La ola amarilla

BRASILIA (Enviado Especial) El resonante triunfo de Jair Bolsonaro en la primera vuelta electoral del domingo supone el retorno del Brasil conservador y militarista, que se creía ausente desde el final de la dictadura en 1985. De su mano, un sector hasta ahora inorgánico y basado en pequeños partidos ubicados al margen del sistema puso patas para arriba todo el entramado institucional del país, dislocando las relaciones de fuerzas tradicionales en el Congreso y en los estados y promoviendo a figuras hasta ahora casi desconocidas.

Por lo pronto, Bolsonaro sumó 49,25 millones de votos y se impuso en 17 de los 26 estados brasileños, además del Distrito Federal de Brasilia, especialmente en el sudeste rico, mientras que solo nueve del postergado Nordeste y Norte quedaron en manos de Fernando Haddad, quien será su rival el domingo 28. En el restante, Ceará, ganó su caudillo histórico, el ahora laborista Ciro Gomes.

Los encuestadores y analistas, en tanto, esperaban que el Congreso experimentara pocos cambios, pero la ola amarilla los desmintió. En efecto, la renovación fue mayor que la calculada, haciendo que muchos postulantes mencionados en la operación Lava Jato perdieran ante rivales menos conocidos pero sin “ficha sucia”. Así, emerge un legislativo más fragmentado que el anterior, algo que dificultará la formación de alianzas. A no ser que, como espera hacer Bolsonaro si es elegido presidente, directamente se pase por encima de los liderazgos de esos grupos y se logre formar una base aliada que rompa con las fronteras partidarias habituales.

Fuente: Folha de Sao Paulo.

DIPUTADOS. En ese sentido, en la nueva Cámara de Diputados de 513 miembros que entrará en funciones en febrero próximo, un mes después de la asunción del nuevo presidente, la principal bancada será la del Partido de los Trabajadores (PT). Sin embargo, esta contará con apenas 56 miembros (apenas el 11% del total), diez menos que los que eligió hace cuatro años y cinco menos que los que conserva en la conformación que está por vencer.

Segunda será, ¿cómo no?, la del Partido Social Cristiano (PSC) de Bolsonaro, que pasará de sus ocho diputados actuales (había elegido apenas uno en 2014 y el resto se sumó más tarde) a 52.

Luego vienen el derechista Partido Progresista (sic) con 37, el Movimiento Democrático Brasileño (MDB), del presidente saliente Michel Temer, con 34 y el Partido Social Democrático (PSD) también con 34, todos de derecha.

Como se observa, hay bastante más del centro hacia la derecha que hacia la izquierda. Signo de los tiempos.

El tsunami Bolsonaro se cebó especialmente en los partidos tradicionales de la derecha política, a cuyas expensas creció. Así, el MDB, reputado por años como el partido más grande de Brasil, fue el que más retrocedió, ya que había sacado 66 diputados hace cuatro años, cuando era el segundo grupo más numeroso.

Otro caso dramático es el del Partido Social Democracia Brasileña (PSDB), que pasó de ser la tercera bancada en los comicios de hace cuatro años, con 54 electos, a la novena en la próxima. Tendrá apenas 29 legisladores y sentirá cerca el peligro de la extinción si Bolsonaro confirma su victoria y su proyecto de poder.

SENADO. Si en la cámara baja habrá un récord de 30 partidos representados, en el Senado, de 81 miembros y que se renovó en dos tercios, también primará la fragmentación: habrá allí 20 grupos políticos diferentes.

El MDB seguirá siendo el principal sector, con entre 8 y 12 senadores, según arroje el escrutinio definitivo, aunque caerá desde los 18 actuales. El PSDB también puede contar con 8 a 12 senadores, también a la baja.

Los derechistas Demócratas (DEM) y PP, así como el PT tendrán 6 y el PSL de Bolsonaro crecerá hasta 5.

ESTADOS. El caso de las gobernaciones de los 26 estados y el Distrito Federal de Brasilia es más complejo, ya que en esos comicios rige la misma regla de mayoría absoluta o balotaje que en los presidenciales. Con todo, el domingo ya resultaron elegidos doce jefes estaduales. El Partido de los Trabajadores y el otrora poderoso MDB fueron los principales derrotados y la “ola Bolsonaro” logró meter en segundo turno a candidatos hasta ahora poco conocidos de partidos como el suyo, el PSL (Santa Catarina), o afines como el Partido Novo (en Minas Gerais).

La de Minas, segundo colegio electoral de Brasil con 10,65% del censo, fue la derrota más sentida por el PT. Allí, el gobernador Fernando Pimentel quedó fuera del segundo turno que disputarán el PSDB y el pro bolsonarista Partido Novo. Además, allí naufragó la esperanza de Dilma Rousseff de convertirse en senadora y lograr una suerte de revancha política.

El Partido de los Trabajadores, atrincherado en el Nordeste, deberá conformarse con haber retenido las gobernaciones de Bahia, Ceará y Piauí, mientras que peleará en balotaje en Rio Grande do Norte.

FIGURAS EMERGENTES. El voto conservador fue especialmente fuerte en San Pablo y Río de Janeiro.

En el primero, mayor colegio electoral de Brasil con 22,4% del padrón, un hijo de “El Capitán”, Eduardo Bolsonaro, de 34 años, fue el diputado federal más votado de la historia del estado, con 1,8 millones de sufragios.

En Río, Flávio Bolsonaro, de 37 años, fue el senador federal más votado de la historia del estado, con más de 4 millones de votos.

Además, la abogada Janaína Paschoal, autora del pedido de impeachment que terminó con el gobierno de Dilma Rousseff, miembro también del PSL y quien había sonado como posible vice de “El Mito”, se convirtió en el miembro más votado para la legislatura fluminense de la historia, cosechando más de 2 millones de votos.

(Nota publicada en Letra P).

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