Dólar e inflación: la sábana corta que le quita el sueño al Gobierno

Desde hace décadas, los precios son el gran drama de la Argentina. Los de los bienes y servicios de consumo, claro, que se reflejan en índices de inflación que, más allá de algún oasis pasajero, han sido crónicamente altos. Y también el del dólar, más vinculado a aquellos aquí que en casi cualquier otro país del mundo. Ahora, justo cuando el Gobierno de Mauricio Macri se acerca al año en el que buscará revalidarse en las urnas, descubre que su principal promesa, la de estabilizar la moneda y resolver de raíz esos dos problemas, acaso reciba un aplazo de la sociedad.

La historia reciente es conocida. A fines del año pasado, un déficit comercial nominal de 8.000 millones de dólares, que fue récord histórico, y que más que se duplicó por el de la balanza turística, encendió las luces de alarma y llevó al oficialismo a prestar atención al atraso cambiario. Eso, sumado a la necesidad de apuntalar un crecimiento que amenazaba con amesetarse, permitió que el jefe de Gabinete, Marcos Peña, impusiera una vez más su punto de vista y forzara al titular del Banco Central, Federico Sturzenegger, a bajar la tasa de interés. El resultado es conocido: el dólar subió por el ascensor, como se comprobó en marzo y se comprobará en abril… y la inflación también. ¿Y ahora qué sigue? ¿Y en el 2019 electoral que ya todos comienzan a jugar?

“Si recordamos que después de la salida del ‘cepo’ el dólar se terminó acomodando en alrededor de $ 13,50 y si vemos lo que pasó con los precios, estamos en una situación relativamente aceptable. Lo que pasa es que desde la conferencia de prensa del 28 de diciembre, cuando se anunció la flexibilización de la política monetaria, una decisión mala y mal implementada, salió todo mal. Sin embargo, ya van algunas ruedas en que el dólar se mantiene tranquilo sin que intervenga el Banco Central, por lo que se puede esperar que el mercado vaya encontrando una estabilidad”, dijo el economista jefe de Elypsis, Gabriel Zelpo.

“El dólar está clavado porque el Banco Central estuvo vendiendo desde marzo y hasta los primeros días de abril a la espera de que se calmara un poco la demanda y de los dólares del campo. Cuando lo dejó subir, en parte por el atraso que habían generado el año pasado, lo hizo muy rápidamente, lo que terminó impactando fuertemente en la inflación, por lo que decidieron frenarlo. Con la inflación estamos medio jugados, por lo que creo que el dólar a partir de ahora debería acompañarla. Estos dos meses debería estar tranquilo por el ingreso del dinero del campo, pero después la demanda puede volver a activarse”, le dijo a Letra P el analista financiero Christian Buteler. Así, “queda planteada una disyuntiva, el tema de la sábana corta: si dejan quieto al dólar, con la inflación que tenemos, producen un atraso cambiario; pero si lo sueltan, sube la inflación”, agregó.

Consultado por este medio, Amílcar Collante, economista del Centro de Estudios del Sur (CeSur), recordó que “si se mira la película completa en lugar de hacerlo mes a mes, se advierte que la decisión de modificar la política monetaria apuntó a ganar competitividad. El tipo de cambio multilateral, con el que el Banco Central mide la relación con nuestros principales socios comerciales, en el día de la conferencia de prensa, el 28 de diciembre, estaba cerca de 93 puntos sobre la base de 100 de la devaluación por la salida del cepo. Así, en diciembre, el tipo de cambio estaba apreciado un 7% en comparación con aquel momento. Hoy se ubica en el mismo nivel. ¿Qué fue lo que pasó? Que saltó el tipo de cambio nominal pero que atrás corrieron los precios. Para peor, las monedas de la región estuvieron depreciándose, algo que fue especialmente claro con respecto a Brasil, lo que hace que estemos perdiendo competitividad frente a nuestro mayor socio. Dicho esto, el déficit comercial del primer bimestre con Brasil fue un 36% mayor que el del mismo período de 2017”. Y agregó: “Si eso es así después de haber tenido una apreciación de más del 10% del dólar mayorista, resulta claro que tratar de ganar competitividad a través de una devaluación tiene patas cortas porque los precios después compensan ese salto”.

Los economistas consultados para este artículo esperan que, tras la calma de la temporada alta de “sojadólares”, por más que vengan menguados por la cosecha, en el segundo semestre puede volver a registrarse un aumento de la demanda de la moneda estadounidense.

Para Collante, “como se espera que la inflación termine el año en cerca del 21 o del 22%, la clave es ver cuánto se va a mover el tipo de cambio de acá en más”. “Hay que entender que los dólares llegan al país por tres vías: los del agro, que tendrían que empezar a aparecer ahora; los del carry trade, que llegan para que el inversor se pase a pesos y aproveche la tasa de interés, lo que está volviendo con las garantías de estabilidad cambiaria que da el Banco Central; y los de la deuda, que son los que van a faltar , porque (el ministro de Finanzas) Luis Caputo dijo que no se va a tomar más deuda en los mercados externos en lo que queda de 2018. Así, entre junio y julio podemos volver a tener alguna novedad con el movimiento tipo de cambio. Y después, desde el último trimestre, va a haber que empezar a mirar al escenario electoral”, explicó.

En tanto, de acuerdo con el especialista en comercio exterior y director de la consultora DNI, Marcelo Elizondo, “punta a punta, creo que en 2018 vamos a tener un dólar que va a andar más o menos a la par de la inflación.  Igualmente, por sus desequilibrios, la Argentina va a ser un país de atraso cambiario por los próximos años”.

El dato a seguir es, en ese sentido, en qué medida influirá el dilema de la sábana corta. ¿Bajará la inflación en línea con las esperanzas oficiales desde junio o julio, cuando dejen de pesar los fuertes aumentos de tarifas acumulados en la primera mitad del año? ¿Habrá margen para soltar un poco al billete verde? ¿O un aumento de la demanda pondrá otra vez en el primer plano al Banco Central vendiendo reservas para evitar que otra escapada complique más la lucha contra el aumento de los precios?

Si la inflación no diera tregua y se acentuara el atraso cambiario, el rojo comercial y, en general, de las cuentas externas se haría más intenso, poniendo presión sobre el otro foco polémico de la política económica: el endeudamiento. Ocurre que, incluso si el déficit fiscal desapareciera por arte magia, el país debería seguir tomando fondos en un mercado internacional que da cada día menos garantías para hacerse de los dólares necesarios para importar y para satisfacer la pulsión agitada de los argentinos por conocer el mundo.

El punto de partida es, como se dijo más arriba, un déficit externo que en 2017 fue récord histórico.

“Ese es uno de los grandes problemas del país y realmente no se le está encontrando la vuelta. No solo vamos a seguir teniendo déficit sino que es probable que este año sea mayor debido a la mala cosecha que provocó la sequía. Y el resto de las exportaciones ya sabemos cómo están y siguen sin activarse”, dijo Buteler.

“Mi previsión es que vamos a tener déficit comercial de nuevo este año, probablemente un poco más alto que el año pasado, porque las exportaciones van a reflejar la sequía. Si bien Brasil empuja al alza las industriales, en el mejor de los casos podemos llegar a una mejora general de las exportaciones del 3 al 5%. Mientras, las importaciones van a volver a crecer más, alrededor de un 8%, porque la economía también crecerá”, indicó Marcelo Elizondo. “Hay que entender esto más como una estimación que como una previsión, porque hay muchas variables que hoy no conocemos cómo van a evolucionar”, añadió. “Pero diría que el déficit comercial va a dar entre 8.000 y 10.000 millones de dólares y que a eso hay que sumarle el de la balanza de servicios, que va a dar otra vez un déficit de unos 10.000 millones, sobre todo por el turismo”, completó.

Lo preocupante es que la tendencia puede empeorar en 2019.

“Olvidate de que el año que viene dejen subir demasiado al dólar, porque es electoral. Normalmente en esos años los gobiernos buscan clavarlo para que no afecte a la inflación y los ayude políticamente”, advirtió Buteler. Y tiene razón. Las sucesivas administraciones sueltan la divisa en los años pares (Cristina Kirchner en 2014, Macri en los días previos a 2016), cuando todavía falta para reabrir las urnas. Mientras, en los impares, el atraso cambiario nos hace sentir un poco “más ricos”, aunque eso afecte a la industria y el empleo.

Zelpo dijo que “para 2019 espero una apreciación del tipo de cambio”, esto es más atraso del dólar. Eso es así “porque la economía va a seguir al alza y porque los factores estructurales van a seguir pesando, como el alto déficit fiscal, un gasto público que también va a seguir en niveles elevados y por manejarnos todavía dentro de una economía semicerrada. Que mantengamos un déficit externo alto, mientras el gradualismo se cubre con emisión de deuda, es un todo reto. Pero ojo que no hay muchos países del mundo de la magnitud de la Argentina que hayan podido resolver rápidamente ese problema”.

En su campaña, Macri había dicho que el de la inflación era un problema “muy fácil de resolver”; el de los sobresaltos del dólar, debía zanjarse por añadidura. Pero su Gobierno sigue tropezando. Y cada día se interroga, solo para cambiar al siguiente, si siente frío en la cabeza o en los pies.

(Nota publicada en Letra P).

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