El plan secreto de Mario Abdo en Paraguay

Desde que el domingo 17 de diciembre ganó las primarias de la Asociación Nacional Republicana-Partido Colorado (ANC-PC), Mario Abdo Benítez ya se imagina como presidente de Paraguay. Sabe que el camino a las elecciones del 22 de abril presenta dificultades y que la alianza liberal-luguista Ganar está en condiciones de darle pelea, pero su condición de postulante por el partido hegemónico del país lo convierte en amplio favorito. Así las cosas, ¿cuáles son sus planes? Algunos de ellos suponen llaman la atención por su audacia.

Buena parte de su hasta ahora exitosa construcción política, Abdo se la debe a su resistencia contra el intento del presidente saliente, Horacio Cartes, de forzar en el Congreso una enmienda para permitir su reelección, que a fines de marzo y comienzos de abril del año pasado derivó en graves hechos de violencia, en un asalto al Parlamento y en la muerte de un manifestante. Cada vez que se refiere a esos hechos, Abdo, hijo de quien fuera el secretario privado de Alfredo Stroessner, habla de instituciones y república. ¿Hay que creerle?

En la intimidad jura que, si gana el 22-A, no buscará la reelección y que volverá a su casa en 2023. Eso, claro, no significa que el debate sobre una reforma constitucional deba darse, incluyendo esa cuestión espinosa en un país que aún recuerda la dictadura de 35 años. Su idea es dar “el ejemplo” y excluirse de ese beneficio para darle transparencia al proceso. Asegura que solo cumplirá un mandato (“los segundos nunca resultan buenos”, argumenta), pero resalta que tiene solo 46 años: su proyecto personal no se limita a un quinquenio. Si logra la reforma y se retira, cree que el futuro le reservará la posibilidad de regresar por mucho más tiempo.

El camino a su candidatura fue complejo. La oposición interna a Cartes y a su frustrado delfín, Santiago Peña, nucleada en la marca Colorado Añetete (Colorado Auténtico, en guaraní), apostó, justamente a la mística partidaria y al rechazo al “Gobierno de gerentes”. Todo ello dejó heridas que deben ahora ser suturadas con premura para evitar que el partido llegue dividido en los hechos en abril, única brecha por la que podría filtrarse la derrota, cree el presidenciable.

Ya logró el aval público de Cartes y de Peña, pero esos pueden ser abrazos de oso. Lidia, en ese sentido, con un dilema, dado por dos sonados escándalos recientes en el cartismo, que él puede heredar.

Uno de ellos involucra al fiscal general del Estado, Francisco Javier Díaz Verón, imputado por enriquecimiento ilegal y tráfico de influencias. El trámite legislativo para forzar un juicio político en su contra fracasó por un puñado de votos, pero los legisladores de Colorado Añetete, coherentes con el discurso anticorrupción que los ha traído hasta aquí, votaron por esa opción junto con la oposición. Otra herida en la interna. Que Díaz Verón se haya licenciado en la Fiscalía mientras se sustancia la investigación y dejado el puesto en manos de su número dos, el fiscal Alejo Vera, puso paños fríos a una fiebre que sigue siendo alta.

El otro escándalo, que implica al senador Óscar González Daher en hechos de corrupción, es todavía más serio para Abdo. La aparición de una serie de audios hizo insoslayable la cuestión, y aquel fue separado de su cargo por la propia cámara, con el voto del propio presidenciable, que se ufana de haber hecho posible una sanción sin precedentes en la historia del país.

Su drama es que González Daher quedó en un expectable quinto lugar para volver al Senado en la lista colorada y los pedidos de “Marito” para que renuncie por ahora caen en saco roto. “Eso nos puede complicar”, teme.

Otra cosa que inquieta a Abdo es el exceso de demandas que, sabe, enfrentará desde el primer día de su eventual Gobierno.  Esto tiene dos dimensiones. Una, las demandas de una sociedad agobiada y que no termina de sentir los beneficios de un modelo económico que ha generado crecimiento y estabilidad macro. Otra, las que provienen del aparato partidario que está cerca de encumbrarlo en el poder.

El crecimiento del PIB paraguayo es una verdadera montaña rusa, con años sorprendentes y otros malos. Pero todo eso se resume en una expansión promedio del 5 % en los últimos años. En paralelo, la inflación, con menos altibajos, promedió el 4,3 % en la última década. Sin embargo, en la era Cartes, la pobreza subió del 28 % en 2013 al 28,9 % en 2016 (último dato disponible). Y la indigencia también se elevó: del 5,42 % en 2015 a 5,73% en 2016.

Al respecto, en la intimidad, Abdo no se hace ilusiones. Sabe que el margen de acción que tendrá para distribuir el ingreso es acotado y ni menciona la posibilidad de una reforma impositiva progresiva. Con todo, confía en poder generar una sensación de mejora en la población. “No va a haber un mesías para reparar la enorme deuda histórica que arrastramos, pero sí hay margen para que se perciban beneficios en el mediano plazo, para que podamos entregar el país mejor de lo que lo recibimos”, explica, según una fuente muy cercana a él.

¿Cómo lo haría? En este punto su discurso se torna gaseoso. Promete mantener la estabilidad y el crecimiento, esto es, el modelo vigente. No habla de modificaciones en la estructura impositiva. Denuncia que el presidente saliente duplicó la tradicionalmente baja deuda del país, pero no habla de revertir esa política. Explica que es necesario renovar la atrasada infraestructura paraguaya pero critica que esos préstamos solo se hayan aplicado a ese fin. Apenas si habla de destinar parte de los recursos que se captan en los mercados financieros a fondear programas en salud y educación. Habla también de asistir al pequeño productor rural y urbano, destinando fondos a obras de impacto vecinal.

La otra deuda de Abdo Benítez es la que está contrayendo con el aparato colorado. Financiamiento, reconocimiento, cargos en el futuro Gobierno, todo eso y mucho más forma parte de los reclamos de la base, más ligados al interés de influyentes que a la convicción ideológica. Algo esperable, ya que Cartes descuidó ese poder permanente. Esto le costó caro a su delfín Peña y benefició a Abdo. El problema para este se presentará cuando los acreedores sientan que llegó la hora de pasar por caja a cobrar los servicios prestados.

En su concepción, que replica la moda de estos tiempos, Mario Abdo cree que la diplomacia debe aplicarse mucho más que hasta ahora a la búsqueda de oportunidades comerciales y de inversión. Para él, en algo que tampoco causa sorpresa en estos días, los debates ideológicos resultan obsoletos. “No hay derecha ni izquierda, solo intereses”, repite. Y considera que Paraguay, con sus escasos siete millones de habitantes, necesita del Mercosur como plataforma al mundo.

Fuera de la región, se propone romper con un viejo tabú, algo que nunca confesó públicamente. Se trata de un tema delicado en su país.

Paraguay es el único país de Sudamérica que mantiene relaciones diplomáticas formales con Taiwán y no con China. Las razones de ese anacronismo son un anticomunismo muy asentado en la clase política local y los vínculos que la isla supo aceitar en posiciones clave del poder.

Este es un tema que Abdo se propone abordar en su eventual administración, tratamiento con un final anticipado. El prominente lugar de China como importador de alimentos y emisor de inversiones apalancadas con créditos, llave en mano, resulta irresistible para alguien con las concepciones del líder colorado.

Como senador, él ha viajado a Taipei y no piensa morder esa mano. Confía, sin embargo, en negociar con los taiwaneses alguna fórmula que permita lograr de ellos un elegante paso al costado y poner en el primer plano el vínculo con Pekín.

El objetivo, que tocará unos cuantos intereses en Paraguay, parece tan razonable como complejo, pero demuestra hasta qué punto este joven político está dispuesto a olvidarse de los compromisos que encorsetan sus ambiciones.

(Nota publicada en Letra P).