Deuda, FMI y swap: nada detiene el tobogán de las reservas del Central

La brutal devaluación del peso redujo la salida de dólares, tanto en concepto de importaciones, como de viajes al exterior y de compras para atesoramiento privado. Sin embargo, la fuga sigue y totalizó hasta fines de octubre nada menos que 25.960 millones de dólares. Vale preguntarse, en este contexto, qué pasa con las reservas del Banco Central, que registran una persistente declinación, solo maquillada con el ingreso de préstamos de bancos, desembolsos del Fondo Monetario Internacional (FMI) y la ampliación del swap (intercambio de monedas) con el Banco del Pueblo de China (central) por el equivalente a 8.700 millones de dólares. En definitiva, más deuda para financiar la fuga.

La hemorragia de divisas totalizó en noviembre 2.770 millones de dólares y el último lunes 3 las reservas volvieron a cerrar en baja, recortándose a 51.303 millones.

En tanto el FMI sigue gatillando sus desembolsos a medida que Nicolás Dujovne avanza hacia el déficit fiscal cero, la estrella del maquillaje pasó a ser, justamente, el mencionado swap.

Esa operatoria consiste en un intercambio de monedas entre dos bancos centrales que pueden ser convertidas a divisas duras (dólares) y, de ese modo, ser contabilizadas como reservas. Solo se paga por ese dinero una tasa de interés, del orden del 6% en el caso del acuerdo con China, si se las utiliza y únicamente por el monto que se usa.

“Este acuerdo complementa el acuerdo bilateral de swap de monedas firmado entre ambos bancos en julio de 2017. El monto total de los swaps, incluyendo ambos acuerdos, asciende a 130.000 millones de yuanes”, que equivalen a u$s 18.680 millones, dijo el Banco Central de la República Argentina (BCRA) en un comunicado.

 

El analista financiero Christian Buteler le dijo a Letra P que “los swaps son operaciones fundamentalmente contables que buscan mostrar un mejor nivel de reservas. En 2014 y 2015, gente que era opositora y hoy está al frente de la gestión los llamaba ‘papelitos de colores’, una definición con que la yo estoy de acuerdo. Lo único que digo es que si lo eran entonces, lo son hoy también; el paso de los años no los convirtió en lingotes de oro”.

Mariano Kestelboim, profesor en la Universidad Nacional de Avellaneda, agregó que “el swap con China reproduce lo que se dio en el último gobierno de Cristina Kirchner. Es una forma artificial y transitoria de engordar las reservas; no son reservas genuinas. Están latentes para el caso de que se las necesite. Es una señal para los mercados, dando cuenta de que si se produce una corrida cambiaria, hay dinero disponible para apagar el incendio”.

“Dentro del total de las reservas, van a quedar casi 19.000 millones de dólares del swap”, recordó ante la consulta de este medio Amílcar Collante, del Centro de Estudios Económicos del Sur (CeSur). Así, más del 36% de las reservas de BCRA son, en verdad, yuanes prestados por China.

“A eso hay que agregar unos 13.000 millones de dólares de encajes, que son parte de los depósitos en dólares de los bancos que quedan inmovilizados, y 2.500 millones de préstamos de corto plazo de bancos”, los llamados “repo”, añadió.

¿A cuánto llegan, entonces, las reservas netas del Central? Para Buteler, “como máximo a 17.000 millones de dólares”. Para Gustavo Reija, director de la consultora Mecronomic, a 18.000 millones de dólares. “Decir que una gran parte de las reservas está ‘prestada’ es correcto”, estimó este último en diálogo con Letra P.

Reija apuntó, además, a la capacidad de fuego real de la entidad que conduce Guido Sandleris para hacer frente a un eventual rebrote de la presión sobre el dólar, una hipótesis probable conforme avance el calendario electoral y que el propio Gobierno contempla, tal como lo demuestra el pacto chino.

Guido Sandleris, presidente del Banco Central.

“Hay que tener en cuenta que la posición del FMI es que las reservas aportadas por ellos solo podrían usarse muy limitadamente y en condiciones extremas, como es el caso de los 150 millones diarios máximos que pueden venderse si la cotización supera el límite superior de la zona de no intervención”, explicó el hombre de Mecronomic. La munición no abunda.

Kestelboim, en tanto, lleva su crítica al fondo de la política económica. “El desequilibrio externo persiste. Este año va a ser peor que 2017 y hay que retroceder hasta 1981 para encontrar cifras similares. Financiar eso en los mercados voluntarios de crédito es muy difícil porque estamos en una situación totalmente insostenible”, dijo.

Para él, “estos préstamos permiten estirar la agonía, pero sin lugar a dudas son algo transitorio en la medida en que se insista con las actuales políticas y se siga deteriorando la estructura productiva. En esas condiciones, el tipo de cambio de equilibrio va a tener que ser más alto y eso va a ir de la mano de una mayor especulación financiera, salida de dólares y deterioro general de la economía”.

(Nota publicada en Letra P).

Anuncios