El mundo conspira: ¿vuelve la tensión cambiaria?

El gesto de autoridad de Federico Sturzenegger de poner a disposición del mercado 5.000 millones de las reservas para frenar la corrida contra el peso dio frutos en las últimas dos semanas, al punto que la divisa se estabilizó en torno de los $25 y dejó de ser, por fin, una preocupante noticia cotidiana. Sin embargo, todos los vientos del mundo parecen soplar juntos para complicar al Gobierno, al punto que ese precario equilibrio se ve amenazado ahora por un contexto internacional que involucra elementos de zozobra tan disímiles como la huelga de los camioneros en Brasil, la dificultad de Italia para formar Gobierno y la posibilidad de que Mariano Rajoy sea empujado del poder este viernes. Así, el dólar volvía a cotizar este martes con una suba del 0,8% a media rueda, después del 0,4% de la anterior y del 0,8% de la precedente. ¿Otra vez hay peligro de incendio?

Esa progresión alcista, que revela una demanda más sostenida que lo esperado con la divisa a este nivel, sorprende además porque la megaoferta del último lunes 14, aquellos 5.000 millones a $25, fue pensada como un número imposible de ser seguido por el mercado.

“Así y todo, le llevaron 400 millones de dólares más de las reservas”, le dijo a Letra P el analista financiero Christian Buteler.

“El lunes fue feriado en Estados Unidos por el Día de la Memoria, una situación que normalmente en la Argentina genera ruedas muertas, sin volumen, con un dólar que no se mueve por la falta de referencias del exterior. Igualmente, el volumen negociado fue de 557 millones de dólares, equivalente al de un día normal, y el dólar subió y se volvieron a perder reservas”, advirtió el economista. “Claramente, los problemas en el mercado de cambios no terminaron”, advirtió.

Michel Temer tuvo que bajar los impuestos a los combustibles para intentar, por ahora con éxito relativo, que los camioneros despejaran las rutas. Las dudas sobre el efecto de ese subsidio al transporte de mercancías sobre las cuentas públicas acentuaron en las últimas jornadas la presión cambiaria, con un real que cotizaba a 3,10 a principio de año y hoy lo hace cómodamente por encima de los 3,70.

En Italia, el presidente Sergio Mattarella decidió que la alianza de populistas y ultraderechistas capaz de formar Gobierno era inconveniente para la posición de su país en la eurozona y, desconociendo olímpicamente la voluntad popular en nombre de la “responsabilidad”, los corrió de escena. En su lugar encargó la formación de un gabinete al ex Fondo Monetario Internacional Carlo Cottarelli, algo que llevará a la reapertura de las urnas más temprano que tarde, con un desenlace que, así las cosas, inquieta. Mientras, la Bolsa de Milán va de golpe en golpe y el riesgo país, que en Europa se mide en relación con los bonos alemanes, se acerca a insostenibles 300 puntos básicos. Italia es la tercera (y sobreendeudada) economía de la eurozona y el impacto de su crisis cruzó este martes por primera vez el Atlántico, afectando a Wall Street y tomando un carácter global.

Y sobre llovido, mojado: el Partido Socialista impuso una moción de censura contra Rajoy que se dirimirá entre este jueves y viernes. Si gana, la duda es cómo va a gobernar; si pierde, pasa por cómo hará el conservador para sobrevivir.

Amílcar Collante, economista del Centro de Estudios del Sur (CeSur), le dijo a este medio que “el panorama internacional se está complicando y, sobre todo por el caso de Brasil, le pone más presión al peso. Los capitales están saliendo de los mercados emergentes y también de países desarrollados europeos con ratios de deuda-PBI altos”.

“Mirando hacia atrás, parece que la Argentina se anticipó yendo al Fondo Monetario Internacional: se puso primera en la fila para pedir financiamiento y quizás no sea el único país que lo termine haciendo”, añadió.

Collante cree que “mientras se espera la ayuda de FMI y se intenta que ese trámite sea más expeditivo, el Banco Central va a intentar seguir con dólar a $25. Eso le permitiría ganar tiempo y anclar las expectativas de devaluación. Más adelante, después del acuerdo, dólar e inflación se van a mover de modo más parejo”, vaticinó.

Sturzenegger, de hecho, no quiere establecer una suerte de convertibilidad con un dólar de $25; para él, el dólar debe flotar, una convicción de larga data que la presión de Marcos Peña y Mario Quintana lograron reprimir por unos meses. ¿Pero qué pasa si el tipo de cambio se sigue deslizando? “El Fondo podría poner un freno hasta que se resuelva la cuestión cambiaria, porque no nos van a prestar dinero para que se vaya manteniendo un tipo de cambio que no sea el de equilibrio”, estimó Buteler.

Por otra parte, en el mercado se considera que los 30.000 millones de dólares de asistencia de los que ha hablado el Gobierno de Mauricio Macri pueden terminar teniendo gusto a poco en el actual contexto. ¿Impactarán, cuando se haga el anuncio, con una cifra mayor?

Buteler reconoce que “el contexto internacional se está complicando”, pero invita a recordar que “los problemas de la Argentina empezaron mucho antes. En el mundo hubo monedas que se movieron un 10%, no un 40% como acá. Así que no es que se cayó el mundo; nosotros nos caímos”.

Mariano Kestelboim, profesor en la Universidad Nacional de Avellaneda, le dijo a Letra P que las bases de la actual y frágil pax cambiaria son endebles.

“Después de la corrida cambiaria, el Gobierno diseño un plan de emergencia para contener el incremento del dólar en el nivel mayorista en un valor máximo de $25 y de $25,40 para la franja minorista. El sustento son los 5.000 millones de dólares de las reservas que el Banco Central puso a disposición del mercado y la tasa de interés al 40%, lo que permite alinear expectativas y sostener transitoriamente niveles de ganancia extraordinarios para los inversores especulativos. Pero la fragilidad de la economía nacional; la dependencia con respecto a las características del acuerdo con el FMI; el volátil entorno internacional, con Brasil devaluando y nuevamente en problemas, y el muy alto costo fiscal de sostener esos incentivos para las inversiones en pesos hacen que la estrategia no pueda durar mucho tiempo”, dijo.

“Esa política es básicamente un dique de contención hasta que se confirme el acuerdo con el FMI y para tratar de soportar el nuevo vencimiento de Lebac que se aproxima: el 19 de junio vencen $658.000 millones”, completó Kestelboim. A partir de ahí, el Gobierno volverá a ganar tiempo, pero el estallido, en la medida que se extiendan las actuales políticas, será cada vez más estruendoso”.

(Nota publicada en Letra P).

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