Los ansiolíticos de Caputo: la enfermedad después del remedio

Desde que asumió la conducción del Banco Central en reemplazo de Federico Sturzenegger, el ex ministro de Finanzas Luis Caputo se fijó un objetivo urgente: estabilizar la cotización del dólar, cuya escalada considera “tóxica”. Ni bien se concrete eso, apurará la reducción de las tasas de interés para evitar que la recesión que se avecina sea demasiado profunda. Pero primero lo primero. Y lleva tiempo.

En los dos días iniciales de esta semana clave, el dólar operó en baja, pero se equivoca quien dé por terminada la pulseada, cuyo final demandará muchas más ruedas de tensión.

Para lograr esa paz precaria, Caputo preparó un cóctel fuerte de aumento de encajes (el dinero que los bancos deben tener inmovilizado como garantía para los depósitos), un modo de retirar hasta $60.000 millones del mercado; convalidación de tasas de interés del 65% en el mercado secundario de las Letras del Banco Central (Lebac); y emisión de Letras del Tesoro (Lete) en dólares, que podrán suscribirse tanto en la divisa estadounidense como en pesos y en Letras del Banco Central (Lebac).

“En respuesta a la solicitud de potenciales participantes y en virtud de los tiempos acotados para su implementación, el Ministerio de Hacienda anuncia que se extenderá la recepción de órdenes para la licitación de Letras del Tesoro en Dólares Estadounidenses con vencimiento el 26 de julio de 2019 hasta las 15 horas del próximo día jueves 5 de julio”, dijo este martes un comunicado de la cartera que conduce Nicolás Dujovne, en plena sintonía con los planes de “Toto”.

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INTERVENCIÓN AMIGABLE. El tipo de intervención que se está practicando está lejos de molestar a los analistas y los operadores.

“El mercado exige medidas que clarifiquen y que den definiciones ante esta crisis de confianza, porque lo que está pesando tanto en las carteras no es el riesgo emergente en general sino el argentino. El problema es nuestro. Creo que se está tratando de armar ese tipo de respuesta, pero la confianza es algo que se pierde rápido y que recuperar tarda bastante”, señaló Sabrina Corujo, directora de Portfolio Personal.

Para Amílcar Collante, economista del CeSur, “lo que se está haciendo, de hecho, está encorsetado por el acuerdo con el Fondo Monetario Internacional. Solo hay disponibles 2.000 millones de dólares para hacer intervención cambiaria este mes, porque el Fondo exige que (con parte del dinero que giró) aumenten las reservas netas. En síntesis, el poder de intervención hoy es más acotado que antes”.

CUESTIÓN DE RESULTADOS. La efectividad de las acciones del Central solo puede evaluarse por sus primeros efectos, necesariamente de cortísimo plazo.

En ese sentido, Collante consideró “que las medidas parecen tener efecto; por eso el dólar mayorista está en torno a los $28. Igual hay que ver la dinámica día a día. No se puede cantar victoria por un solo día”. “Que la tasa de interés de las Lebac cortas por encima del 50% marca cuál es el costo de frenar al tipo de cambio”, siguió.

En diálogo con Letra P, el economista jefe de Elypsis, Gabriel Zelpo, señaló que “son medidas temporales que no son suficientes para solucionar la crisis cambiaria. Logran una calma transitoria, ¡lo que no es poco!”.

“La calma de la corrida cambiaria se va a lograr cuando recuperemos la confianza de los mercados internacionales, porque incluso con la depreciación y con el acuerdo del FMI nos siguen faltando dólares para cerrar todas nuestras necesidades, que incluyen, servicios, principalmente el turismo al exterior; compra de bienes, como autos; pago de intereses; envío de utilidades. Para eso necesitamos que el Gobierno nacional, los provinciales y las empresas vuelvan a colocar (deuda) en el mercado internacional”, indicó.

Gustavo Neffa, socio y director de Research for Traders, dijo que “la emisión de Letes sirve y va en la dirección correcta pero no es suficiente para frenar el tipo de cambio. Hay que usar una batería de medidas”.

De acuerdo con Neffa, “el tipo de cambio refleja los deseos y los temores del inversores, sobre todo de los extranjeros, porque estas medidas apuntan sobre todo a ellos, para que dejen de comprar dólares y repatriarlos. De hecho, a pesar de los recientes desarmes de posiciones, ellos tienen todavía Lebacs equivalentes a unos 4.000 millones de dólares”.

¿Pero qué piden esos inversores como prueba de amor? “Un ajuste, que el Gobierno hasta acá había hecho a cuentagotas. Los ajustes que no hacen los gobiernos, los terminan haciendo los mercados, por lo que siempre es mejor encararlos con políticas en serio”, respondió.

El analista financiero Christian Buteler opinó que “lo que se está haciendo no me parece mal, pero en un sentido es más de lo mismo: subir tasas, tocar encajes… medidas que ya fueron utilizadas y que no dieron resultados. Creo que lo que hay que hacer es vender los dólares que sean necesarios para calmar esta situación. Si bien eso significa perder reservas, la inestabilidad que provoca la suba del dólar que hemos tenido tiene costos mucho más grandes que eso”.

UN NUEVO ENFOQUE. Los instrumentos usados en  la nueva estrategia son los conocidos pero, en el plano de la teoría económica, esta combinación representa toda una novedad con respecto a lo hecho por Sturzenegger.

El economista jefe de Radar Consultora, Martín Alfie, le explicó a Letra P que “hay un cambio de enfoque. Están apostando a secar la plaza lo más posible. Es un enfoque mucho más monetarista, que llamamos de ‘control de agregados’”.

“No es el sistema de metas de inflación tradicional”, como el que usó el anterior titular del BCRA, explicó Alfie. “Es otro esquema. Si controlás agregados, no podes controlar la tasa directamente. Y viceversa. Por eso, subir encajes es que haya menos plata en circulación. A eso hay que sumarle el canje de Lebac por Lete, que busca darle al inversor una forma de dolarizarse sin entregar billetes a cambio, lo que evita que se pierdan reservas”, añadió.

De acuerdo con este economista, “no sé si las medidas son suficientes, pero sí que son distintas. Hoy hay que cortar la sangría y eso es lo que están buscando. Los daños colaterales ya sabemos que son muchos”.

EFECTOS SECUNDARIOS. Neffa cita una de esas contraindicaciones. “El aumento de los encajes apunta a secar la plaza para que haya menos recursos disponibles para pasar a dólares. El problema es el efecto recesivo, aunque ya estamos en recesión: Esto ya se ve con la caída de las ventas de autos, por ejemplo, o con la decisión de los bancos y financieras de dejar de descontar cheques, algo que hoy es prohibitivo con tasas del 50%. Ahora van a empezar a venir todos los datos malos juntos”.

Desde otra perspectiva ideológica, Mariano Kestelboim, economista de la Universidad Nacional de Avellaneda, coincidió. “Estamos ante medidas muy duras contra la producción nacional y contra cualquier emprendimiento productivo, pero especialmente en contra de las pequeñas y medianas empresas, que tienen más dificultades para acceder al crédito. La brusca suba de encajes va a hacer que las tasas de interés sean mucho más altas e incluso que haya racionamiento del crédito en contra de las pymes”, dijo.

Por otro lado, Buteler explica que, como se anticipó tantas veces, “estamos viviendo la explosión de las Lebac, cuyo problema se iba a desatar cuando los inversores no las quisieran renovar para pasarse a dólares. Eso es lo que pasó y el dólar saltó de $20 a 30, una barbaridad, en apenas dos meses”.

“Lo que más me preocupa de esta batería de medidas –continuó- es el intercambio de Lebac por Lete. Primero, porque las Lebac son dinero que se retira del mercado para que no se vaya ni a inflación ni al dólar. En cambio, cuando se suscriben Lete se le da dinero al Gobierno nacional, que es para que el Tesoro gaste. Al final va a quedar una deuda en dólares y a un plazo corto, de hasta un año”.

Además, se está cambiando letras muy cortas del Banco Central por otras menos cortas del Tesoro. Se extiende el plazo de los vencimientos hasta un año, pero lo que preocupa es el cambio de moneda de la deuda de pesos a dólares.

Lo delicado es que aunque las Lebac sean un problema, en última instancia se las podía pagar emitiendo pesos, aunque eso hiciera subir el dólar y la inflación. Pero la Argentina no solo no puede emitir dólares sino que su carencia es hoy, como casi en toda la historia económica del país, la dificultad más acuciante. Cuando, dentro de un año, haya que pagar las nuevas Lete, el problema se reciclará, solo que potenciado por la necesidad de contar con las divisas necesarias para cancelarlas.

Según  Buteler, “están pateando la pelota para adelante” y en ese momento “nos podemos encontrar con un problema de solvencia” para pagar la deuda. Para Neffa, “esto es posible solamente con el apoyo del Fondo”.

Este punto inquieta a Kestelboim. “Eso es tremendo”, le dijo a Letra P. “Endeudarse en el exterior para pagar las Lete va a ser mucho más difícil”.

“Evidentemente las medidas tuvieron un fuerte impacto, lo que se ve por ahora en los resultados del mercado, pero vamos en camino a una recesión muy, muy fuerte. Salir de esto va a ser complicadísimo”, remató.

(Nota publicada en Letra P).

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