Ni la escalada del petróleo podrá salvar a una Venezuela arrasada

Más allá de su incapacidad para gestionar, de su deriva autoritaria y de su inacción ante una corrupción alarmante, Nicolás Maduro tiene, al menos, una excusa para su desastrosa gestión: sus años en la Presidencia fueron los de un estrepitoso descenso del precio del producto de exportación excluyente de Venezuela: el petróleo. Este experimenta ahora una escalada sostenida, pero ni eso parece suficiente para reparar lo mucho que rompió desde 2013.

El barril de petróleo WTI, de referencia en América, cotiza ya por encima de los 70 dólares, mientras que el Brent, parámetro en Europa, oscila en torno a los 80. Mientras, analistas de Bank of America Merrill Lynch y la empresa Total no descartan un escenario en el que, tensiones geopolíticas mediante, lleve el precio a 100 dólares de aquí a fin del año que viene.

En otro contexto, la lectura habría sido obligada: Venezuela debería encontrar, por fin, una salida. Pero es tal el desmadre en que ha caído la economía que ni eso alcanza ya.

“En Venezuela, el precio del petróleo ha sido siempre muy importante para definir su economía y la relación del pueblo con el Gobierno. Pero en la medida en que PDVSA ha perdido capacidad productiva de modo dramático y ahora se añaden los problemas operativos para despachar, la variación positiva del precio es menos relevante y no genera expectativas ni entre expertos ni en la población”, le dijo a Ámbito Financiero desde Caracas Luis Vicente León, uno de los principales analistas políticos venezolanos y director de la consultora Datanálisis.

En tanto, José Guerra, economista y diputado por el partido opositor Primero Justicia, le dijo a este diario desde Venezuela que “estamos en ‘default’, con atrasos de PDVSA y del Gobierno que hasta el viernes último llegaban a unos 3.000 millones de dólares”.

“Adicionalmente, tenemos un litigio con ConocoPhillips por más de 2.000 millones de dólares que no hemos pagado y por lo cual han tomado algunas instalaciones petroleras y están embargando activos de Venezuela en el exterior. Igualmente, se les deben 1.500 millones a algunas compañías rusas por expropiaciones no pagadas, algo que en el caso de (la minera) Rusoro ya tiene dictamen en tribunales a favor de la compañía. Se le debe también a Crystallex, una minera canadiense, y a otras como Gold Reserve cerca de 3.000 millones más. La situación es muy crítica”, añadió, completando el panorama insólito de un país quebrado a pesar de tener las mayores reservas de crudo del mundo y una dotación envidiable de otros recursos naturales.

El chavismo nunca logró en sus 19 años en el poder reducir la dependencia del país de los ingresos petroleros, que siguen representando el 95% del total. Para peor, los bajos precios, el hiperendeudamiento de la petrolera estatal y el desmanejo de sus responsables llevó a que la extracción cayera en la última década de 3,2 millones de barriles diarios a apenas 1,5 millón. El declive fue particularmente grave en los últimos tres años, con una producción que se redujo en unos 600.000 barriles diarios. Y hay más: analistas estiman que el recorte podría ampliarse este año en un promedio de medio millón de barriles más.

Como parámetro basta señalar que el recorte de producción combinado de toda la OPEP a febrero último alcanzaba a 340.000 barriles por día, una cifra que se explica totamente por lo que pasa en Venezuela.

Esto resulta ilustrativo: países que dependen del mismo recurso se benefician de una suba de precios dada, entre otros factores, por un recorte general de la extracción sin tener que reducir esta en lo absoluto. Basta y sobra para eso con lo que Venezuela se hace a sí misma.

“El aumento del precio no está beneficiando al país porque no exportamos lo suficiente. Somos el único al que le ocurre eso”, explicó Guerra.

“Creo que vienen tiempos más difíciles todavía porque los bonistas pueden pedir acelerar el pago de los títulos (‘defaulteados’) y ConocoPhillips puede seguir embargando activos en el exterior”, completó.

Pero el desquicio no es solo petrolero. “La variable más difícil es la hiperinflación. Y mientras no logran controlarla, algo que solo se puede hacer con un cambio del modelo controlador que la ocasiona, será imposible estabilizar el dólar. Las distorsiones solo se reafirman y refuerzan”, añadió León ante la consulta de Ámbito Financiero.

El Banco Central, encargado de difundir la evolución de la inflación, simplemente discontinuó sus informes desde hace dos años, pero la magnitud del desastre se observa de manera más o menos directa. Así, la evolución de los precios que divulga la Asamblea Nacional controlada por la oposición arrojó un 2.616% en 2017 y un 897,2% solamente entre enero y abril últimos. En tanto, el Fondo Monetario Internacional proyectó para el año un escalofriante 13.000%.

En tanto, el dólar oficial, que rige las importaciones, subió un 175% entre febrero y el mes pasado, cuando cotizó a casi 70.000 bolívares, una emergencia que explica la aguda escasez de alimentos, remedios y otros productos de primera necesidad. El paralelo, en tanto, ya vuela cerca del millón de bolívares.

Siempre según el FMI, el Producto sufrirá este año una retracción del 15%, lo que totalizaría un 40% en los últimos cuatro años de recesión.

Por último, de acuerdo con un estudio de varias universidades la pobreza trepó en 2017 a un 87% y desde 1999 el número de emigrantes alcanza a entre 3 y 4 millones, la mayor parte de los cuales abandonó el país en los últimos cuatro años de vacas flacas.

Salir del infierno le va a demandar a Venezuela mucho más que petróleo caro.

(Nota publicada en Ámbito Financiero).

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