Argentina y Brasil, ante un cambio fundamental en su relación

Las declaraciones de Paulo Guedes sobre la Argentina y el Mercosur, en el sentido de que no serán prioridad para el próximo Gobierno de Brasil, sembraron zozobra en la administración de Mauricio Macri. Las disculpas que aquel ensayó de inmediato atendieron más a las formas de lo dicho que al fondo, por lo que en la Cancillería argentina se activaron los reflejos para repensar una relación que, se entiende por fin, podría cambiar.

Lo de Guedes no fue un exabrupto sino la expresión, al más alto nivel del nuevo poder en Brasil, de una percepción con raíces profundas en la alta industria y en los mercados financieros: con el Mercosur no alcanza y el país necesita abrirse más al mundo para hacer más competitiva y eficiente su economía.

Lo curioso es que en Buenos Aires se comparte el diagnóstico y existe también voluntad para abrir al bloque en nuevos acuerdos comerciales. Las negociaciones con la Unión Europea siguen empantanadas y hay otras cuatro en marcha, un saldo que se entiende como insuficiente.

Es tanto lo que está en juego para la industria argentina, sobre todo en el sensible sector automotriz, que Macri, a pesar de su vocación por una apertura multilateral, “a la chilena”, se cuidó de no romper el Mercosur. Dependerá ahora de los acuerdos que se cierre con los nuevos ocupantes del palacio del Planalto para que se encuentre el modo de dinamizarlo y desburocratizarlo. La timidez en avanzar antes hace que hoy parezca reaccionando ante iniciativas ajenas.

Sin embargo, la idea de terminar con el Mercosur como una unión aduanera imperfecta y tornarlo una simple zona de libre comercio está desde hace un tiempo sobre la mesa: Macri revocar la resolución 32/00 del bloque, que impone que las negociaciones comerciales se realicen en conjunto, y diplomáticos argentinos ya plantearon la cuestión a sus pares de la región a nivel de equipos técnicos. De la respuesta de Brasilia puede depender una definición.

Por lo pronto, el país se impone ahora, en plena crisis económica y a las puertas de un año electoral clave, varias tareas sensibles. El equilibrio fiscal es lo urgente en la agenda oficial, pero la apertura y una reducción de la presión tributaria no demorarán demasiado… si el actual proyecto de Gobierno se revalida en las urnas.

Ya antes de Bolsonaro, con Michel Temer, Brasil inició el camino de las reformas estructurales, que en unos años podrían permitirle bajar fuertemente sus costos laborales e impositivos. La Argentina no advirtió ese movimiento y se sobresalta ahora por las afirmaciones de Guedes. Si Brasil avanza unilateralmente en su integración al mundo, en pocos años podría verse como una socia entre varias del país hermano, sin que sus empresas puedan disfrutar ya de la actual reserva de mercado.

El camino solo sería hacia adelante.

(Nota publicada en InfoRel).

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