Los dilemas de Dujovne, el ministro recortador

Suele ocurrir en la vida de algunas personas que el azar las pone, por una única vez, ante responsabilidades jamás imaginadas. A Nicolás Dujovne, toda una excepción, eso le pasó ya dos veces. La primera, cuando llegó en enero de 2017, sin que nadie hubiera barajado su nombre, al Ministerio de Hacienda; la segunda, ahora, cuando el roce áspero del Gobierno con el guard rail pone al país nuevamente en manos del Fondo Monetario Internacional (FMI) y el destino político de Cambiemos, en las de Dios.

Su encumbramiento como coordinador de nueve ministerios del área económica es la garantía ante el FMI de que lo que se acuerde en las próximas semanas no será modificado de un golpe por la lapicera de cualquier funcionario. Como asume en un virtual “Ministerio de Ajuste”, lo que lo convierte en garantía (y a la vez fusible) de la austeridad, su promoción cayó bien entre los economistas que creen que el fin del gradualismo es el camino correcto.

El país se detiene ante la misma piedra. ¿Se encamina a otro tropiezo?

Gabriel Zelpo, economista jefe de Elypsis, le dijo a Letra P que el cambio “va a otorgar más coordinación macro entre los distintos programas y ministerios del Gobierno, lo que va a permitir una mayor efectividad en el uso de recursos de Estado para alcanzar los objetivos”.

Federico Furiase, director de la consultora Eco Go y profesor en la Maestría de Finanzas de la UTDT, estimó por su parte en diálogo con este medio que “Macri interpretó el ruido que se generó después del 28 de diciembre y está tratando de revertirlo. Para eso envía una señal fuerte a los mercados después de la turbulencia cambiaria y de la pérdida de confianza del mercado en la autonomía del Banco Central para manejar la tasa de interés. De este modo enfatiza que la prioridad va a ser acelerar el ajuste fiscal para bajar la inflación con más oxígeno y priorizando la independencia del Banco Central”. “Creo que es una señal muy positiva”, señaló.

“Es en este contexto hay que entender el rol que se le da a Dujovne, atrayendo la coordinación de políticas en el Ministerio de Hacienda y licuando en parte la participación de la Jefatura de Gabinete”, agregó.

También en diálogo con Letra P, Fausto Spotorno, director del Estudio Orlando Ferreres, estimó que “es una buena noticia que haya un economista profesional coordinando la macroeconomía. Es obvio que alguien tiene que hacer ese trabajo ante un programa del FMI: no se puede firmar una cosa y que después cualquier ministerio haga otra diferente”.

En la misma línea, Furiase cree que “Dujovne representa el intento de afinar la coordinación de la política económica, incluyendo al Banco Central, porque es importante defender su autonomía pero también que esté en sintonía con las fallas estructurales del gradualismo, como un déficit de cuenta corriente externa de 4,8% del Producto, la dominancia fiscal que sigue bombeando los agregados monetarios, la necesidad de hacer el roll over de las Lebac todos los meses… Esto es clave porque deberá llevar adelante las negociaciones con el FMI”.

Coordinar el área económica le debería evitar al Gobierno incurrir en sus repetidos errores no forzados. Uno de ellos fue el haber establecido al comienzo de la gestión una “reparación histórica” para los jubilados que reparó poco pero que costó un punto porcentual del PBI, haciendo que entonces no se supiera si el gradualismo fiscal era a la baja o al alza. Otro, el “plan de los Santos Inocentes” del 28-D, cuando se pretendió hacer bajar la inflación mientras se forzaba una reducción del costo del dinero, se facilitaba una suba del dólar y se hacían todos los ajustes de tarifas posibles en un lapso breve.

Spotorno pone el dedo en la llaga: “Dujovne es suficientemente capaz, pero hay que ver cómo funciona ese esquema, es decir qué poder real va a tener en la práctica”.

En su nuevo rol, el impensado “súper ministro” deberá lidiar con la planilla Excel del impermeable Juan José Aranguren; con un Luis Caputo influyente como siempre y ahora, cuando el que presta es el Fondo y no los mercados, encima con tiempo libre; con Guillermo Dietrich, que prenderá hacer valer su importancia en el diseño electoral a través del gasto en obra pública; con Francisco Cabrera, que no esperó ni un día después del tramo más dramático de la corrida cambiaria para volver a reclamar tasas subisidiadas a la producción; y con un Rogelio Frigerio que, llamado otra vez a “hacer política”, deberá imaginar alternativas a sus tradicionales promesas de recursos a gobernadores e intendentes.

Por último, nada menos, deberá medirse con Marcos Peña, no destronado pero obligado a escuchar un poco más y que ya avisa que los cambios “no transforman en un súper ministro” a Dujovne. ¿Tendrá este, tributario en última instancia del jefe de Gabinete, la “espalda” suficiente para nadar en esas aguas llenas de tiburones?

Mariano Kestelboim, profesor en la Universidad Nacional de Avellaneda, también imagina para él dificultades importantes. “Cuando se pone un ministro de Economía, este llega con gente con la que tiene lazos de confianza. Es lo que ocurrió con los anteriores, desde (Domingo) Cavallo hasta (Axel) Kicillof, pasando por (Roberto) Lavagna. En esos casos se puede tener un ‘superministro’. Pero lo de Dujovne me parece más una respuesta a un reclamo empresarial sobre la falta de un interlocutor”, le explicó a este portal.

“Creo que la línea de mando no está clara y que es excesivo que un ministro deba asumir sus responsabilidades de área y, encima, coordinar todas las otras. El proceso de toma de decisiones se va a demorar y no me parece que Dujovne pueda llevar adelante tantas obligaciones”, acotó.

Más allá de lo operativo, para los economistas que deploran el ajuste en clave de shock que prenuncia el encumbramiento de Dujovne, la noticia es mala. El ex diputado nacional Claudio Lozano explicó que “la corrida cambiaria que vivimos en las últimas semanas decreta el fin del gradualismo. En ese marco, hay un intento explícito en el que el Fondo Monetario, articulado con el bloque de poder económico más concentrado, esto es grandes bancos y sector agrario, le reclama al sistema político una estrategia que garantice el ajuste”.

“En ese marco hay que ubicar el rol de Dujovne como coordinador, como un intento de dar más rigor al ajuste del gasto. Ciertamente esto puede darle más coherencia a la política, pero esas políticas terminan siempre del mismo modo: promoviendo niveles crecientes de conflictividad, conmociones sociales importantes o fracasando estrepitosamente por los voluminosos montos de endeudamiento que suponen”, dijo.

Liberales y progresistas no agotan las miradas. Entre los primeros, los ideológicamente más consecuentes, hay economistas que habían apostado a que el fin de las turbulencias cambiarias decidiera a Macri a meter mano profundamente en un gabinete que salió con los ojos morados de la pelea con el mercado.

Decepcionado, Germán Fermo afirmó que “esto es más de lo mismo, solamente es un cambio de maquillaje. El plan parece querer gastarse el dinero que aporte el FMI y ganar elecciones en 2019”.

Mientras, Dujovne se lanza al río. ¿Tendrá fuerzas para llegar a la otra orilla?

(Nota publicada en Letra P).

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