Hierve Brasil: Lula entra en prisión

Casi un día después del plazo previsto por el juez Sérgio Moro y con todo Brasil pendiente del desenlace de una crisis delicada, Luiz Inácio Lula da Silva decidió  este sábado entregarse a la Policía Federal para comenzar a purgar la condena de 12 años y un mes de cárcel que se le impuso en segunda instancia por corrupción pasiva y lavado de activos.

Eso ocurrió después de una misa en homenaje a su esposa Marisa Letícia, que murió hace poco más de un año, frente al sindicato de los metalúrgicos de São Bernardo do Campo. Justo enfrente de donde se había mantenido en abierto desafío a aquella orden judicial, rodeado de miles de incondicionales que disuadieron largamente cualquier posible operativo para arrestarlo.

Tras ser casi despedido con cariño por su amigo y obispo emérito de Blumenau Angélico Sândalo Bernardino, el líder de la izquierda no defraudó a los presentes y habló desde el palco.

Nombró y agradeció a cada uno de los dirigentes políticos y sociales presentes, incluidos los candidatos presidenciales de organizaciones de izquierda que, en teoría, van a competir con el del PT en octubre. Interesante: Lula, descartándose a sí mismo, ya empezó a unir voluntades en torno a la postulación de un delfín. Ese será uno de los datos clave a desentrañar en lo inmediato.

“Voy a cumplir con el mandato (judicial); ya no tengo edad para hacer otra cosa que no sea enfrentarlos cara a cara”, anunció, en medio de los lamentos de la multitud de miles de personas que lo escuchaba. Entra así en prisión, como ya le había ocurrido durante la última dictadura militar.

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“Los poderosos podrán matar una, dos, cien rosas, pero no jamás van a impedir la llegada de la primavera”, parafraseó a Pablo Neruda. “Todos ustedes, de aquí en adelante, ya no se van a llamar ‘Chiquinha’ o ‘Pedrinho’, todos ustedes son Lula y van a ir por el país haciendo lo que es necesario hacer. La muerte de un combatiente no para la revolución”, dijo, sacándose prácticamente de la carrera electoral.

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“No importa que ellos intenten pararme. Yo no voy a parar porque no soy un ser humano, soy una idea y estoy en todos ustedes”., dijo. “Quiero hacer aquí una transferencia de responsabilidad: ellos piensan que su problema es solo Lula. Van a descubrir que el problema son todos ustedes. Mis ideas ya están en el aire y no tienen cómo atraparlas”, agregó en un discurso de alto nivel emotivo.

Antes de esos momentos culminantes, el ex presidente se había referido a su situación judicial.

“Estoy procesado por un departamento que (Moro) sabe que no es mío, pero igual me condenó. Tengo la consciencia tranquila y no me considero por encima de la Justicia. Creo en la Justicia, pero en una Justicia justa, que se base en pruebas concretas. No en un procurador que fue a la televisión con un PowerPoint que decía que el PT es una organización criminal”, denunció.

“No les puedo perdonar que por medio de la mentira le hayan pasado a la sociedad la idea de que soy un ladrón. Sin pruebas, solo con ‘convicción’”, disparó contra uno de los fundamentos más cuestionables de las sentencia sobre el tríplex. “Que él (Moro) se guarde la ‘convicción personal’”, dijo.

“No estoy contra la (operación) Lava Jato: quiero que sigan atrapando ricos. Pero el problema es que no se puede juzgar diciendo que ‘no se puede ir contra la opinión pública’. ¡Si van a juzgar así, dejen la toga y váyanse a un partido político!”, desafió.

“Mintieron en mi proceso y digo con seguridad: ninguno de ellos duerme con la consciencia tranquila como yo duermo con mi inocencia”, insistió.

Mientras los medios y los jueces “más me atacan, más crece mi relación con el pueblo brasileño”, arengó.

En su discurso intenso, vinculó las causas en su contra a su labor como presidente en la etapa socialmente más incluyente de la historia brasileña. “Si ese fue mi crimen, seguiré siendo un criminal”, gritó, dejando sentado, ante todo Brasil, que se siente víctima de las mentiras de la prensa (con especial énfasis en la red Globo) y un sector de la judicatura. En ese sentido, se burló del “orgasmo múltiple” con el que los responsables de ese multimedio buscarán su foto de presidiario.

“El golpe que comenzó con la destitución de Dilma solo va a terminar cuando convenzan a la gente de que Lula no puede ser candidato en octubre de 2018 (…), de modo que los pobres solo puedan acceder a una vida de segunda categoría”, sentenció.

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Poco antes de su aparición pública, el ex presidente había grabado un video para que fuera divulgado después del arresto. De acuerdo con testimonios de los presentes, debió ser interrumpido varias veces por un Lula llegó a llorar. “No tengo miedo de lo que viene en el futuro”, dijo.

La extensa porfía del líder de la izquierda y sus militantes, sostenida durante dos jornadas tensas, apuntó, más que a retrasar una detención inevitable, a preparar el clima político que facilite su futura salida.

Para eso demostró su manejo de la calle, con el bonus track de no darles a sus enemigos la satisfacción de ir a Curitiba con una bandera blanca en la mano, del modo en que, virtualmente, Moro lo había emplazado a hacerlo.

A pesar de que la manifestación que lo arropó fue multitudinaria pero no la “pueblada” que el Partido de los Trabajadores podría haber soñado en sus horas más felices, el ex presidente demostró que es el único líder político capaz de manejar la calle, en lo que para muchos supone una amenaza implícita de violencia.

Su largo desafío es, por sobre todas las cosas, un mensaje al Supremo Tribunal Federal, que por mínima mayoría ignoró que la jurisprudencia con la que avaló el cumplimiento anticipado de sentencias es violatorio del principio de presunción de inocencia, consagrado en el artículo 5, inciso LVII de la Constitución.

El mensaje también apeló a la clase política que, en gran medida, chapotea en el fango del petrolão. Si a Lula lo meten preso, ¿qué pueden esperar dirigentes como Michel Temer y decenas de diputados, senadores y funcionarios menos relevantes?

Todo apunta a que esa clase política se una corporativamente para desactivar la operación Lava Jato, una tarea que va comenzar por el propio Supremo.

Este deberá desandar el camino sinuoso que siguió en los últimos años. por haber cedido a las ansias punitivistas de “la calle” habilitó una nueva juridicidad “creativa”, basada en las prisiones preventivas interminables destinadas a generar “arrepentidos” en serie y en la conculcación del derecho de los reos a aguardar en libertad el “tránsito en juzgado”, es decir la sentencia firme.

El STF deberá encontrar la oportunidad para tratar la cuestión de fondo que hace posible el encarcelamiento de Lula. Entonces se espera que la jueza Rosa Weber vote, por fin, de acuerdo con ella misma definió como su convicción íntima, esto es restableciendo la primacía de la presunción de inocencia, al revés de lo que, inexplicablemente, hizo al tratarse el habeas corpus preventivo pedido por la defensa.

Según los abogados de Lula, eso ocurrirá pronto, en semanas o, como máximo, “en pocos meses”.

Si la presidenta del alto tribunal, Cármen Lúcia Antunes, mantiene su decisión de no habilitar el tema, algún otro ministro puede reclamar su introducción en la agenda. Pero se habla de “meses” porque en septiembre esta dejará la titularidad del cuerpo en manos de Dias Toffoli, un juez del sector que impulsa la modificación de la actual jurisprudencia.

(Nota publicada en Letra P).

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