Macri, Bolsonaro y el futuro del Mercosur: ¿apertura controlada o ruptura?

El Gobierno recibió con alivio dos gestos de Jair Bolsonaro, quien con toda probabilidad se convertirá este domingo en el presidente electo de Brasil: por un lado, su llamado a Mauricio Macri, que dejó en evidencia la voluntad de construir una relación personal cercana; por el otro, sus seguridades de que no pretende romper con el Mercosur.

“No se puede hacer volar el Mercosur. Vamos a buscar la manera de comerciar con toda América del Sur, pero sin sesgos ideológicos”, aseveró el ex militar, que lidera las encuestas para el balotaje del domingo por 17 puntos, insistiendo en su crítica central al funcionamiento que el bloque tuvo en los años de Luiz Inácio Lula da Silva, Dilma Rousseff, Néstor y Cristina Kirchner.

“Bolsonaro ya hizo declaraciones diciendo que no tiene intención de irse (del bloque). Por eso, hoy no parece que la idea de negociar (acuerdos comerciales con otras partes) en bloque vaya a cambiar, ni siquiera desde Brasil”, le dijo una fuente oficial estrechamente vinculada a la temática a Letra P. Sin embargo, la cautela persiste: “Si pasa otra cosa, veremos, pero eso hoy no parece un escenario probable”.

Hay razones para la prudencia. Pese a que está en crisis desde hace años, el futuro del Mercosur no fue un tema de campaña y, si la visión del petista Fernando Haddad es la de un retorno a las fuentes, la de Bolsonaro ha sido, hasta aquella escueta definición, toda una incógnita. Más cuando asesores importantes del derechista insisten con la idea de “una revisión” de alcances inciertos.

El entorno del candidato del Partido Social Liberal (PSL) es pequeño, pero no por eso está exento de internas crudas. Una es la que se vincula con el nombre del próximo canciller: ¿provendrá de Itamaraty, como es la norma, o del círculo íntimo del ex paracaidista? Si se da lo segundo, un nombre que hay que seguir es el del diputado electo Luiz Philippe de Orléans e Bragança, quien acaba de hablar de llevar adelante “una revisión del Mercosur para verificar si atiende a su objetivo inicial: fomentar el libre comercio en la región”. Además, si “eso se está se materializando o no y si es en beneficio del país desde el punto de vista financiero, económico y político”, añadió.

En caso contrario, el descendiente del Pedro II, último emperador de Brasil, dijo que su país podría romper y “salir del contexto multilateral para ir a uno bilateral”, por ejemplo, firmando acuerdos tanto con la Argentina como con Paraguay y Uruguay. Con Venezuela, el trámite debería ser, en su opinión, más expeditivo: “Sacar a (Nicolás) Maduro del poder”. Y el proceso para el ingreso de Bolivia debería quedar en la nada, ya que considera al gobierno de Evo Morales “una dictadura”.

No está claro que el “príncipe” vaya a convertirse en aquello lo que se postula, pero su caso ilustra la interna existente en la mesa chica del bolsonarismo, que, an alguna medida, no es otra que la que ha sido tradicional en todos los gobiernos brasileños desde los años 90: la puja entre liberales y desarrollistas. Los primeros se alinean detrás del economista de Chicago Paulo Guedes, virtual súper ministro económico de Bolsonaro, si este gana el domingo. Los segundos, detrás del “grupo Brasilia” de militares que lo asesoran, varios de los cuales también estarían en su gabinete. Pero esto merece alguna consideración.

Esos militares, en efecto, no son desarrollistas a la vieja usanza sino que se pliegan a la doctrina de la “nueva democracia” de las Fuerzas Armadas que cogobernarían con Bolsonaro: conservadurismo político y liberalismo económico. La cuestión es que este último tiene algunos asteriscos ausentes en el programa ultra liberal de Guedes, como la resistencia a la privatización de empresas consideradas “estratégicas”, como Petrobras y Eletrobras.

La puja, en definitiva, no se da solo en el cenáculo; es este el que, en definitiva, reproduce una que está instalada desde hace tiempo en la comunidad de negocios del país.

La Federación de Industrias del Estado de San Pablo (FIESP) es la organización más poderosa del sector. Asociadas al sector financiero, sus empresas afiliadas persiguen desde hace mucho el objetivo de romper el Mercosur tal como se lo conoce, haciéndolo pasar de la actual unión aduanera (imperfecta) a una mera zona de libre comercio. Eso haría de la Argentina un socio más entre varios, al permitirle a Brasil negociar pactos con otros países y bloques con las manos desatadas y a ellas, competir en las grandes ligas, tarea para la que, por porte, se sienten maduras.

Sin embargo, las federaciones de los otros 25 estados brasileños y del Distrito Federal no piensan igual; para ellas, el Mercosur es una garantía de cierta protección frente a compañías de China, Estados Unidos y la Unión Europea, por ejemplo. Son menores que la FIESP, pero sumadas le hacen claramente de contrapeso en la Confederación Nacional de la Industria (la UIA argentina). Existe un empate programático y de poder dentro de la poderosa comunidad industrial de Brasil, nunca desmantelada desde los años 60 debido a que ese país no ha conocido procesos de economía liberal como los de la Argentina.

“La visión de los sectores industriales de Brasil es que una apertura comercial es necesaria, pero que tiene que estar condicionada a contrapartidas de los nuevos socios. No puede ser una apertura aislada, unilateral”, le dijo a Letra P una fuente calificada de esa organización. “Respaldamos las promesas de privatización de Guedes y de Bolsonaro porque sabemos que el sector público no está en condiciones de llevar adelante las grandes inversiones que Brasil precisa, pero tenemos cierta desconfianza cuando escuchamos hablar de aperturas radicales”.

“Nadie habló del Mercosur en la campaña, pero la CNI está muy involucrada con el proyecto del Mercosur”, dijo la fuente industrial.  “Para nosotros es un reaseguro en nuestra crítica a una apertura unilateral”, agregó.

Mientras esperan la definición electoral y aceitan los contactos con el más que probable vencedor, en el gobierno argentino abren el paraguas. “Si van a proponer flexibilizar el bloque, dinamizarlo, superar la burocracia normativa y terminar con ciertas barreras paraarancelarias que se fueron acumulando con los años, está bien. Felices lo analizaremos”, le dijeron a este medio.

Esa confianza se ampara en que hoy ningún miembro del Mercosur se opone a negociar nuevos acuerdos. Venezuela, se sabe, está suspendida por el incumplimiento de sus compromisos de adecuar su normativa interna, el subterfugio formal que se encontró para separar del grupo al gobierno chavista.

“Argentina está encarando desde el Mercosur negociaciones con la Unión Europea, con Singapur, con Corea del Sur, con Canadá y con la EFTA”, la Asociación Europea de Libre Comercio, compuesta por Suiza, Noruega, Islandia y Liechtenstein, dijo la fuente oficial. “Pretendemos seguir en ese camino”, añadió.

Además, explicó, “los países del Mercosur tienen la potestad para negociar bilateralmente con países de organismos anteriores a la confirmación del bloque, básicamente con los de la ALADI (Asociación Latinoamericana de Integración). O, si no, negociar algunos temas puntuales, como hicimos en el tema automotor con Colombia”.

En efecto, la Argentina acordó con Bogotá en abril del año pasado aplicar arancel cero a las ventas de autor con un cupo de 42 mil vehículos a cuatro años. Y Brasil acaba de finalizar seis meses de tratativas con Chile para profundizar la integración bilateral.

Brasil es el principal mercado para las exportaciones industriales argentinas y, a la vez, el Mercosur permite gestionar, con ciertas salvaguardas, una política de apertura. Macri lo sabe. Por eso, apenas asumió Michel Temer en Brasil hace algo más de dos años, rápidamente enfrió el ímpetu rupturista del entonces canciller brasileño José Serra.

¿Qué facción del capital industrial brasileño logrará entornar mejor a Bolsonaro? ¿Renacerá esa vieja tensión ni bien se cierren las urnas este domingo? Mientras espera respuestas, la Argentina espera.

(Nota publicada en Letra P).

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