Macri sale de la burbuja del G20 y se mete de nuevo en su laberinto económico

El gobierno de Mauricio Macri tratará de extender todo lo posible el “efecto G20”, resaltando las bondades de la organización y los resultados de un comunicado final ambiguo pero que no por eso deja de ser valorado en los círculos diplomáticos. Más que más, la postal de su emoción en el teatro Colón al grito de “Argentina”. Pero todo eso será, probablemente, un analgésico de corta duración: sus efectos benéficos son más que limitados para la regeneración de la confianza necesaria para que la inversión fluya de una vez y para que la economía salga del marasmo.

Lo más relevante, acaso, sea el clima de paz social que rodeó el encuentro, diferente a los graves disturbios que acompañaron ediciones anteriores, como la de Hamburgo hace un año. No se trata de la letanía sobre “cómo nos ve el mundo” sino de la demostración de que el Gobierno tiene todavía el control de la calle. Si las imágenes de la violencia en el superclásico fallido recorrieron el mundo y hasta impactaron en el ánimo de traders involucrados en la operatoria de activos financieros nacionales, que nada malo haya pasado en esta cita es motivo de alivio para el Gobierno. Lo que está en juego no es la imagen sino la capacidad oficial de gobernar el ajuste. En términos de Nicolás Dujovne, el prodigio de que el Gobierno no caiga o, como ruegan en el Fondo Monetario Internacional (FMI), que el mismo no genere niveles de conflictividad demasiado elevados.

Los inversores y la comunidad de negocios argentina o con intereses en el país no rescatarán mucho más que eso en el mediano plazo.

Marcelo Elizondo, titular de la consultora Desarrollo de Negocios Internacionales (DNI), le dijo a Letra P que “la reunión salió bien, con una diplomacia que se manejó en altos niveles y que dejó un respaldo importante de parte de los principales líderes. Sin dudas, sirve para mejorar la reputación del país y generar una mirada algo más benévola de los inversores. Ahora bien, la realidad pasa por un plano diferente y la Argentina debe resolver las dudas que hay sobre su financiamiento, algo que se expresa en el riesgo país. Si no baja la inflación, si no se genera previsibilidad más allá del año y medio que se sostiene con los desembolsos del FMI, por más G20 que se organice las cosas no se van a corregir”.

Según Gustavo Reija, director de la consultora Mecronomic, “el G20 resultó un evento positivo para Argentina en términos de organización y firma de acuerdos comerciales. No se recuerda momento en el que nuestro país contara con el apoyo institucional de las grandes potencias como este. Sin embargo, la situación real de nuestra economía y sus debilidades continúan tan vigentes como la semana pasada”.

¿Y qué hay de los acuerdos de comercio e inversión que Macri anunció con Donald Trump, Xi Jinping, Emmanuel Macron y Shinzo Abe? “Esos acuerdos, de concretarse, tendrán un largo período de maduración y sus posibles impactos llegarán a lo largo de los próximos años”, agregó Reija.

Por su parte, Christian Buteler, analista financiero, señaló en diálogo con este portal que “el G20 dejó un buen clima para los negocios, incluso considerando como se había desarrollado anteriormente en otros países. Pero las implicancias directas que pueda tener sobre nuestra economía son muy limitadas. Puede haber un cierto rebote en los mercados financieros en el muy corto plazo como reflejo de lo que pasa a nivel internacional por el acuerdo entre Estados Unidos y China (ndr: la tregua de 90 días en la guerra comercial), pero eso nos excede”.

“Desde ahora, volvemos a nuestra realidad con el riesgo país, la tasa de interés, el dólar, las reservas. Hay que recordar lo que duró en su momento la declaración de la Argentina como país emergente, el acuerdo con el FMI… Mientras no resolvamos nuestros problemas de fondo, lo que puede llamarse ‘buen clima’ puede aligerar un poco las cargas, taparlas por 24 o 48 horas, pero enseguida vamos a volver a nuestra realidad”, completó.

En la misma tónica, Federico Furiase, director de la consultora Eco Go, explicó que la cumbre “es una señal que puede destrabar relaciones bilaterales y crear condiciones para el diálogo, pero esto no genera una lluvia de inversiones. Las inversiones llegan cuando cierra la ecuación rentabilidad esperada/costo del financiamiento y esto todavía no está, sobre todo teniendo en cuenta el riesgo político de cara al año electoral”.

Así las cosas, ¿qué indicadores hay que seguir para evaluar cómo sigue el paciente?

“La agenda económica continúa con los mismos temas críticos a solucionar y el Gobierno no puede confiarse en un repunte de imagen circunstancial por un éxito diplomático. Su mayor desafío ahora es lograr que el apoyo logrado a nivel internacional se traduzca en baja sustancial del riesgo país. Este es el indicador real de la confianza que los mercados externos tienen sobre nuestra economía y la variable clave a monitorear”, dijo Reija.

Más importante para el país será lo que pase en el contexto internacional. La cumbre de Buenos Aires dejó una tregua entre Estados Unidos y China, que prometieron no profundizar su guerra comercial por 90 días, pero eso fue algo totalmente ajeno a la diplomacia nacional. La otra señal alentadora es que la Reserva Federal dio indicios de que atenuará su política de suba de la tasa de interés, limitando el “vuelo a la calidad” del dinero y llevando alivio a los mercados emergentes.

Mirar hacia afuera es el destino de los débiles.

(Nota publicada en Letra P).

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