Economistas ponen en duda el deseo oficial de una recesión breve

 

Primero fue la sequía. Luego, de modo mucho más potente, la corrida contra el peso de abril-junio, en buena medida producto de las políticas oficiales. El resultado es la caída de la economía en un pozo profundo, como expusieron por primera vez el martes los resultados del Estimador Mensual de la Actividad Económica (EMAE) de mayo, que registraron un derrumbe interanual del 5,8%, el peor indicador de la era de Cambiemos. Así las cosas, el desvelo del Gobierno pasa porque la recesión sea lo más breve posible, de modo de que el rebote le permita llegar con aire a las elecciones de octubre del año que viene. ¿Simple voluntarismo o posibilidad concreta?

Economistas de diferentes tendencias consultados por Letra P trazaron diferentes escenarios. Los pronósticos más cercanos a las tesis oficiales vienen condicionados por la necesidad de que se encadene una serie de hechos virtuosos para la economía, algo que dista de estar asegurado. Los más adversos, en tanto, auguran una retracción prolongada, cuyo efecto político sería un fuerte debilitamiento de las candidaturas macristas en octubre del año próximo. En todos los casos lo que predomina son las dudas.

Matías Carugatti, economista de Management & Fit, le dijo a Letra P que “los datos del EMAE fueron peores que lo anticipado y reflejaron varias cosas. Primero, el impacto de la sequía, tanto de forma directa como indirecta. Segundo, los problemas en Brasil, como la huelga de los camioneros, que pegaron sobre la industria y el transporte. Tercero, el incipiente impacto de la devaluación. Los dos primeros factores van a mitigarse a corto plazo, pero el tercero se va a intensificar. Y, peor aún, va a potenciarse con una política económica procíclica de ajuste fiscal más apretón monetario. Por eso prevemos un nivel de actividad tocando fondo hacia fines de este año, para luego comenzar a recuperarse”.

“El Gobierno estima una fase recesiva más corta, de apenas dos trimestres. Para ello hay que ser muy optimistas respecto al desempeño del agro -si bien la cosecha de trigo promete buenos resultados- y de exportaciones no agrícolas dinámicas -algo que también podría ocurrir-, pero, fundamentalmente, de una caída breve y superficial del consumo privado. Con la aceleración de la inflación, y aun considerando que habrá estímulos al consumo, como los créditos Argenta, el Ahora 12, etcétera, este último supuesto es el más difícil de aceptar”, continuó.

Federico Furiase, director de Eco Go, sumó ítems a las condiciones del escenario soñado por Mauricio Macri, Nicolás Dujovne y Luis Caputo. “Para nosotros, la recesión se va a extender durante el segundo trimestre, con una caída fuerte de alrededor del 3%, y durante el tercero, cuando se debería desacelerar. En el cuarto, la economía debería comenzar a recuperarse”.

Y en ese punto detalló el listado de condiciones. “Lo que tiene que pasar es que el Banco Central encuentre margen para empezar a bajar la tasa de interés y darle algo de oxígeno al canal del crédito, cuidándose de no gatillar una nueva corrida cambiaria. Para eso, va a ser necesario que el Gobierno genere confianza en el mercado en cuanto a la viabilidad política del ajuste fiscal y monetario comprometido con el FMI y que la relativa estabilidad cambiaria se traduzca en una baja del riesgo país y en una baja de las expectativas de devaluación. Eso, junto con alguna reapertura de paritarias y los dólares del trigo, permitiría dejar atrás la recesión hacia el cuarto trimestre”.

En la misma línea, Fausto Spotorno, de Orlando J. Ferreres y Asociados, le dijo a este portal que “nosotros estimamos que (el ciclo) va a ser tipo ‘U’”. No habló de “V”, lo que supondría un rebote rápido, ni de una “L”, en las que este se demora sine die. Así, “creemos que la recesión va a durar unos nueve meses y que la recuperación debería comenzar hacia febrero o marzo, tal vez”, explicó.

Gabriel Zelpo, economista jefe de Elypsis, optó por la cautela. “Todavía no se puede aventurar nada, porque lo que ocurra va a depender de que vuelva la confianza, lo que se pondrá en evidencia en la evolución del riesgo país”.

“La economía necesita dólares para que se pueda seguir financiando el programa porque, si bien se produjo un ajuste (por la devaluación de peso), la necesidad de divisas no es cero. Ahora, si no los conseguimos, el ajuste (cambiario) seguirá hasta que se llegue a esa necesidad cero”, advirtió.

El contexto internacional, cómo no, también va a influir en el futuro del país. En diálogo con Letra P, Christian Buteler dijo que cualquier cálculo optimista supone que no rebrote la crisis financiera, de génesis externa pero se en el caso argentino se agravó como en ningún otro país por los desequilibrios de la economía local.

“La recesión va a durar, mínimamente, hasta fin de año y el segundo semestre va a ser muy duro, porque el clima internacional tampoco ayuda mucho. Además hay sectores que todavía no muestran la caída que efectivamente van a tener, como la construcción y el mercado inmobiliario, que van a sufrir por el resentimiento de la obra pública, que es lo más fácil de recortar en un escenario como el actual, pero también de la privada y porque se paró el crédito”, señaló.

“Es imposible medir la profundidad que pueda llegar  a tener esta recesión, porque eso depende de muchos factores, tanto climáticos, con lo mucho que la sequía le pegó al nivel de actividad, como externos, como lo que pueda ocurrir en los mercados internacionales con un eventual intento de salida de capitales de países emergentes o la posibilidad de que la Argentina vuelva a conseguir o no financiamiento para evitar un recorte mayor del gasto”, insistió Buteler.

Para el economista y analista financiero, “el Gobierno tiene que dar el mensaje de que la recesión va a ser corta, no puede hacer otra cosa, pero la realidad es que no se sabe si será así. Los números (del EMAE) que acabamos de ver se van a repetir porque son consecuencia de una devaluación tan brusca como la que tuvimos. Hay gente que cree que una devaluación es la solución a todos los problemas, pero está visto qué tipo de contraindicaciones tienen ese tipo de salidas, que terminan pegando fuerte en la actividad”.

El economista del Centro de Estudios Económicos del Sur (CeSur) Amílcar Collante introdujo otro punto interesante: más allá de la duración de la recesión, cabe poner la lupa en cuál será, cuando sea que se produzca, la intensidad de la recuperación.

“Es prematuro decir cuánto va a durar; lo cierto es que vamos a tener dos trimestres de caída como mínimo. El tema es si el arranque de 2019 tendrá brotes verdes. Supuestamente, la actividad agrícola, si no hay sequía de nuevo, va a rebotar, pero, por otro lado, vamos a tener un recorte del gasto en obra pública y queda por verse cuánto impulso pueda tener el consumo”, le dijo a Letra P. “Si hay recuperación, será muy tibia. Para 2019, las consultoras estiman, en promedio, un crecimiento del 1,5%”, cerró.

A mayor distancia ideológica con el Gobierno, mayores dudas. Martín Alfie, economista jefe de Radar Consultora, estimó que “va a ser una recesión larga, porque si la sequía fue el primer impacto, ahora se empieza a sentir el efecto del salto del tipo de cambio, que generó una aceleración de la inflación y una caída del poder adquisitivo y del consumo”.

Alfie hizo un poco de historia para poner en cuestión el optimismo oficial. “Se puede establecer una comparación con lo que ocurrió después de los episodios devaluatorios recientes. Después de la de 2014, la economía cayó cuatro trimestres, y en 2016, (después de la salida del ‘cepo’) tres. En este caso, además, hay que sumar un contexto de ajuste fiscal, lo que elimina la posibilidad de la realización de políticas contracíclicas que ayuden a frenar la caída”.

Así las cosas, ¿por qué debería producirse un rebote a comienzos de 2019?

En efecto, “no se ven muchos escenarios de reactivación para lo que queda del año y tampoco para 2019. Las perspectivas son negativas”, aseveró.

El Gobierno, con todo, en vez de crisis o de recesión habla de “tormenta” para dar la idea de un episodio intenso peo pasajero, que además no es producto de sus propias acciones sino, básicamente, exógeno y fortuito. Más allá de lo discutible de la afirmación, que busca moldear las percepciones sociales sobre la actual emergencia, cabe analizar el argumento de que  la economía venía bien y que, si cayó, fue por el impacto de la sequía y devaluación. En esa línea, ¿por qué no pensar que bastaría que se diluyan esos dos factores para que las cosas vuelvan a su cauce?

Alfie responde: “Ocurre que la economía ‘venía bien’ porque sobraban dólares (financieros). Y ahora no solamente no sobran, sino que faltan”. He ahí una restricción estructural para pensar el día después.

Más pesimista es la ex ministra de Economía de la provincia de Buenos Aires Silvina Batakis. Al analizar, además de la coyuntura, el conjunto de las políticas en curso, a ella le cuesta todavía entrever el final de este ciclo negativo.

“Uno puede prever que va a venir una crisis por las políticas que se aplican y por sus efectos, y de hecho los economistas que integramos el Partido Justicialista de la provincia de Buenos Aires ya desde junio de 2016, cuando emitimos un primer documento, decíamos que esto era insustentable económica, financiera y socialmente. Ahora, el final de la recesión, el cambio de ciclo, es impredecible”, le dijo a Letra P.

“Hay que tener en cuenta que no se observa que vayan a aplicar políticas para que esta recesión finalice. Además, si los precios internacionales de los productos de exportación siguen como hasta ahora, si Brasil sigue sin despegar, ¿porque habría de haber un cambio? Entonces, lo que veo es un empeoramiento paulatino”, finalizó.

(Nota publicada en Letra P).

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