Con Mario Abdo, el Partido Colorado se reinventa para retener el poder

Si no se produce una sorpresa mayúscula, Mario Abdo Benítez debería convertirse el próximo domingo en el nuevo presidente de Paraguay. Para este dirigente colorado de 46 años, el verdadero escollo fue la primaria que lo enfrentó en diciembre al candidato del presidente Horacio CartesSantiago Peña, lo que constituyó un choque de dos aparatos políticos colosales para las dimensiones del país. Superada esa instancia, todo parece marchar para él suavemente. Letra P estará en Asunción para contar todo lo que ocurra.

Según indican todas las encuestas, la alianza opositora liberal-luguista GANAR, encabezada por Efraín Alegre (de 55 años), no representa una amenaza seria para “Marito”, por no hablar de las otras ocho microscópicas propuestas electorales.

En efecto, el último estudio de First Análisis y Estudios, la encuestadora más reputada, y publicado por el principal diario del país, ABC Color, le adjudicó a Abdo una intención de voto del 54,9% contra 28,6% de Alegre. Los indecisos alcanzan al 8,8% y un 7,3% afirma que no votará por ningún postulante.

Los sondeos coinciden en que el voto tradicional colorado se mostrará unido a pesar de los rigores de la interna reciente y que, además, Abdo podría captar, en fórmula con el ex jefe de la Cámara de Diputados Hugo Velázquez, algunos sufragios liberales que no gustan del nuevo matrimonio con la izquierda luguista.

En paralelo a la elección del presidente y vice se votará por 80 diputados titulares (y otros tantos suplentes), 45 senadores (30 suplentes), 17 gobernadores, 17 juntas departamentales y 18 miembros al Parlamento del Mercosur (además de 18 suplentes).

Si la presidencial parece jugada, es fuerte la curiosidad sobre lo que ocurrirá en las elecciones legislativas, cruciales por involucrar la relación de fuerzas con la que deberá gobernar el próximo jefe de Estado en un país en el que ambos poderes suelen jugar al filo del reglamento: con Fernando Lugo, en 2012, al decidir su destitución exprés; con Cartes, al bloquearle el año pasado su forzado intento de reforma constitucional reeleccionista.

La mayor atención está colocada en el Senado, donde se espera que ingresen nada menos que tres expresidentes: Cartes, número uno de la lista colorada; Nicanor Duarte Frutos  (décimo); y Lugo, cabeza de la del Frente Guasú, uno de los componentes de GANAR.

El entorno de Abdo confía en que el escándalo de corrupción que involucró a Óscar González Daher, el quinto miembro de la lista de senadores, que se vota a nivel nacional, no afectará demasiado y que la Asociación Nacional Republicana-Partido Colorado podrá hacerse con las 20 bancas que lo dejen, cuando menos, cerca de la mayoría en la cámara alta, lo que era su expectativa de mínima. Los sondeos, sin embargo, no garantizan esa pretensión y sugieren que la cosecha podría quedar por debajo de las 19 de 2013, algo que, de confirmarse, será uno de los grandes temas de debate a partir del lunes.

RAZONES DE UNA HEGEMONÍA. La ANR-PC es el grupo político hegemónico del Paraguay, un verdadero partido de Estado. La excepción fue la primavera luguista, cuyo final es conocido.

Lo anterior implica que la imbricación del Partido Colorado en el aparato del Estado, donde anidan potentes redes clientelares, lo hace muy difícil de vencer. La oposición a él, inevitablemente, siempre luce endeble ante una sociedad que, aunque va madurando, demostró en la larga dictadura stronista (1954-1989) que una porción amplia privilegia la gobernabilidad por encima de la calidad de la república.

Además, Abdo ha sido hábil en enfrentarse primero a Cartes, enarbolando las banderas de la transparencia y del rechazo a la perpetuación de los gobernantes, para luego, una vez superada la primaria, mostrar la flexibilidad suficiente para unir fuerzas con el mandatario saliente. Como se dijo, pese a las quejas de parte de la prensa y de la propia oposición, la sociedad no penalizó esa pirueta política.

Así, logró consolidar para el corto plazo electoral un aparato irresistible, que suma al tradicional de la ANR-PC, cuyas expectativas él mismo encarnó en la primaria, y al que ha sido capaz de financiar el millonario Cartes.

Frente a eso, la Gran Alianza Nacional Renovada (GANAR) nunca terminó de definir su perfil. ¿Era de centro, tal la vocación del Partido Liberal Radical Auténtico (PLRA) de Alegre? ¿O era de izquierda, como sugiere la participación en ella del Frente Guasú luguista, representado por el candidato a vice Leo Rubín? Por otro lado, le ha jugado en contra el recuerdo del final dramático de la versión anterior de la coalición, que naufragó, justamente, en 2012.

DESAFÍOS Y PLANES. Mario Abdo Benítez es el hijo homónimo de quien fuera el secretario privado deAlfredo Stroessner, algo que sus rivales le recuerdan todo el tiempo para forzarlo a definirse claramente sobre la dictadura, algo que él ha sabido evitar. Las evasivas, sin embargo, no lo han erosionado.

Abdo es un hombre a primera vista frío, pero que sabe acercarse a la gente. La escucha, le hace promesas, la mira, la toca. En términos ideológicos es posible definirlo como un conservador popular, algo que se entronca bien con la tradición política paternalista del Paraguay.

En ese sentido, una de sus principales propuestas ha sido la de hacer efectivo el servicio militar obligatorio. El esquema persiste, pero la posibilidad de que los jóvenes opten por un “servicio social” que el Estado nunca se esfuerza en hacer cumplir, lo ha terminado por desdibujar. Esa es su receta, asegura, para combatir la delincuencia juvenil, dando a los sectores más postergados una dosis elevada de disciplina y control.

Pese al viento de cola actual, no tendrá siempre todo a favor. Y sus mencionadas ambigüedades pueden beneficiarlo a la hora de buscar votos pero lo llevan a asumir compromisos difíciles de cumplir cuando llegue el momento de gobernar.

En la campaña, sobre todo antes de la primaria, criticó al “gobierno de gerentes” de Cartes, pero ratificó el modelo económico de apertura comercial, proempresa, de rápido crecimiento y de baja inflación.

Prometió hacer más política social en un país en el que las necesidades siguen siendo extremas, pero ni siquiera insinuó la posibilidad de incrementar la carga tributaria para los más ricos para financiarla. Hay que recordar que la evasión es muy elevada y endémica en Paraguay, por lo que omitirla constituye un guiño al poder de siempre.

Apeló como principal arma electoral a la identidad colorada, pero prometió inaugurar nuevas formas de convivencia social, más amplias y adecuadas a los tiempos.

Cuestionó el veloz endeudamiento asumido en el Gobiernos saliente, pero, cuando se le pregunta cómo hará para mejorar los servicios básicos y la asistencia a los más pobres solo habla de redireccionar las futuras colocaciones.

Lo más factible es que, si todo se da como está previsto, a partir del 15 de agosto se observe un cambio de discurso y de estilo pero pocas alteraciones de fondo.

Abdo probablemente cumplirá con su palabra de no buscar la reelección, pero habilitará el tema en el Congreso. Se autoexcluirá para 2023, de modo de hacer viable la reforma, pero tendrá fija la idea de regresar en 2028, soñando con que su edad le permita inaugurar una etapa de hegemonía.

La política exterior continuará por los carriles conocidos, aunque sí se quiere permitir una osadía: cambiar la relación diplomática con Taiwán, que ha sabido aceitar sus vínculos con la clase política del país, para establecerla con China, mucho más atractiva como cliente e inversora. Pero pretende hacerlo sin desairar a los viejos socios de la isla, a quienes les propondrá un elegante paso al costado.

NOMBRES EN ESPERA. “Marito” ya se prepara para gobernar y los nombres que tanto él mismo como su entorno mencionan para el futuro gabinete señalan una impronta clara: el mencionado compromiso con el modelo económico vigente y la unión de las diferentes tribus coloradas, de modo de no dejar a casi nadie afuera y no verse expuesto a zancadillas.

Uno que suena para un cargo relevante, probablemente el de jefe de Gabinete, es el de Ernst Bergen, quien fuera titular de la cartera de Hacienda en el Gobierno colorado de Duarte Frutos. De confirmarse eso, resultará claro que a Abdo no lo disuaden las denuncias de evasión y enriquecimiento ilícito que aquél sufrió durante sus dos años como ministro.

En Hacienda, en tanto, podría continuar Lea Giménez.

Otro caso de permanencia en aras de la unidad del partido sería la llegada del ex ministro y su reciente rival Peña, posiblemente al Banco Central.

Para la Cancillería, Abdo piensa en Luis Castiglioni, actual senador que va por la reelección como número dos de la lista. Se trata de un peso pesado de la ANR-PC.

TODO VUELVE A LAS FUENTES. Si el Partido Colorado es la fuente del poder en Paraguay, hay que resaltar que la disputa por el control de su maquinaria no quedó saldada para siempre en la primaria. Claro que el sector de Cartes acompañará al del abanderado presidencial, ya que sus destinos están atados en las listas partidarias. Sin embargo, el mandatario saliente no se conformará con la idea de una jubilación tranquila.

Así, no debe descartarse que la rivalidad entre este y Abdo se reedite en el mediano plazo, lo que abre el interrogante sobre los modos en que ambos protagonistas serán capaces de gestionarla. ¿Le habrá perdonado Cartes a su previsible sucesor el haberle cerrado el paso a la reelección? ¿La permanencia de cartistas en el futuro Gobierno será indicio del mantenimiento de una alianza que divida esferas de influencia o un intento de cooptación del nuevo jefe colorado?

Para tener éxito en una eventual puja, Abdo contará nada menos que con los resortes del poder. Para él será necesario, en ese sentido, lograr diferenciarse del clima de corrupción que rodeó a la administración menguante.

Una nueva etapa comenzará el domingo en Paraguay. Queda por verse cuánto de nuevo tendrá y si el país, por fin, cambia el movimiento circular por otro en línea recta hacia un futuro diferente.

(Nota publicada en Letra P).