Lula resigna su candidatura y consagra a Haddad: arde la campaña en Brasil

A menos de un mes de la primera vuelta de la elección presidencial en Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva se dispone a oficializar este martes la renuncia a su candidatura presidencial y a coronar a Fernando Haddad, hasta ahora candidato a vice, como su heredero. La noticia confirma una larga presunción pero implica una revolución en la campaña electoral, en la que ahora deberá confirmarse si el potencial de transferencia de votos del ex presidente hacia su delfín es suficiente para colocar a este en el segundo turno del 28 de octubre.

Una carta dirigida por Lula a la militancia del Partido de los Trabajadores fue el preanuncio de la movida. “Mi voz es la voz de Haddad”, decía a pocas horas de que venciera, este martes a las 19 horas, el plazo dado por el Tribunal Superior Electoral (TSE), la máxima instancia de la justicia electoral brasileña, para que el PT modificara su fórmula para la primera vuelta del 7 del mes que viene.

Lula quedó preso de una ley que él mismo promulgó en 2010, meses antes de abandonar el poder, para dar garantías a un electorado dubitativo por los escándalos de corrupción que habían rodeado a su gobierno de votar por Dilma Rousseff. Se trató de la llamada ley de “ficha limpia”, que declara no elegibles para cargos electivos a los ciudadanos que tengan una condena en segunda instancia. Desde abril, Lula cumple una condena de cámara a 12 años y un mes de prisión por corrupción pasiva y lavado de dinero en relación con un tríplex supuestamente otorgado a su familia por la constructora OAS como contraprestación a contratos con Petrobras. El caso está pendiente de apelación, pero Lula queda enmarcado electoralmente en esa norma restrictiva.

La decisión de Lula, tomada tras varias reuniones con sus abogados y con el propio Haddad en el penal de Curitiba en el que se encuentra detenido y avalada por unanimidad por la cúpula del PT, pone fin a los recursos legales con los que intentó, infructuosamente, revertir su inhabilitación. Sin embargo, el final era tan cantado que es posible entender que la pelea jurídica era, realmente, una política y que le permitía instalar en la opinión pública el favoritismo que le otorgaban todas las encuestas de intención de voto para, presentándose en última instancia como un proscripto, maximizar la transferencia de votos a Haddad.

Este, de 55 años, fue ministro de Educación de Lula y de Dilma y alcalde de San Pablo entre 2012 y 2016. De perfil académico (es abogado, economista y doctor en Filosofía) e impronta ideológica moderada, le permitiría al PT asegurarse una base interesante de votos en ese colegio electoral, el más importante de Brasil, y sumarla a los que la agrupación de izquierda tiene asegurados en el Nordeste, donde sacó de la pobreza a millones de personas durante sus gestiones.

De hecho, incluso antes de la oficialización, Haddad recibió una buena noticia el lunes a la noche con la difusión de la última encuesta de Datafolha: su intención de voto saltó del 4 al 9%, quedando en un empate técnico con el socialista Ciro Gomes (13%), con la ambientalista Marina Silva (11%) y con el conservador Geraldo Alckmin (10%).

Todos ellos quedaron debajo del ultraderechista Jair Bolsonaro, quien pasó solamente del 22 al 25% y mantuvo un elevado nivel de rechazo del 43% a pesar de haber sufrido un conmocionante atentado hace pocos días.

Esas novedades y el potencial de crecimiento de Haddad, quien tendrá como compañera de fórmula a la comunista Manuela D’Avila, son hechos negativos para el mercado financiero, lo que este martes se reflejó en un incremento del dólar y en una caída de las acciones en la Bolsa de San Pablo. Por un lado, porque Haddad podría llegar al segundo turno de la mano del carisma de Lula y porque otro izquierdista, Gomes, se presenta cada vez más competitivo en un escenario de fuerte fragmentación de la intención de voto. Pero, además, porque Alckmin, su preferido, no despega a pesar de contar con más minutos que ninguno en los espacios de propaganda en televisión. Y, por último, porque el propio Bolsonaro, que convence a una parte de la comunidad de negocios con sus promesas de libre mercado de nuevo cuño, tampoco sacó el partido esperado del ataque que sufrió.

Se abre ahora una nueva y frenética campaña, verdaderamente corta, que definirá el destino de Brasil y, por qué no, si la política sudamericana vira nuevamente a la izquierda o se recuesta cada vez más a la derecha.

Para Lula, la oportunidad de volver a poner al PT en un segundo turno es grande. De acuerdo con Datafolha, un escenario de balotaje entre Haddad y Bolsonaro arroja 39 a 38% a favor del primero, dentro, claro, del margen de error. Sin embargo, el viento puede soplar a favor de Haddad debido al diferencial notable de rechazo que hay entre ambos.

Pocas veces el futuro se presenta abierto tan de par en par.

(Nota publicada en letra P).

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