Argentina 2019: sucesor rengo o Macri con un tiro en cada pie

Poco antes de que Nicolás Dujovne se internara el martes en el IADT con dolores en el pecho, afortunadamente una falsa alarma, la directora gerenta del Fondo Monetario Internacional, Christine Lagarde, había sorprendido al Gobierno con declaraciones al Financial Times que parecían proyectar dudas sobre la pretensión oficial de una rápida renegociación del acuerdo firmado en junio en busca del financiamiento suficiente para despejar la amenaza de un default en el 2019 electoral. “Si el presidente (Mauricio) Macri incluye reformas serias en su plan, entonces lo veremos, evaluaremos el impacto en la situación macroeconómica de Argentina, determinaremos la sostenibilidad de la deuda y trabajaremos con ellos”, señaló. ¿Cómo? ¿No se suponía que el nuevo entendimiento era solo cuestión de que los funcionarios argentinos ajustaran detalles técnicos con el staff del FMI? ¿Peligra el financiamiento? ¿De qué habla Lagarde cuando alude a “reformas serias”? ¿Será Mauricio Macri quien deba aplicarlas, cuesten lo que cuesten en términos electorales, o será su sucesor?

El que pide, concede. Perimidas las discusiones sobre si el FMI es una entidad nueva y más sensible o la de siempre, con sus condicionalidades conocidas, emerge, ante el nuevo reclamo argentino de auxilio, la agenda de habitual de las reformas estructurales, básicamente previsional y laboral, ítems ya mencionados en el entendimiento de junio. Y la mirada ingenua de que el apoyo de Donald Trump bastaba la destrabar la cuestión cede ante la constatación de una organización compleja en la que otros actores nacionales pueden dificultar los contactos.

No por nada el Presidente llamó este miércoles a la canciller alemana, Angela Merkel, quien, según se anunció oficialmente, “manifestó su apoyo al proceso de reformas que está llevando a cabo la Argentina y, en particular, a las negociaciones de nuestro país con el Fondo Monetario Internacional”.

Estados Unidos es decisivo en el Fondo, en el sentido de que nada de lo que se haga puede ir contra sus intereses. Pero su peso en las votaciones el del 16,52%, mientras que el de Alemania es del 5,32%, el de Francia es del 4,03% y el de Japón, por caso, es del 6,15%. No hay allí un poder omnímodo y el lobby debe hacerse en varias capitales a la vez, incluso en algunas más sensibles a los fundamentals económicos que a la geopolítca.

El analista financiero Christian Buteler estimó en diálogo con Letra P que “las declaraciones de Lagarde son normales, no salen de lo formal. Sin embargo, no debe ser fácil explicar por qué a dos o tres meses de la firma del primer acuerdo ya hay que cambiarlo. Al directorio del FMI eso no le va a agradar”.

Para el especialista, la renegociación en pos de un nuevo entendimiento no peligra. “No creo que un nuevo acuerdo con esté verde y todo indica que avanza desde el viaje de Dujovne a Estados Unidos. El FMI va a seguir apoyando a la Argentina. De mínima, vamos a tener lo ya pactado (ndr: desembolsos de 3.000 millones de dólares de este mes y otro tanto de diciembre) y, de máxima, probablemente un refuerzo y el adelantamiento de los fondos para calmar al mercado y asegurar que de acá a 2020 los vencimientos de deuda van a estar cubiertos”, dijo.

Federico Furiase, director de Eco Go, en tanto, dijo que “los 3.000 millones de dólares que tienen que llegar este mes creo que están. Lo que se está negociando son nuevos términos para adelantar los desembolsos de 2020 y 2021 o, en todo caso, para ampliar los fondos del acuerdo”, recordó.

Martín Alfie, economista jefe de Radar Consultora, señaló, consultado por este portal, que “el ala política del Fondo, con Lagarde a la cabeza, apoya fervientemente al Gobierno, pero el tema es el directorio, que debe tener varios reparos a prestar debido a los malos resultados de estos meses”.

El coordinador del Observatorio Monetario-Financiero del CEPA, Leandro Ziccarelli, ofreció una mirada alternativa. Observó, como sus colegas, que hay apoyo político al proyecto de Cambiemos, pero puso también el foco en el mediano plazo político-electoral y también en la situación actual del FMI.

“Hay apoyo de Trump, pero para mí eso es secundario, porque Macri en un año puede no estar más y el Fondo puso en la Argentina el 25% de su capital flotante: no está diversificado y su le defaulteamos nosotros, listo. Es obvio que nunca se va a fundir, pero su apuesta con Argentina es muy fuerte”, indicó.

“Creo que el acuerdo va a estar, pero el FMI va a evaluar varias cosas. Una, el ajuste fiscal que propone el Gobierno a la luz de los nuevos números de crecimiento e inflación y en términos de su viabilidad política. En relación con esto, que se haga vía retenciones ayuda y la foto de Macri con gobernadores, también. Pero, además, por la sobrerreacción del tipo de cambio y la caída de la actividad, verá cómo queda el ratio deuda-PBI, es decir la sostenibilidad de la deuda en este contexto en el que, a diferencia de la situación en junio, vamos hacia más recesión, más inflación y un dólar más alto. Todo esto tiene impacto en el ejercicio de sostenibilidad de la deuda, sobre todo cuando la mayor parte de la que flota en el mercado está en dólares”, señaló Furiase.

Es sabido que el Gobierno decidió financiar su política fiscal gradualista sobreendeudando al país en los últimos dos años y medio, sin pensar que el mercado podría cerrarle la puerta sin aviso y que el atraso cambiario acumulado en un período de ingreso de dólares financieros estallaría de pronto, modificando drásticamente el perfil de una deuda que, de baja, pasa a ser muy elevada en términos de PBI.

El Observatorio de la Deuda Externa de la UMET, que dirige el economista Arnaldo Bocco,  calcula que para fines de 2019, con un dólar estimado en $45, el nivel estimado de deuda sobre PBI se disparará a un 111%, una proporción verdaderamente preocupante.

“Estamos en medio de una crisis, con una recesión muy fuerte y caída del salario real, pero, a diferencia de lo que pasó en 2001, hay dos factores que juegan a favor: la ayuda del Fondo Monetario a Macri, que creo que se va a mantener aunque sea con nuevas condiciones, y le hecho de que no hay descalce de monedas en los bancos, a los que esta vez la devaluación no les genera un  problema sistémico”, aseveró Furiase.

“Nuevas condiciones”, dijo el economista de Eco Go. Ese es el nudo del asunto.

Si lo que estará en revisión es la forma en la que la Argentina asegurará en los próximos años el cumplimiento de sus obligaciones, la clave es el ajuste fiscal y, para hacerlo permanente, las reformas estructurales, que seguramente van a merecer más que una mención en el texto del próximo Stand-by.

“El FMI está pidiendo algunas reformas más profundas, como la laboral y la del sistema de pensiones. Nada nuevo bajo el sol y, de hecho, ya estaba en el acuerdo. Pero probablemente pida ahora que se vaya más profundamente, que se garantice algo en ese sentido”, señaló Fausto Spotorno, director de Orlando J. Ferreres y Asociados en diálogo con Letra P.

Según Gustavo Reija, director de Mecronomic, “los dichos de Lagarde apuntan a un tema que está desplazado de la agenda diaria, pero que es esencial para la sostenibilidad de la economía argentina: la necesidad de reformas estructurales en el ámbito laboral, impositivo y previsional. La urgencia financiera ha desplazado del escenario la agenda de mediano plazo y esto es perjudicial para Argentina”.

“Aun suponiendo un aval del Fondo al nuevo plan, eso solo aseguraría cierta calma financiera, pero la posibilidad de iniciar un camino de crecimiento sostenido pasa por otros ejes, ausentes hoy en la agenda”, estimó.

Hasta ahora no se habló en serio de reformas estructurales, pero, de acuerdo con Alfie, “está claro que el FMI tiene una visión crítica de la economía argentina, léase: poca apertura comercial, poca flexibilidad del mercado laboral, elevado nivel de impuestos, etcétera. Cuanto más dependamos de ellos, más probabilidad hay de que el reclamo de esas reformas aparezca en el menú”.

La cuestión es que ni al Fondo ni a los estrategas políticos de Macri se les puede escapar que son nulas las posibilidades de hacer pasar por el Congreso en un año electoral una flexibilización de las relaciones laborales o, digamos, una elevación de la edad para jubilarse o un recorte de las prestaciones.

Hay que tener en cuenta que el Stand-by original, el del julio, ponía a disposición de la Argentina 50.000 millones de dólares a tres años, 21.000 millones de los cuales estaban previstos para este año. Los restantes 29.000 millones de dólares, de tipo precautorio, se repartían entre 2019, 2020 y 2021, pero el Gobierno pide ahora que se los anticipe para asegurar el pago de la deuda del año próximo. Si el acuerdo no se amplía en términos de financiamiento total (habrá que trabajar duramente para convencer al directorio de eso), la pregunta es con qué dinero atenderá el país sus compromisos en el primer tramo del próximo gobierno si no logra retomar antes el acceso a los mercados voluntarios de deuda.

Es probable, entonces, que las reformas estructurales tengan en el texto renegociado una presencia mayor y que constituyan todo un cepo para el propio Macri, si resulta reelecto, o para quien sea su sucesor. La disyuntiva sería default o reformas. Menuda herencia que limitará severamente el margen de maniobra del próximo gobierno.

Ya se sabe: con el Fondo, todas las películas tienen el mismo comienzo y el mismo final.

(Nota publicada en Letra P).

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