Lebac y dólar: Caputo pone a prueba en el “supermartes” su plan de máximo riesgo

Valiente. Audaz. Arriesgado. Estos fueron los adjetivos con los que economistas y traders de referencia calificaron las decisiones del lunes del Banco Central una vez que la confusión inicial cedió y emergieron razones y cálculos. Con ellas, la temida “bola de nieve de las Lebac” parece tener un pronto final, pero los riesgos involucrados en la maniobra, sobre todo en materia de dólar, explican las diferencias de matiz de las definiciones escuchadas por Letra P tras una jornada de vértigo.

Dichas decisiones fueron, en realidad, cuatro, pero la primera, en rigor, correspondió al Ministerio de Hacienda. Según esta, el Tesoro dejó sin efecto su subasta diaria de dólares a cuenta del 50% de los 15.000 millones del primer tramo entregado por el Fondo Monetario Internacional. La misma había comenzado con la oferta al mercado de 100 millones diarios, luego se redujo a 75 millones a comienzos de mes y, una semana más tarde, a 50 millones. Desde ahora desaparece.

La razón debe encontrarse en que lo que queda de esos 7.500 millones de dólares no debe seguir dilapidándose. Para el Fondo, por su inclinación a proteger esos fondos y a que el dólar vuele hasta donde tenga que volar para restaurar el equilibrio de las cuentas externas; de hecho, su finalidad original no era calmar la demanda de billetes verdes sino que se los destinara al financiamiento del Gobierno. En tanto, para Nicolás Dujovne, porque el plan financiero del año tiene cubiertas las necesidades de pesos y ya no hace falta acudir al mercado en su búsqueda entregando divisas.

Las restantes decisiones sí fueron de Luis Caputo. Una, la última en anunciarse, pero que para el análisis conviene introducir en este punto, fue la de subastar a partir de este martes 500 millones de dólares por día, “o 600 o 700”, según dijo su titular, para abastecer al mercado y evitar que la corrida contra el peso arrecie. Ocurre que el anuncio inicial de Hacienda había sido interpretado, erróneamente, como una suerte de cepo o limitación para la adquisición privada de dólares y, por otro lado, como un vía libre para la cotización. Esta, en efecto, se fue más arriba de lo que ya estaba en una rueda tensa y el Central debió entonces salir a asegurar que el mercado seguiría estando líquido. La comunicación original de Hacienda fue tan inconveniente que esa cartera debió enviar no una sino dos y hasta tres veces una aclaración por correo electrónico a los periodistas acerca de la inexistencia de ninguna modalidad de cepo.

Para completar los tropiezos, esos anuncios se hicieron en plena rueda financiera y no al finalizar la misma, como es de rigor, para evitar sobresaltos en los que algunos ganan mucho y otros, inevitablemente, lo pierden.

LAS LEBAC, EN LA MIRA. Las dos restantes determinaciones del Banco Central forman parte de un mismo plan.

Una, la de llevar del 40 al 45% la tasa de política monetaria y mantenerla ahí al menos hasta octubre, fue un modo de seguir ofreciendo incentivos fuertes para quienes quieran mantener sus inversiones en pesos y no sumarse a la estampida dolarizadora.

De la mano de lo anterior, Caputo pergeñó un esquema para desmontar la acumulación de Lebac, el “regalo” envenenado que Federico Sturzenegger le dejó al Gobierno de Mauricio Macri y al país. Una calamidad de un billón de pesos a tasas estratosféricas y cortísimo plazo.

El programa con el Fondo tenía previsto, de hecho, ese objetivo de desarme. Como se recuerda, el Tesoro debía emitir deuda en el mercado local, con esos pesos rescatar las Letras Intransferibles entregadas al Banco Central en tiempos de Cristina Kirchner y este, a su vez, usar el dinero para recomprar las Lebac. Con un gobierno cada vez más imposibilitado de captar recursos, ese plan no pasó de las intenciones.

Caputo entonces fue por más y convenció al FMI, cuya misión técnica acaba de llegar al país para la primera revisión del plan en vigor, de que le permita echar mano a las reservas para salir de un brete que, cree, está envenenando toda la economía. Si bien el uso de las reservas no le agrada al organismo, el desarme de las Lebac es un tema que tenía en la mira incluso mucho antes de que el Gobierno le golpeara la puerta en busca de ayuda, según le contaron a Letra P economistas que fueron contactados tiempo atrás, en busca de opiniones, por técnicos del Fondo abocados al caso argentino.

El FMI pensó su paquete de ayuda de 50.000 millones de dólares como un modo infalible para que el país recobrara la confianza de los inversores, con la idea de que el dinero se usara lo menos posible y sirviera para que la Argentina pudiera volver a financiarse en los mercados voluntarios de deuda. Lo que pasó es conocido: la bala de plata voló con destino incierto, el dólar siguió rebelde y los bonos se desploman cada día más, llevando ya el riesgo país a un nuevo récord en la era de Mauricio Macri de 748 puntos, una marca meramente estadística a la que ni siquiera los desesperados se endeudan.

EL MECANISMO. El plan para desarmar la bomba de las Lebac se pondrá en marcha de inmediato y durará hasta fin de año, cuando debería caer al suelo la espada de Damocles que pende sobre el país.

Este mismo martes vencen Letras por $528.000 millones, algo más de la mitad del stock total. De esa cifra, se estima, en números gruesos, que $200.000 millones están en poder de bancos, unos $280.000 millones en manos de tenedores privados (individuos, fondos de inversión, empresas y algún extranjero distraído que haya quedado enganchado) y unos $50.000 millones intra Estado, básicamente en poder de la ANSES.

Los bancos, desde ahora, estarán impedidos de quedarse con esos instrumentos y, a cambio, recibirán Notas del Banco Central (Nobac) a un año o Letras de Liquidez (Leliq) a siete días. Las Lebac, en este caso, solo cambiarán de nombre.

El plan de Caputo consiste en ofrecer en renovación Letras por $230.000 millones. Eliminadas las tenencias de los bancos, su idea es, entonces, ir restando, mes a mes, $100.000 millones al stock.

Ese remanente deberá volcarse a otras alternativas de inversión, imagina, desde plazos fijos hasta Letras del Tesoro (Letes) en pesos o dólares. ¿Pero qué harán en realidad los tenedores que no renueven?

“Mi consejo a los clientes es dolarizarse. Si alguno tiene espalda y valentía para mantenerse en pesos, le diría que no deje ahí más del 15% de su cartera. El resto hay que dolarizarlo, en un 90% comprando Letes en dólares en el mercado secundario, que al final no es más que comprar dólar futuro más una tasa de interés, y el 10% restante, directamente billetes”, le dijo a este portal un asesor de inversiones.

Para un economista de primera línea de la City, “hay vuelos directos a Miami y hay otros que te llevan pero que primero hacen escala en Santiago de Chile. Miami es el dólar billete y Santiago, las Letes. Al final todos los pasajeros terminan en Miami”.

CUENTAS DE ALMACENERO. Si, según el plan Caputo, este martes van a quedar dando vueltas $100.000 millones, varias preguntas caen por su propio peso. ¿Cuánto irá a plazos fijos? ¿Cuánto a las Letes en pesos que se emitirán? ¿Cuánto a Letes en dólares que circulan en el mercado secundario? En definitiva, ¿que proporción de ese dinero será cambiado por dólares contantes y sonantes, presionando más sobre la cotización?

Los mencionados $100.000 millones equivalen, al cambio del lunes, a unos  3.300 millones de dólares potenciales de las reservas del Banco Central. Y Caputo planea ofrecer, cada día, “apenas” 500 millones de dólares, equivalentes a unos $15.300 millones. Además, en un mes, la historia se repetirá.

RIESGOS… ¿CALCULADOS? “No sé en qué cálculo se basó Toto (Caputo) para tirarse a la pileta con esto. Uno supone que hablaron con alguien, que se trata de un riesgo calculado, pero quiero verlo. La verdad es que es algo muy audaz”, le dijo un economista consultor de empresas a Letra P.

En efecto, los peligros, si la jugada sale mal, son grandes.

Uno, que efectivamente, los plazos fijos y las Letes en pesos no atraigan y que el grueso del dinero que quedará flotando termine en dólares físicos a partir de este miércoles, cuando el pago de las Lebac no renovadas se acredite en las cuentas de sus titulares. En ese caso, la turbulencia cambiaria “permanente” dejará de ser una ironía en forma de oxímoron para transformarse en realidad en la Macondo nacional.

Así las cosas, cabe pensar si la posibilidad de que el tipo de cambio se siga disparando es algo que, a esta altura, el Gobierno y el FMI temen o, secretamente, buscan. Cuanto más alto esté el dólar, más barata resultará, en términos de reservas, la recompra de las Lebac en pesos licuados.

Con todo, tampoco se puede estar seguro de que esa sea la intención, ya que, si eso ocurriera, sería un albur dónde terminará la inflación del año, que hasta la semana pasada se proyectaba en torno al límite tolerado por el FMI del 32%. En ese sentido, ¿cuánto más perderían los salarios y el consumo la carrera contra los precios? ¿Cuánto demorará la economía en encontrar su piso y, luego, en rebotar? ¿Se producirá el prodigio de que la recuperación llegue a tiempo para las aspiraciones electorales de Cambiemos? Es mucho lo que está en juego.

En segundo lugar, si, en el fondo, la idea pasa porque las Lebac de cortísimo plazo sean reemplazadas en las carteras de los inversores por Letes en dólares de corto plazo, no más de un año, ¿el Gobierno y el Banco Central ponderan debidamente el riesgo de reemplazar una bola de nieve por otra, que impondrá vencimientos del orden de los 2.000 millones de dólares por mes en lo sucesivo? El alivio del plazo no solo es relativo sino que, además, queda neutralizado por el riesgo (para el Estado) del cambio de moneda. Mal que mal, el Central puede emitir pesos que, aunque devaluados, le permitan honrar las deudas de las Lebac. Pero la Argentina no imprime dólares y, de hecho, estos resultan cada vez más difíciles de conseguir.

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Tercero, ¿es posible que la venta de reservas para sostener el mecanismo anti Lebac estimada por Caputo en unos 7.000 millones de dólares, genere una acentuación de la desconfianza, en la que la caída de su nivel termine por empinar más el riesgo país y alejar, en paralelo, el retorno a los mercados voluntarios ?

El plan, entre audaz y temerario, se pondrá en marcha este mismo martes. Solo el tiempo dirá si el trader Caputo le está evitando a la Argentina la crisis grave que doctor Sturzenegger dejó latente o si, simplemente, cambiará un desastre por una calamidad.

(Nota publicada en Letra P).

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