$21 ahora; $23 a fin de año: la proyección del dólar según los economistas

El Banco Central rompió el lunes una veda autoimpuesta e intervino en el mercado cambiario cuando el dólar se empinaba más que lo conveniente. El martes, la divisa volvió a trepar, para cerrar a $20,61 en el tramo minorista y a $20,355 en el mayorista, ambos récords nominales históricos, pero la entidad se abstuvo de meter la mano. Mientras se espera a lo que ocurra durante la rueda de este miércoles y en las próximas, cabe la pregunta: ¿fue suficiente la señal enviada en el comienzo de la semana por el presidente del Banco Central (BCRA, Federico Sturzenegger?

No se trata solamente de que la autoridad monetaria haya quebrado su veda desde antes de las PASO de agosto, cuando el mercado financiero temía un “efecto Cristina” y presionaba sobre el dólar. Además, el propio Sturzenegger se refirió varias veces a las bondades de un esquema de flotación libre. En efecto, en las Jornadas Monetarias del BCRA de septiembre del año pasado, había dicho que “la flotación cambiaria es una pieza angular y es muy importante porque nos ayuda a acomodarnos a shocks externos como fueron el brexit, las elecciones en Estados Unidos o la inestabilidad política de Brasil, en las que el tipo de cambio se movió y se acomodó y eso permitió a la economía transitar su recuperación sin sobresaltos”.

Con todo, el lunes hubo un giro, que parece una continuidad de la intervención suave de la Jefatura de Gabinete sobre el Central, que había comenzado en diciembre cuando se decidió “recalibrar” la utópica meta de inflación vigente hasta entonces. Con ese gesto, cuyos resultados habrá que valorar en el tiempo, el jefe de Gabinete Marco Peña (y el presidente Mauricio Macri, claro) desactivaron una ficción. Con la nueva actitud de intervención en el mercado cambiario, se desmonta otra, porque la flotación de ningún modo pudo haberse considerado libre hasta ese momento, toda vez que la cotización de la divisa estaba distorsionada a la baja por el permanente ingreso de dólares de deuda y financieros al país.

La venta de 30 millones de dólares provenientes de las reservas fue tan modesta en monto como significativa en contenido político: el billete verde ahora tiene un techo definido por un Central con reservas más que suficientes.

“Hasta que no cierren las paritarias más importantes, lo van a tratar de sostener por debajo de los 21 pesos. Luego de eso, creo que van a aflojar la regulación que hace el Central vía intervenciones propias o de bancos públicos”, le dijo a Letra P la exministra de Economía bonaerense Silvina Batakis.

El analista financiero Christian Buteler estimó que “de acá a fin de mes no va a pasar de los 21 pesos y creo que incluso van a tratar de mantenerlo debajo de eso. Y no es porque al Gobierno no le convenga una devaluación, que haría más competitivas las exportaciones y bajaría el peso de las Lebac en el balance del Banco Central, sino por el riesgo de traspaso a precios en un contexto de inflación alta. Entonces no pueden dejarlo escapar y lo cierto es que el Central tiene poder de fuego como para poder contrarrestarlo”.

“Estamos bajo una demanda de dólares que, si bien no es fuerte, es continua. Todos los días ves que sube un poco, tal vez descansa un día y después vuelve a subir, con un volumen negociado por encima del promedio. Hay una dolarización de carteras, de eso no hay duda. No es nada para alarmarse, pero sí un goteo constante de salida”, agregó.

Amílcar Collante, economista del Centro de Estudios Económicos del Sus (CESUR), apuntó a las causas del fenómeno. “A diferencia de 2017, el dólar a va a moverse en sintonía con los precios. En 2017 vimos que durante los primeros once meses el dólar subió solo 10% y otro 10% en diciembre. El dólar corrió la carrera contra los precios siempre desde atrás. Este año eso es diferente en parte porque el cambio de metas de inflación y el relajamiento de las tasas de interés, y esto se mantendrá a lo largo del año. Precios y dólar va a ir a la par”.

Otros aspectos que justifican que la demanda de billetes supere de manera persistente a la oferta son la sequía, que va a limitar el flujo estacional de “sojadólares” habitual desde mediados de este mes; el crecimiento de la economía, que si bien es modesto, asegura un flujo sostenido de importaciones; problemas con ítems importantes de exportación como el biodiesel y al acero, impuestos por Donald Trump; un déficit comercial que amenaza con seguir en niveles récord pese a la corrección cambiaria en curso; y la mencionada dolarización de carteras, dada por la certeza de que la Reserva Federal seguirá subiendo su tasa de referencia sin prisa pero sin pausa.

Así las cosas, si se supone que 21 es el número mágico de la cotización para las próximas semanas, para fin de año los especialistas apuestan al 23.

“Para fin de año se espera un dólar cercano a 23 pesos en el tramo minorista. Eso daría un alza de 22,5% con respecto al inicio del año”, anticipó Collante a Letra P. El número es el mismo que menciona Fausto Sportorno, economista jefe de la consultora Orlando Ferreres.

Entonces, ¿será suficiente la señal del lunes de Sturzenegger para frenar la tendencia alcista de la divisa? El consenso es que poder de fuego no le va a faltar, precisamente. La cuestión pasa por la credibilidad.

Como en otros aspectos de la política económica, los agentes del mercado se quejan de una falta de coherencia o, al menos, del modo confuso en que las medidas se presentan en público. La supuesta flotación libre dio lugar, el año pasado y ahora de nuevo, a una administrada. Pero en el medio también hubo intervención, si no del Central, sí directamente del Tesoro y de bancos públicos. ¿Hasta qué punto, entonces, hay una coordinación de esos esfuerzos intermitentes?

Martín Redrado, por su parte, habló de una “flotación confusa”. ¿Qué conclusión sacan entonces los inversores?
Desde el inicio de la gestión macrista, el incentivo fue que estos se posicionaran en pesos, aprovechando el elevado nivel de las tasas de interés para realizar fuertes ganancias contra un dólar que, tras la devaluación de diciembre de 2015, siempre estuvo planchado o a la baja. Se trata del conocido carry trade, un esquema razonable desde el punto de vista del interés privado por obtener una renta pero difícil de encajar en un modelo de país que crece y se desarrolla. Desde diciembre, con el cambio de la meta y los movimientos del dólar, el mensaje fue el opuesto: convenía dolarizar carteras. Ahora, con el Central poniendo un techo a la cotización, pareciera que se vuelve al punto de partida. Todo a alta velocidad y en muy poco tiempo.

Pablo Castagna, economista de Portfolio Personal, dijo en declaraciones a FM Milenium que “la inflación va a ir moviendo el techo que se fijó el lunes. Para los inversores, el nuevo escenario invita a volver a apostar a la tasa en pesos contra una devaluación esperada. Igual, hay que recomendar cautela, hasta que se vea si el mensaje es realmente claro o aún resulta difuso. Tengamos en cuenta que desde diciembre, ese tipo de inversión perdió. La devaluación fue del 15% contra una tasa del orden del 2 al 2,5% mensual, lo que da una pérdida del 8 al 10% en dólares. La idea ahora es que se podría recuperar esa pérdida en dos o tres meses. Lo mejor es mantener un 25% de la cartera en pesos y diversificar”.

Si hay una estrategia, esta parece realmente de corto plazo y sinuosa. Que el dólar no se atrase, pero que su suba no se traslade a precios, para peor en un contexto inflacionario muy caliente, es algo así como encontrar la cuadratura del círculo.

(Nota publicada en Letra P).

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