Lula eligió como vice y virtual heredero a Fernando Haddad, exalcalde de San Pablo

La cercanía del plazo del miércoles 15, límite para la inscripción de candidatos para las elecciones de octubre, forzó al Partido de los Trabajadores a oficializar su fórmula presidencial.

Pese a su permanencia en prisión, que la encabece Luiz Inácio Lula da Silva no es novedad, tal la porfía de la izquierda brasileña que, a esta altura, parece más destinada a lograr su liberación que a imponerlo como candidato. Lo importante es la elección de su número dos, el exalcalde de San Pablo Fernando Haddad.

El Tribunal Superior Electoral (TSE) da a los partidos un mes para eventuales sustituciones, lo que convierte al 17 de septiembre en el día en que el PT podría, si todo se desarrolla como se espera, terminar de asumir la inviabilidad del proyecto Lula 3.0.

El cautiverio del expresidente podría culminar ni bien el Supremo Tribunal Federal trate la legalidad de su propia jurisprudencia creativa, por la que las penas de prisión pueden comenzar a purgarse tras un fallo de segunda instancia y no cuando hay sentencia firme, como dice realmente la Constitución. Eso podría darse a partir del mes que viene, cuando el juez PT-friendly Dias Toffoli asuma la presidencia del STF y se decida a poner el tema en la pauta, cosa a la que se opone terminantemente la actual jefa de esa corte, Cármen Lúcia Antunes Rocha. Pero el cepo a la candidatura de Lula es un daño autoinfligido.

Cuando estaba por dejar el poder en manos de Dilma Rousseff allá por 2010, Lula no tenía su caída en desgracia ni siquiera como hipótesis remota. Por eso decidió enfrentar el escándalo por la reiteración de denuncias de corrupción apoyando una iniciativa popular que llegó al Congreso en forma de proyecto de ley, tendiente a inhabilitar políticamente a los ciudadanos que tengan condena en segunda instancia por delitos contra la administración pública. Obediente, el PT apoyó con ardor el texto y Lula lo promulgó, pero eso hoy lo puede condenar, sin importar que aun desde la cárcel siga encabezando todas las encuestas.

El PT anunció el domingo a la noche la fórmula Lula da Silva-Fernando Haddad. Así las cosas, es factible que este termine siendo el candidato de la izquierda si Lula, como se espera, queda fuera de carrera.

Además, aprobó una alianza con el Partido Comunista de Brasil (PCdoB), que en pos de ello declinó la precandidatura presidencial de la diputada Manuela D’Ávila. Esta podría convertirse en candidata a vicepresidenta en el plan B.

Ahora bien, ¿por qué Haddad, si este marcha muy atrás en las encuestas, con una intención de voto no mayor al 3%?

En primer lugar, porque es uno de los pocos dirigentes nacionales del PT que no se vio arrasado por la operación Lava Jato, lo que no es poco decir.

Segundo, porque esa baja intención de voto es subsidiaria de los 30 puntos que Lula sigue manteniendo para la primera vuelta del 7 de octubre. Sin embargo, dado que quien marcha segundo es el ultraderechista Jair Bolsonaro, con niveles de apoyo menores al 20%, y que la mayoría de los otros competidores tampoco llega a los dos dígitos, la apuesta es que una eventual orden de Lula a sus seguidores de votar por su heredero le permita a Haddad escalar lo suficiente como para asegurarse un lugar en el segundo turno del 28 de ese mes. Y si, además, el rival es Bolsonaro, que provoca terror en buena parte de la sociedad, ¿por qué no soñar con una suerte aun mejor? Estos son los sueños del establishment petista, pero se sabe que las transfusiones de carisma son complejas. Por lo pronto, el proceso ya está en marcha con el sostenimiento de la postulación del jefe, lo que eleva el perfil de su garante.

En tercer lugar, Haddad se ha mostrado leal a aquel, haciendo visible su respaldo antes y después de su arresto en abril.

Cuarto, conserva un respaldo no mayoritario pero sí considerable en San Pablo, el principal colegio electoral de Brasil, algo así como la provincia de Buenos Aires para la Argentina. Dar pelea allí, calculan los estrategas de la izquierda, es fundamental, ya que el bastión del PT en el nordeste pobre puede considerarse un territorio más fiel, aun sin que un candidato de esa procedencia opere como gancho.

Como se ve, sobran los motivos para que Fernando Haddad sea el plan B del PT, ese que aún no se reconoce en voz alta en un partido que enarbola la candidatura de Lula “hasta las últimas consecuencias”, como dijo su titular, Gleisi Hoffmann.

Con todo, la figura del exalcalde paulistano despierta algunas resistencias. Esto es así porque se lo considera un moderado, mala palabra para el ala radical de la izquierda. Pero eso no podría ser de otro modo, ya que el electorado paulista es en promedio conservador, por lo que la izquierda no puede recorrer allí el camino del maximalismo.

Suele decir que hay que dialogar con el empresariado, aunque dentro de este distingue a los sectores modernos de los “irrecuperables”, los que apoyaron la conspiración contra Dilma Rousseff en 2016 y hoy ven como natural la postulación de Bolsonaro. Además, dice, al revés de Lula, que las reformas laboral y de congelamiento del gasto público impuestas por Michel Temer deben ser “revisadas” pero no derogadas.

Asimismo, hace autocrítica por el atraso del precio de la nafta en la gestión de Dilma Rousseff, que desalentó las inversiones, y por el desequilibrio fiscal que esta acumuló. Y hasta abre la puerta para discutir la madre de todas las reformas: la previsional.

El perfil de Haddad, de 55 años, es tanto el de un académico como el de un político. Abogado, máster en Economía y doctor en Filosofía, hoy da clases de Política en la Universidad de San Pablo. Fue, por otro lado, ministro de Educación de Lula y de Dilma entre 2005 y 2012, y alcalde de la mayor ciudad de Brasil entre 2013 y 2016. Su gestión no pasará a la historia, aunque se le reconocen avances en transporte.

Bien desde abajo, en las encuestas y en la propia lista, ahora inicia su aventura presidencial. El camino será muy difícil para él, pero ni los éxitos ni los fracasos están asegurados en el loco Brasil de estos tiempos.

(Nota publicada en Ámbito Financiero).

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