El amistoso Argentina-Israel desata una tormenta diplomática

El traslado de Haifa a Jerusalén del partido amistoso que este sábado jugarán la Selección nacional de fútbol y su par de Israel puso el dedo en la llaga más viva del conflicto de Medio Oriente y derivó en un entredicho de envergadura, capaz de dar por tierra con la buena imagen de la Argentina en Palestina y el mundo árabe. En el medio, queda un jugoso negocio y de nerviosas gestiones diplomáticas que involucraron, desde ya, al Estado judío, a la Cancillería argentina y al Gobierno de la Autoridad Palestina.

En la previa del Mundial de 1986, la Selección cerró en ese país la etapa prepataroria, lo que repitió en 1990 a modo de cábala. Por eso, inicialmente, a algunos en la Asociación del Fútbol Argentino les cayó bien la propuesta del empresario israelí Danny Benaim, titular de la empresa Comtek, quien puso sobre la mesa 2 millones de dólares para la organización del cotejo.

A Benaim se atribuye una relación de cierto tiempo con Jorge Messi, el padre del mejor futbolista del mundo, y a la AFA una enorme sed de recursos tras el estado financiero calamitoso en que la encontraron las autoridades que sucedieron a Julio Grondona.

El atractivo de esa suma hizo que se preguntara poco y nada cuando Benaim decidió trasladar el partido de Haifa a la ciudad que Israel considera su “capital eterna e indivisible” y en la que Palestina quiere instalar la de su futuro Estado.

La anexión por parte del Estado judío de la parte oriental de la misma, eminentemente árabe, en la Guerra de 1967 no tiene reconocimiento de las Naciones Unidas ni del grueso de la comunidad internacional, pero la reciente decisión de Donald Trump de trasladar de Tel Aviv a esa ciudad la embajada estadounidense constituyó todo un revulsivo que da una dimensión inesperada a la realización de un simple partido de fútbol. ¿Pero se trata solo de eso?

No para los palestinos. Por un lado, porque el del sábado será el primer encuentro entre selecciones que se jugará en Jerusalén.

Segundo, porque el estadio Tedy Kollek está emplazado encima de lo que fuera la aldea de Al Malha, ocupada y destruida por los israelíes en la Guerra de 1948, la de Independencia para el Estado judío y la “nakba”, la catástrofe de la tierra perdida y la diáspora, para los palestinos. “Sabemos que el estadio está ubicado en una zona sensible de Jerusalén”, admitieron en Cancillería ante la consulta de Letra P.

Tercero, porque el Gobierno israelí dio indicios de pretender politizar la cuestión a través de su ministra de Cultura y Deporte, Miri Regev. Esta insistió en que el cotejo se realice en la “ciudad santa” alegando que era lo ideal dada la capacidad del estadio. Sin embargo, levantó suspicacias al afirmar que “lo que hubiese pasado en Haifa simplemente no es interesante. Cuando (Lionel) Messi y la Selección argentina lleguen a Israel, estarán en Jerusalén”. Además, aseguró que el jugador concurrirá al Muro de los Lamentos y aludió a un posible saludo con el primer ministro, Benjamín Netanyuahu.

Miri

Cuarto, el precedente de Trump, ha sido imitado por Paraguay y Guatemala hasta ahora -Honduras, Rumania y República Checa podrían sumarse en breve-, algo que es vivido con euforia por el Gobierno derechista de Israel, que lo considera una legitimación a la anexión de la ciudad. En paralelo, para los palestinos parece un paso más hacia la pérdida de una ciudad que constituye un emblema de identidad tan fuerte como para los israelíes y, nada menos, que el tercer lugar más sagrado para el islam.

Ni bien Benaim y sus millones, con una aparente intervención política atrás, definieron que el partido se jugaría en Jerusalén, se desató una movida diplomática de alto nivel que pone al Gobierno argentino en una situación sumamente incómoda.

El titular de la Asociación Palestina de Fútbol y del Comité Olímpico Palestino, Jibril Rajoub, acudió a la sede diplomática argentina en Ramala, la actual capital de la Autoridad Palestina. Recibido por el representante nacional, Eduardo Lionel Demayo (otro Lío), planteó su “desagrado” y hasta habló de “provocación”.

Asimismo, Rajoub, acompañado por organizaciones pro derechos humanos, envió cartas al presidente de la AFA, Claudio “Chiqui” Tapia, pidiendo una suspensión del encuentro y advirtiendo sobre las implicancias políticas de un gesto evidentemente mal calculado.

Ignorado en sus reclamos, el dirigente denunció el domingo que este “no es un partido por la paz sino un partido de política, destinado a encubrir la ocupación fascista” de Israel y llamó a quemar camisetas e imágenes de Messi. Tal vez al astro, que es “embajador de marca” de la startup tecnológica israelí Sirin Labs, este desencuentro le termine resultando un mal negocio.

Letra P supo de fuentes del Palacio San Martín que el embajador palestino en nuestro país, Husni M. A. Abdel Wahed, acudió dos veces -la última, el pasado viernes 1- para plantear también su queja y para señalar que el Gobierno de Mahmud Abás considera que, de ese modo, se está avalando la ocupación de Jerusalén.

La respuesta que se le dio fue que se trata de un acuerdo entre privados (la empresa organizadora y la AFA) y que de ninguna manera compromete un cambio en la postura nacional de reconocer al Estado palestino conviviendo con Israel en arreglo a las frontera de 1967 y a los acuerdos a los que eventualmente lleguen las partes. La buena sintonía entre Mauricio Macri, Netanyahu y Trump siembra, sin embargo, dudas del otro lado.

Aquella fórmula, acuñada durante el Gobierno de Cristina Kirchner, preserva los reclamos palestinos sobre Jerusalén oriental, algo que en su momento irritó a Israel.

Aquel gesto de la administración anterior se produjo en 2010, casi al mismo tiempo que el de Brasil y los de varios países más de la región. Aquella iniciativa caló hondo en la población palestina y generó un agradecimiento y simpatía hacia la Argentina que este periodista pudo comprobar durante una visita a Ramala, Belén y otras ciudades palestinas en 2012. En pocos lugares del mundo éramos entonces tan bien recibidos.

La respuesta oficial no pudo satisfacer lo que el embajador Wahed había ido a buscar. Contactado por Letra P, el diplomático, hombre del partido laico Al Fatah del presidente Abás, se limitó a señalar que “estos episodios generan frustración en el pueblo palestino, algo que advierto al conversar con familiares y amigos. La Selección argentina podrá ganar el Mundial, pero perderá el apoyo y el cariño de los palestinos y el de los otros pueblos árabes, que tanto admiran a Messi”. “Moralmente, el equipo ya perdió”, agregó.

“Mezclar la política con el deporte ha sido una política del Estado de Israel. Este partido se enmarca dentro de las celebraciones del 70º aniversario de la creación del Estado de Israel, y para nosotros es inaceptable realizar este partido en Jerusalén porque es un territorio ocupado”, dijo.

“Es como si los palestinos celebráramos la ocupación de las islas Malvinas. Eso sería una aberración y una agresión al sentimiento del pueblo argentino”, añadió.

En tanto, en la embajada de Israel en Buenos Aires prefirieron mantenerse al margen de la polémica y, consultados por este portal, se limitaron a explicar que ese país “está esperando con alegría ese evento deportivo. Parte de ese entusiasmo se dejó ver en la celeridad con la que se vendieron las entradas en tan solo unos pocos minutos”.

Algo más de dos años atrás, causó fuerte emoción en la Argentina el caso de Murtaza Ahmadi, el niño afgano que había sido fotografiado mientras escapaba de la guerra corriendo detrás de una pelota con una camiseta argentina improvisada con una bolsa de nylon.

Niño arg

Niño Camp

El pequeño, que en tanto afgano no es árabe pero sí musulmán, terminó siendo la estrella excluyente de la invitación que se le hizo para que conociera a su ídolo en pleno Camp Nou, de donde se negaba a salir mientras se aferraba a las piernas del futbolista.

Acaso sea mucho lo que se esté dejando en el camino por la organización de un partido fetiche y por un cachet de 2 millones.

(Nota publicada en Letra P).

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