevo servicio de la empresa LATAM, que partirá de San pablo y que, dos veces por mes, hará escala en Córdoba. Bueno para Malvinas, ¿pero útil para seducir a los kelpers?

EL RECONOCIMIENTO DE LOS CAÍDOS. En primer lugar, el del reconocimiento de soldados NN muertos en la guerra es un tema especialmente sensible en el que, efectivamente, se progresó, para consuelo de muchas familias argentinas.

Los restos del capitán de la Fuerza Aérea Luis Darío José Castagnari, caído en Malvinas, fueron trasladados a Río Cuarto (Córdoba).

“De las familias que se presentaron a donar su muestra de sangre, no todos esos cuerpos se pudieron recuperar. De un total de 148 soldados fallecidos, 122 cuerpos estaban en 121 sepulturas que tenían la placa ‘soldado argentino solo conocido por Dios’. Por eso aún nos falta identificar a 16 de los 122 cuerpos encontrados”, dijo el director del Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF), Luis Fondebrider, en declaraciones a NA.

Para identificar a esos 16 soldados, “es necesaria la difusión, ya que hay muchas familias que todavía no han sido ubicadas y otras que no se animan a darlo por miedo”, agregó.

COMERCIO EN CRECIMIENTO. El comercio bilateral es un segundo ítem que refleja una mejora atribuible, en alguna medida al acercamiento.

El año pasado, la Argentina le exportó al Reino Unido por valor de 780 millones de dólares e importó desde ese país por 697 millones. El comercio total, por 1.477 millones de dólares, superó en un 52% los 968 millones de 2016, año en el que el país había vendido a Londres por 497 millones y comprado por 471 millones.

En tanto, en los tres primeros trimestres de este 2018 conflictivo, las exportaciones fueron de 626 millones de dólares y las importaciones, de 605 millones, cerca del total del 2017.

El aumento del volumen y el superávit nacional, incluso en años de atraso cambiario, son cuestiones que resaltan los defensores del paraguas, pero que, según una fuente de la propia Cancillería argentina, no responde a una singularidad criolla. “En alguna medida, eso es un autoengaño. En términos de balanza comercial, el Reino Unido tiene déficit con muchos países. Lo que ocurre es que ellos venden servicios más que industria”, le explicó a este portal.

Marcelo Elizondo, director de la consultora Desarrollo de Negocios Internacionales (DNI), le dijo a  Letra P que, pese a esos avances, “la relación comercial no es muy fluida porque hay menos comercio del que debería haber. El británico es un mercado complicado para la Argentina. Va a mejorar con el ingreso de carne nacional a Europa, pero no veo grandes avances recientes”.

La relación económica y comercial era muy fluida entre los dos países antes de la guerra porque tienen intereses complementarios. El Reino Unido es un gran importador de alimentos”, añadió.

Según el especialista, el brexit, esto es la salida del Reino Unido de la Unión Europea, prevista (si nada cambia en estos días agitados para May) para el próximo 29 de marzo, representa “un gran problema” para el bloque comunitario. “El Reino Unido es uno de los principales compradores de alimentos, sobre todo de Francia y Alemania, y el temor que tienen es que, tras la salida, pase a ser un gran comprador en Estados Unidos. La Argentina puede ocupar un lugar ahí, en la provisión de alimentos, pero todo eso es potencial. Lo concreto es que la relación no es tan fluida como debería serlo”, siguió Elizondo.

En términos de inversión, el desierto. “No hay empresas británicas con proyectos en el país”, aseguró.

Del capítulo comercial de la reciente bilateral entre Macri y May, el consultor resalta lo dicho por la premier conservadora sobre “un interés de su país en negociar un tratado de libre comercio con el Mercosur después del brexit”.

¿Y MALVINAS? Rafael Bielsa fue canciller entre mayo de 2003 y diciembre de 2005. En diálogo con Letra P señaló que “la ‘atmósfera de confianza mutua’, cuya generación debía resultar de los acuerdos de Madrid del 19 de octubre de 1989, había sido interpretada por el Reino Unido desde entonces en su exclusivo beneficio. La fórmula del ‘paraguas de soberanía’ significaba que ambas partes podían discutir asuntos sobre el Atlántico Sur sin que esto significara una renuncia al reclamo soberano. Sin embargo, en la práctica, habilitó al Reino Unido a avanzar en actividades de pesca y exploración petrolera unilateralmente”.

El Comunicado Conjunto de Malcorra y Duncan reivindica expresamente el acuerdo de Madrid.

“De acuerdo con los principios fijados por el presidente Néstor Kirchner, estábamos en contra de las ‘relaciones carnales’, del abuso de la fórmula del ‘paraguas de soberanía’ y de los obsequios pueriles a los británicos que habitan nuestras Malvinas. Durante los tres años en los que me desempeñé como canciller, la cuestión Malvinas fue una de las que recibió mayor dedicación de tiempo”, defendió su gestión.

“Según mis convicciones, el retorno a la concepción política de las relaciones con Reino Unido apoyadas en el criterio de la ‘reconstrucción de confianza’ y poniendo bajo un paraguas el debate irresuelto del reclamo argentino por la soberanía de las islas Malvinas solo puede arrojar productos híbridos y de rápido vencimiento”, dijo Bielsa.

Para él, “la ley 26.659, aprobada unánimemente en 2011, es un instrumento avanzado para integrar una estrategia de presión sobre el Reino Unido, con el fin de que obedezca a las resoluciones internacionales que determinan el diálogo sobre la disputa en el Atlántico Sur. Desde el restablecimiento de relaciones en 1989 mediante Acuerdos de Madrid, Londres incumplió acuerdos bilaterales de cooperación y de seguridad militar. Esos incumplimientos concedieron la ilegal explotación pesquera, la política de hidrocarburos en Malvinas y la promoción y protección de inversiones británicas en la Argentina mediante la vigente Ley 24.184”.

“Según mis convicciones, el retorno a la concepción política de las relaciones con Reino Unido apoyadas en el criterio de la ‘reconstrucción de confianza’ y poniendo bajo un paraguas el debate irresuelto del reclamo argentino por la soberanía de las islas Malvinas solo puede arrojar productos híbridos y de rápido vencimiento”, dijo Bielsa.

“Argentina no tiene un berrinche coyuntural con Malvinas sino un reclamo de soberanía permanente, que se enfrenta con una realidad colonial inaceptable. Esto no quiere decir volver a una guerra, sino a que, aunque tengamos que esperar 4, 40 o 400 años, las Malvinas son, fueron y serán argentinas”, abundó Bielsa.

Al justificar el nuevo enfoque de la relación con Londres, la entonces canciller Malcorra citó el “principio de Pareto” al indicar que si en una relación existe “un 20% de desacuerdos”, lo que se impone es trabajar en el 80% que restante. Más allá de que la cita no es del todo precisa, cabe preguntarse si, en la relación con el Reino Unido, Malvinas representa solamente un 20%.

“No hay ‘otros aspectos de la relación’ si la causa Malvinas no forma parte de la relación. Es como la tenencia de hijos en el marco de una disputa de ruptura de una pareja. Malvinas está, como están los hijos. Si no hablamos de un espacio de nuestro territorio, o sea de una rama de nuestro árbol, ¿cómo podríamos hablar del árbol?”, cerró Bielsa.

(Nota publicada en Letra P).

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