Los militares afianzan su poder y ya condicionan la economía de Bolsonaro

Las decisiones sobre la conformación de su gabinete y las primeras definiciones políticas de Jair Bolsonaro como presidente electo ponen de manifiesto el enorme poder que tendrá a partir de su asunción, el próximo 1 de enero, el llamado “partido militar” en Brasil. En efecto, comandantes del Ejército, sobre todo, muestran sin pudor un fuerte activismo y le ponen límites a lo que consideran excesos de liberalismo del hombre fuerte del equipo económico, el futuro superministro Paulo Guedes.

Si hay que aclarar… El jefe saliente del Ejército, general Eduardo Villas Bôas, señaló en una entrevista reciente con Folha de São Paulo que “estamos tratando con mucho cuidado la interpretación de que la elección de él (Bolsonaro) representa una vuelta de los militares al poder”.

Lo mismo salió a aclarar el futuro ministro de Defensa, Fernando Azevedo e Silva, general de reserva, quien le dijo a O Estado de São Paulo que no cree que haya un riesgo de politización de las Fuerzas Armadas y aseguró que estas estarán “apartadas de la política”.

Sin embargo, cada paso parece denotar lo contrario. En la entrevista mencionada, Villas Bôas reconoció haber actuado “al límite” el 3 de abril ultimo, cuando le envió vía Twitter una suerte de ultimátum al Supremo Tribunal Federal para que no diera lugar al pedido de habeas corpus de Luiz Inácio Lula da Silva, quien entró efectivamente en prisión cuatro días más tarde.

Villas Bôas aseguró, asimismo, que la “gravedad” del auge delictivo en el país hace que el problema de la “seguridad pública ya se transforme en una cuestión de seguridad nacional”. “Naturalmente, de acuerdo con lo que prevé la Constitución, los militares inexorablemente tendrán que participar de ese esfuerzo nacional”, ponderó.

Asimismo, reveló haber mantenido conversaciones con Bolsonaro acerca cuál debería ser el perfil de los ministros de Defensa y de Relaciones Exteriores, así como sobre la conveniencia de que uno de los principales asesores militares de este último, el general Augusto Heleno, se hiciera cargo del Gabinete de Seguridad Institucional.

En lo que hace al nombramiento del titular de Defensa, Bolsonaro desoyó la recomendación de Villas Bôas de colocar un civil, esto es alguien neutral entre las tres fuerzas, y volvió a apoyarse en el Ejército al optar por Azevedo e Silva. La designación, de hecho, causó malestar en las otras dos armas, según reveló la prensa brasileña, que deberá volver a acostumbrarse a indagar en las internas castrenses para poder comprender cabalmente la nueva dinámica política de Brasilia.

“Es visible que la distribución de poder descansa sobre todo en el Ejército; las otras fuerzas resultan más periféricas”, le dijo a Ámbito Financiero Creomar de Souza, analista político y profesor de la Universidad Católica de Brasilia.

“Como Bolsonaro y su partido (Social Liberal) no tienen suficientes cuadros para ocupar todos los cargos de la maquinaria administrativa, muy probablemente vamos a ver en los próximos días y semanas un número aún mayor de militares ocupando cargos de muchísima responsabilidad”, agregó.

Ámbito Financiero publicó antes de la primera vuelta detalles sobre el involucramiento de la cúpula castrense en la campaña de Bolsonaro, fruto de un proceso de cuatro años en el que esta lo armó como candidato, limó las aristas más invendibles de su personalidad, lo convenció de llevar adelante una ofensiva en pos de una participación activa de las Fuerzas Armadas en la vida pública y hasta lo llevó cambiar sus viejas posturas económicamente nacionalistas por otras liberales, aunque algo distantes de las más radicales de Guedes.

“Bolsonaro y su núcleo político, formado por los pentecostales y otros grupos, no tienen un proyecto de Brasil. Sí tenían uno, muy bien confeccionado, para sacar al Partido de los Trabajadores del poder, pero no uno verdaderamente de país, que terminó siendo elaborado por los militares”, explicó De Souza.

Los focos de tensión entre los generales del “grupo Brasilia” que rodean al electo y el otro polo de poder en su entorno, el de los “Chicago boys” de Guedes, pasan por dos áreas: ajuste del gasto y privatizaciones.

Sin embargo, ninguna de las dos cosas debe ser entendida como un rechazo a las tesis liberales. Al contrario, estas están aseguradas en el credo de la “nueva democracia” que abrazan hoy los oficiales. La diferencia radica en que los recortes deben ser para todas las áreas menos para defensa y que las privatizaciones, aún resultando muy amplias, deben tener el límite de lo que aquellos consideran activos estratégicos, básicamente una parte del negocio energético.

“Los recortes (presupuestarios) y de mejora de la maquinaria administrativa que busca imponer Paulo Guedes no tocarán a los militares. Así ya lo dijeron el propio Bolsonaro y su vice, el general (Hamilton) Mourão. Guedes tendrá esa limitación en sus planes para poner en orden las cuentas públicas del país”, explicó el analista.

“Hay una voluntad del próximo presidente de que los militares no sigan sufriendo las restricciones presupuestarias que experimentaron en los últimos años”, agregó.

En ese sentido, cabe consignar las idas y vueltas que tuvieron en las últimas semanas los planes del futuro superministro para privatizar Petrobras. Los mismos pasaron de ser anunciados claramente en la campaña, a ser desmentidos por el propio Bolsonaro tras la segunda vuelta del 28 de octubre, para ser finalmente precisados esta semana.

El titular designado de la estatal, el economista Roberto Castello Branco, cercano a Guedes, acató el arbitraje de Bolsonaro y confirmó ayer que se “venderá lo que tenga que ser vendido” para llevar a Petrobras al estatus de “una empresa estatal seria, productiva, con inversión clave en el petróleo submarino”, esto en el upstream.

El ejemplo a seguir, dijo, es la chilena Codelco. El resto, la refinación y distribución, el downstream, será transferido a empresas privadas.

Con el resto, Guedes podrá avanzar. Por eso se apresuró ayer a anunciar la creación de una Secretaría de Privatizaciones, encargada de acelerar todo lo posible el proceso que debe generar el dinero necesario para reducir la abultada deuda pública, lo que considera la mayor amenaza al futuro de Brasil.

El economista es otro que deberá hacerse pronto un experto en las internas militares. De entenderlas y saber encauzarlas dependerán su suerte y la fe del mercado financiero en el próximo Gobierno.

(Nota publicada en Ámbito Financiero).

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