Un RCP a la economía: el Banco Central, a punto de salir a comprar dólares

El dólar mayorista cotizó este lunes apenas por encima del piso de la “zona de no intervención”, fijado en $35,40, lo que lleva a muchos economistas a entrever un escenario novedoso para el mercado cambiario: la posibilidad de que el Banco Central salga a comprar divisas para sostener la cotización. Además de ese, que sería el objetivo más obvio de la nueva postura, impensada en los momentos más críticos de la corrida contra el peso desatada entre abril y septiembre, asoma otra meta: inyectar pesos en una economía que se está cayendo más que lo temido.

Este lunes fue una rueda tranquila porque en Estados Unidos no hubo tanta operatoria y se vio un mercado con poco volumen. Pero la hora de la verdad no está lejos.

De hecho, no es necesario que el dólar caiga para que su cotización toque el fondo de la banda elástica de Guido Sandleris: bastaría con que la actualización del 3% intermensual de su techo y su piso supere, incluso, una tendencia alcista de la divisa.

Al Fondo Monetario Internacional (FMI) no agrada la intervención cambiaria, pero las autoridades argentinas lograron en la renegociación del crédito Stand-by aprobada el mes pasado que les autorice un cierto margen de acción. Es decir que no hay obligación del Central de sostener la divisa sino que tiene ahora la facultad de hacerlo.

Leandro Ziccarelli, coordinador del Observatorio Monetario-Financiero del Centro de Economía Política Argentina (CEPA) le dijo a Letra P que “el FMI no ve con buenos ojos que se compren reservas. Por eso fue el propio Gobierno el que se limitó a comprar 150 millones por día como máximo, un tope que todos pensábamos que solo existía para los momentos en que vendía”.

“Eso explica también el aumento de los encajes a las líneas de financiamiento de los bancos” anunciada la semana pasada, que obliga a las entidades a dejar inmovilizada parte de los dólares que captan en el exterior para realizar inversiones de corto plazo en pesos. “Así busca quitar presión a la apreciación (del peso) para no intervenir. El problema es que por el momento no le alcanza”, añadió.

Dada la posible inminencia de una novedosa postura compradora el Central, cabe preguntarse cuáles serían sus objetivos.

El primero es evitar que el dólar se siga “pinchando”, conforme los inversores locales y extranjeros sigan encontrando que las súper tasas de interés les aseguran ganancias de corto plazo en dólares, lo que mantendría girando la conocida bicicleta financiera. El problema para la economía real no sería tanto de pérdida de la competitividad lograda con dolor con la devaluación del peso, dado que aquella fue realmente brutal. El inconveniente es que el sacrificio termine resultando vano, ya que la depreciación del peso disparó un grave proceso inflacionario y que, ahora, con el billete verde ubicado más abajo, los precios no vuelven para atrás.

El segundo objetivo del Central pasaría por aplicarle a una economía en caída libre una suerte de reanimación cardiopulmonar (RCP) con esos pesos que inyecte al comprar dólares.

Consultado por Letra P, el analista financiero Christian Buteler se preguntó “qué va a hacer el Banco Central con esos pesos, algo que no está claro. ¿Los van a dejar en el mercado o los van a retirar? Lo primero, con una inflación tan alta como la que todavía tenemos, sería un poco peligroso, pero eso no está claro por ahora”. “Mi opinión es que sería un error que el Central compre dólares”, añadió.

De acuerdo con lo firmado con el FMI, esos pesos no se consideran a la hora de evaluar si el país cumplió o no con la promesa de crecimiento cero de la base monetaria, por lo que la alternativa de que se los esterilice parece poco probable.

Ziccarelli discrepó. “El Banco Central podría comprar dólares y dejar los pesos para ver si eso le quita presión a la economía. Lo mejor sería que compre reservas, acumularlas y no esterilizar, esperando entonces que esos pesos bajen las tasas por sí mismos”, dijo.

Amílcar Collante, economista del CeSur, aportó otro punto de vista a favor de la intervención. “Lo que el Central tiene que ganar es credibilidad. Si estableció un método de bandas de flotación e indicó en el acuerdo con el FMI que iba a intervenir cuando cayera al nivel inferior, debería cumplirlo”.

“Debería intervenir, expandir en pesos y hacerse de reservas. Pero es cierto que eso implicaría suspender transitoriamente el objetivo de que no crezca la base monetaria”, matizó.

En tercer lugar aparece también la intención del BCRA de precaverse de un rebrote de la corrida cambiaria, especialmente en el 2019 electoral, con inversores que ya se preguntan si Mauricio Macri será reelecto o no y si, en esta última eventualidad, será reemplazado por un peronista “racional” o por alguna versión del kirchnerismo al que le temen.

“En lo que hace a las reservas, el goteo sigue. Caen por la realización de pagos y, en menor medida, por desarme de encajes. Esto último se da, por ejemplo, cuando alguien tiene un depósito en dólares y tiene que pagar un compromiso en el exterior: entones desarma ese depósito y manda la plata afuera. En las reservas figuraba el 24% de encaje de ese depósito como reserva. Cuando se produce ese desarme, el Banco Central devuelve el encaje y desaparece de las reservas brutas, que es el dato que vemos todos los días”, estimó Ziccarelli.

Para Buteler, “las reservas siguen cayendo porque seguimos en el mismo contexto. Tener un mes de estabilidad del tipo de cambio o que, incluso, el dólar haya bajado no significa haber dado vuelta la balanza comercial ni la de turismo, o que cuando vencen Letes (Letras del Tesoro) no se termine en los días posteriores perdiendo reservas. Lo único que se calmó fue el tipo de cambio, pero la desconfianza hacia la Argentina sigue y el balance entre el ingreso y la salida de dólares en todo concepto sigue siendo deficitario, más allá de los días puntuales en los que entrar créditos” como los del FMI y abultar de golpe, mediante ingresos extraordinarios, las tenencias del BCRA.

De hecho, Sandleris parece tentado a acumular reservas. A los más de 24.000 millones de dólares que el país debe recibir del FMI hasta marzo, justo antes de que empiece la temporada alta de los sojadólares, acaba de ampliar en el equivalente a 8.700 millones el swap (intercambio de monedas) con China. La compra de dólares en el mercado también serviría a ese fin.

Aldo Abram, director ejecutivo de la fundación Libertad y Progreso, trabaja con la hipótesis de un 2019 de fuerte salida de capitales, un clásico de todos los procesos preelectorales pero recargado en esta coyuntura especial.

“¿Quién va a querer quedarse en pesos a ver qué pasa en las elecciones? Cualquier cosa que desate una mayor percepción de riesgo va a generar una corrida. El tipo de cambio va a volver a subir”, dijo en el programa Pablo y a la Bolsa de FM Milenium.

(Nota publicada en Letra P).

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