Ni la devaluación ni el aval del Fondo frenan la salida de reservas del Central

Las reservas del Banco Central crecen cada vez que incorporan desembolsos del Fondo Monetario Internacional, ingresan dólares por operaciones de “repo” (préstamos garantizados contra entrega de títulos públicos) o computan swaps como los que se denostaban en el pasado y hoy se festejan como goles. Fuera de eso, la salida de divisas, por goteo o a chorro, termina siendo una constante que preocupa cada día más.

Ni la mega devaluación del peso ni el (segundo) acuerdo stand-by con el FMI restablecen los equilibrios perdidos entre oferta y demanda de divisas, un déjà vu, en escala menos dramática, de lo ocurrido inmediatamente después del primer rescate. De hecho, hay motivos para temer un futuro cercano más complicado en esta materia, ya que el auxilio del organismo al proyecto de Cambiemos despeja el pago de la deuda hasta el fin de la actual administración y no mucho más, mientras que ya acecha la temporada electoral, con sus incertidumbres y sus habituales inestabilidades.

El 29 de octubre, las reservas internacionales del Banco Central alcanzaron a 47.867 millones de dólares. Al día siguiente, se integraron los 5.631 millones girados por el FMI, lo que colaboró para que su nivel total trepara por encima de los 54.000 millones. Desde entonces, otra vez el goteo, que ya hizo que se perdiera un tercio de aquel aporte. Que esos dólares se iban a usar para pagar vencimientos era algo conocido, lo que no se esperaba era que la canilla de ingreso de divisas siguiera cerrada.

“La caída constante de las reservas es preocupante. No es algo nuevo,  viene desde principios de año y hasta diría que desde un poco más atrás. Preocupa porque lo que se ve es que suben cuando entran créditos, ya sea los del FMI o algún otro, y después la constante es la caída”, le dijo a Letra P el analista financiero Christian Buteler.

Mariano Kestelboim, profesor en la Universidad Nacional de Avellaneda, usó la misma palabra en diálogo con este medio: “preocupante”. “Si bien gran parte (de la salida de dólares) corresponde a pagos de deuda externa, pone de relieve que el déficit estructural de cuenta corriente no se ha resuelto y que no hay un ingreso de capitales que compense”, señaló.

“Esa caída, en teoría, ahora se tendría que atenuar porque obviamente la balanza de pagos (ndr: el saldo del intercambio total de divisas) no va a ser la misma por la devaluación, lo mismo que la cantidad de dólares que compra la gente. Sin embargo, es cierto que estamos a pocos meses de entrar en modo electoral, cuando siempre, absolutamente siempre, eso significó un retiro de fondos”, anticipó Buteler.

“Es muy preocupante tanto el panorama actual como el futuro, porque no parece que se vaya a revertir y porque a eso se va a sumar, más allá de que haya entrada de divisas producto de una mejor cosecha, el factor electoral, que siempre produce una dolarización de carteras que va a llegar pronto”, añadió.

“La fuga no se va a frenar en los próximos meses en un contexto preelectoral”, coincidió Kestelboim, aunque se mostró más pesimista respecto del saldo total de divisas, por vía comercial y de servicios. “Tampoco se va a revertir el desequilibrio de cuenta corriente. Solo podrá reducirse parcialmente y no será suficiente el ingreso de capitales por exportaciones primarias”, auguró.

Según estimó, “la política pública es contraproducente respecto al desarrollo productivo y eso implica menos capacidad de autoabastecimiento y, por lo tanto, mayor dependencia externa. En consecuencia, el tipo de cambio de equilibrio deberá subir más en este modelo, se seguirán perdiendo reservas y no se podrá alcanzar la estabilidad requerida para que la economía se recupere en 2019”.

“En los últimos doce meses, entre fuga y déficit de cuenta corriente, el desequilibrio fue de 67.000 millones de dólares”, recordó. “Una mayor cosecha, en el mejor de los casos, aportaría 10.000 millones adicionales. La devaluación puede reducir el desequilibrio externo, pero no como para equilibrar la enorme diferencia de unos 57.000 millones de dólares”, completó.

Un dato especialmente negativo es que el acuerdo con el Fondo falla, por segunda vez, en recrear la confianza en la solvencia de la Argentina. No por nada el riesgo país bajó algo desde los casi 800 puntos que había alcanzado, pero solamente para estacionarse bien por encima de los 650, nivel que hace inviable un el financiamiento mínimamente responsable para Estado, provincias y empresas.

En ese sentido, Buteler señaló que “encima, ni siquiera van a estar entrando dólares financieros. Fijate lo que pasa con las Letes: anuncian que renuevan el 100%, pero el día que las pagan, las reservas bajan 300 o 400 millones de dólares. Eso ocurre porque los inversores las suscriben en pesos y las retiran en dólares, que además se los llevan y entonces salen de las reservas. Por eso siempre sostengo que eso, con una suscripción en pesos, no se puede considerar una renovación: es una venta de dólares a futuro, con entrega del físico a, digamos, seis o siete meses”.

La paz cambiaria que logró el titular del BCRA, Guido Sandleris, es una buena noticia, pero no resulta acompañada por otras variables financieras, justo cuando el país está por entrar al túnel del año electoral.

El gobierno de Macri parece condenado a la zozobra hasta su minuto final.

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