Peso, bolsa y bonos: ¿por qué todo se le derrumba al Gobierno?

Venta copiosa de reservas. Suba brusca de la tasa de interés. Superación, compleja, pero superación al fin, de sucesivos “super martes” de Lebac. Pedido de auxilio al Fondo Monetario Internacional. Entronización de un super ministro económico en la figura de Nicolás Dujovne. Cambio de conducción en el Banco Central, colocando al frente al “mago” de las finanzas Luis “Toto” Caputo. Reemplazo de figuras discutidas en el gabinete. Calificación del país como mercado emergente. Llegada de los dólares del Fondo… No puede decirse que Mauricio Macri no se haya esforzado en el último tiempo en darle al mercado las señales que este demandaba. Sin embargo, no hay respuesta y el futuro financiero, económico y, como consecuencia, político, preocupa cada vez más.

Los dólares del Fondo reforzaron la posición del Tesoro y el Banco Central al cabo de una corrida que depreció el peso en un 50% en el año, pero la demanda de dólares sigue siendo sostenida y la amenaza de un deslizamiento mayor no termina de conjurarse.

Esa misma ayuda financiera asegura, 50.000 millones de dólares mediante, que el país podrá honrar sus compromisos de deuda en los próximos tres años, despejando cualquier sombra de default. Sin embargo, los títulos públicos no repuntan y el riesgo país se ubica ya cerca de los 600 puntos básicos (esto es, pagan una sobretasa de cerca del 6% por encima de los bonos del Tesoro estadounidense a diez años), privando de crédito no solo al Estado nacional sino también a las provincias y a las empresas. Algo llama la atención: semejante nivel de riesgo no se registraba desde octubre de 2015, cuando el mercado todavía sospechaba que el kirchnerismo podía prolongarse en un sciolismo de contornos indefinidos.

La más reciente elevación del país de mercado de frontera a emergente, realizada por MSCI, en tanto, debía anticipar, incluso antes de su entrada en vigor en mayo del año próximo, una corriente compradora de acciones de empresas argentinas. Pero ese efecto duró un suspiro, y la Bolsa de Buenos Aires tropezó feo el miércoles, con una caída del 8,8%, la peor en pesos desde 2014 y, medida en dólares, desde 2008.

La aspereza de la respuesta del mercado al que, se supone, es “su” gobierno no deja de sorprender y llena al observador de preguntas sobre el futuro. ¿Cómo se deben interpretar esas múltiples muestras de indiferencia a las señales oficiales?

Leandro Ziccarelli, coordinador del Observatorio Monetario-Financiero del Centro de Economía Política Argentina (CEPA), le dijo a Letra P que “el comunicado de MSCI es muy claro: las acciones argentinas que cotizan en Nueva York (ndr: ADR, American Depositary Receipts) van a entrar en la lista de mercados emergentes en mayo del año que viene si antes no pasa nada. Lo que hubo en realidad fue una gran manija de los medios de comunicación, que hizo que la gente salga a comprar con la noticia y, automáticamente, permitió que todos los que estaban adentro salieran. Pero la Argentina todavía no es emergente; falta un año. Por eso, el mercado lo está descontando y no tenía sentido que el mercado fuera para arriba”.

El analista financiero Christian Buteler coincide: “La declaración de mercado emergente solamente fue una oportunidad de salida para los que estaban comprados” en acciones.

También Pablo Castagna, director de Portfolio Personal, analizó el fenómeno en esa línea. Para él, “la noticia y posterior entusiasmo por el pase de mercado fronterizo a emergente duró solamente 48 horas porque los inversores del exterior, que son los que mayores volúmenes operan en acciones argentinas vía los ADR, están castigando a todas las acciones de empresas de países emergentes. Sin embargo, ese castigo es mucho más marcado en el caso de las acciones de empresas argentinas”.

“La bolsa siempre es expectativa”, siguió Buteler. “Por eso, en el último tiempo de Cristina (Kirchner), aunque había ‘cepo’, índices mentirosos y la economía no estaba bien, subía mucho porque se suponía que iba a cambiar el ciclo político. Hoy la expectativa es otra: se vislumbra un futuro complicado tanto para la economía local como para la internacional”, dijo.

“Eso, que implica que el componente local es especialmente importante en un contexto externo que tampoco ayuda, es lo que explica que se produzcan acá caídas tan importantes (como la del miércoles), cuando en el resto del mundo no es tan así. Y lo peor es que ya no quedan noticias positivas que puedan impactar en el corto plazo”, completó Buteler.

Federico Furiase, director de la consultora Eco Go, describe ese futuro inmediato que opera tan negativamente sobre las expectativas.

“Ya esperábamos una retracción de la actividad a partir de abril, y tenemos proyectada para el segundo trimestre una caída desestacionalizada del 2,7%, porque pega la sequía, el shock cambiario, la aceleración de la inflación, el deterioro del poder adquisitivo de los salarios y la suba de la tasa de interés golpeando en el canal del crédito, tanto en el financiamiento del capital de trabajo de las pymes como por el lado de la demanda de bienes durables”, le explicó a Letra P.

“Todo ese impacto se va a notar en el segundo trimestre. Hacia el tercero, proyectamos una caída más moderada, pero la pregunta es si se va a lograr estabilizar el ciclo en el cuarto trimestre, lo que va a depender en primer lugar de que se sostenga la estabilización cambiaria y, en segundo, que las expectativas de inflación den espacio para que el Banco Central pueda bajar la tasa de interés”.

Furiase pasa del análisis económico al político, algo que más de un agente del mercado ya comienza a mirar con el rabillo del ojo.

“Ese escenario es el que le permitiría al Gobierno encarar el año próximo, que será electoral, con una economía que ya haya hecho parte del ajuste del déficit externo, con un tipo de cambio real más alto, con más dólares provenientes de las exportaciones en comparación con una base de comparación baja y con los recursos del FMI. Todo eso debería permitir que en 2019 los salarios le ganen a la inflación, pero para que todo eso pase, el mercado debe interpretar que el Gobierno tiene cintura política para surfear un frente político más complicado mientras lleva a cabo el ajuste monetario y fiscal comprometido con el Fondo”, señaló.

Tal círculo virtuoso económico y político es la hoja de ruta de Macri y Marcos Peña, pero los engranajes que hay que sincronizar para concretarla son muy delicados. Y el propio Gobierno no ayuda con otras señales, más confusas, que desagradan al mercado por sugerir una moderación de las subas de tarifas, una atenuación de los recortes de fondos a las provincias y hasta promesas de obra pública y crédito subsidiado. ¿Y las promesas al Fondo?

Una economía en veloz enfriamiento y una crisis fuerte de confianza parecen las respuestas a este momento desconcertante.

Así las cosas, los economistas se dividen entre aquellos que imaginan una recesión corta y un rebote suficiente para mejorar el humor social en 2019 y quienes creen que el desorden financiero todavía está lejos de resolverse, algo que prolongaría la crisis de la economía real y demoraría el momento en que los pies se apoyen en el fondo de la pileta para iniciar el ascenso.

Desde que el dólar comenzó a salirse de control, hacia fines de abril, se comenzó a hablar de crisis. Ahora llega el segundo semestre que el macrismo jamás imaginó y la crisis se instala efectivamente en el país. Las respuestas a esos dilemas no tardarán en llegar.

(Nota publicada en Letra P).

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