La receta de siempre del “nuevo” FMI: podar salarios y jubilaciones

Al anunciar que la Argentina acudirá nuevamente a un rescate del FMI, el ministro de Hacienda, Nicolás Dujovne, llamó el martes a la calma al asegurar que la entidad “apoyó la política gradual, atacando el déficit fiscal pero cuidando a todos, sobre todo a los que menos tienen. Este es un Fondo Monetario muy diferente al que vivimos”. ¿Pero cuán nuevo es el “nuevo” Fondo?

El Gobierno sugirió que podría acogerse a una Línea de Crédito Flexible (FCL), la modalidad más suave disponible, que sirve para evitar que un Estado miembro “entre en una verdadera crisis”. El presidente, Mauricio Macri, aludió a esa posibilidad en su mensaje grabado del martes, al hablar de un acercamiento “preventivo” al organismo.

Dicha línea, que establece un período de repago de tres a cinco años en caso de que se use el dinero disponible, “no impone mayores condiciones si el Fondo considera que las políticas en curso son razonables. Pero en el caso contrario le pide al país que las reconsidere. Es una línea de crédito basada en las políticas existentes y en el caso actual de Argentina debería aplicarse con un poco de negociación”, le dijo Claudio Loser, ex director del Departamento del Hemisferio Occidental del FMI a Letra P.

La FCL es la línea de crédito que tienen hoy en la región solamente México y Colombia, países que se considera que tienen sólidos fundamentals pero que atraviesan una coyuntura adversa en sus balances de pagos y requieren, por lo tanto, de fondos a los que acudir en caso de necesidad. La idea es que el mero anuncio de la disponibilidad de los mismos disuada posibles corridas.

Para Loser, el argentino que llegó más alto en la estructura del Fondo, esta posibilidad “es factible” para el país. Sin embargo, advierte que hay que prestar atención a lo dicho por el staff técnico del organismo en su última revisión de la economía nacional, completada en septiembre del año pasado bajo el paraguas del artículo IV del Convenio Constitutivo del mismo.

En el texto, aprobado por el Directorio en diciembre, consta que algunos directores “coincidieron en que un déficit fiscal menor reduciría las vulnerabilidades externas, construiría credibilidad y ayudaría a anclar las expectativas de inflación. Muchos directores apoyaron una política de equilibrio fiscal más frontal, que permitiría reducir las tasas de interés, reduciría las presiones sobre el peso y limitaría las vulnerabilidades ante una repentina restricción de las condiciones de financiamiento externo”. Describieron anticipadamente el escenario actual, que no se pudo evitar.

Sin embargo, el documento agrega que “una cantidad de directores, si bien coincide en la necesidad de reducir el déficit fiscal, también resaltó el crecimiento económico potencial y el impacto social de una consolidación (fiscal) más rápida”.

Lo anterior es trascendente, porque revela las diferentes visiones del Directorio, a donde llegará, elevada por Christine Lagarde, la Carta de Intención que presentará el país para acceder al apoyo financiero. Pero si en diciembre se resaltaba en esa instancia la necesidad de acelerar el ajuste para frenar la inflación y evitarle al país una restricción del crédito privado, una vez que esto ocurrió, es seguro que Dujovne no volverá de Washington con un aval al gradualismo tal como lo hemos conocido. Este, en verdad, agoniza.

¿Dónde espera entonces el FMI que el país haga recortes? El mismo texto aprobado en el Directorio lo dice.

“Los directores hicieron notar que es esencial reducir el gasto público, especialmente en las áreas en las que se incrementó más rápidamente en los últimos años, notoriamente en salarios (de empleados estatales), jubilaciones y transferencias sociales”.

Para algunos analistas y personas que han negociado innumerables veces en nombre del país, debido a sus vulnerabilidades la Argentina no califica a priori para la línea FCL. Pero Loser, de actuación protagónica entre 1994 y 2002, cree que la política puede meter la cola, con los representantes de Estados Unidos, China, Japón y los países latinoamericanos presionando para que Argentina quede encuadrada en esa línea más benigna, al revés de alemanes y holandeses.

Alberto Bernal, jefe de Mercados Emergentes del fondo estadounidense XP Securities, coincide, pero registra diferencias entre las alas política y técnica del FMI, con esta última presionando por una aceleración del ajuste. “Va a haber un ‘toma y dame’, una negociación, en la que va a intervenir el Departamento del Tesoro de Estados Unidos, que entiende que si a Macri le va mal, van a terminar volviendo los que estaban antes. Sería ridículo correr ese riesgo”.

“No creo que el FMI no ayude a Macri a ser reelegido en 2019 y, si lo hace, nos mereceremos la desgracia porque no hay derecho a tanta estupidez”, completó.

Bancos de inversiones como Goldman Sachs o firmas como Exotix opinaron en el mismo sentido: el país no merece la FCL.

Según Bernal, lo más probable es que el pedido argentino de socorro caiga en otra línea del Fondo: la de Precaución y Liquidez (PLL), diseñada para ayudar a países con buenos fundamentos económicos pero que presentan mayores vulnerabilidades, como es hoy el caso de Marruecos.

En los seis meses a dos años de duración del acuerdo, el país solicitante debe corregir sus debilidades y se somete a revisiones semestrales de los técnicos del Fondo, condición  para la efectivización de los desembolsos.

La buena noticia es que, por el momento, nadie espera que el país vuelva a ser encuadrado en los programas Stand by, tristemente conocidos en nuestra historia económica. Estos (¡cómo olvidarlos!) son los más duros en condicionalidades vinculadas al cumplimiento de metas en materia déficit fiscal, niveles de endeudamiento y reformas estructurales. ¿Será así?

La crisis argentina de 2001-2002 provocó un cimbronazo fuerte en el Fondo, que se entregó a un áspero debate interno y a la reestructuración del Departamento del Hemisferio Occidental por su rol en el acompañamiento al programa de convertibilidad, proceso que derivó en un hiperendeudamiento del país.

Ese debate giró alrededor de varios ejes, desde la aplicación de políticas de ajuste duro en escenarios recesivos hasta los oídos sordos que hizo la cúpula a las repetidas observaciones de orden técnico por motivos meramente políticos. Esto llevó a muchos a hablar, hacia fines de la primera década del siglo, de un “nuevo FMI”, como cuando Alfonso Prat-Gay invitaba al Gobierno de Cristina Kirchner a acudir al organismo porque “tiene más plata que nunca y está liderado por un socialista francés (Dominique Strauss-Kahn) que está a la izquierda de Néstor (Kirchner), porque exige a los gobiernos que bajen impuestos y aumenten el gasto”.

Era 2009 y la crisis de las hipotecas de los Estados Unidos comenzaba a cruzar el Atlántico, a través del contagio de los bancos europeos. Pronto se desataría el desastre de los llamados PIGS (Portugal, Irlanda, Grecia y España), instancia en la que el Fondo Monetario no haría honor a esas presunciones. Su intervención, de extrema dureza, fue más allá del límite de la crueldad en el caso griego, dentro de la entonces llamada troika, compuesta además por el Banco Central Europeo y la Comisión Europea (el brazo ejecutivo de la Unión Europea).

En septiembre del año pasado, un artículo publicado en Bloomberg llamó al FMI a “dejar de torturar” a ese país, al que le sigue pidiendo ajuste después de haber pasado entre 2010 y 2016 de un déficit fiscal de 18% del PBI a un superávit.

Todo indica que el “nuevo” FMI se sigue parece mucho al de siempre.

(Nota publicada en Letra P).

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