Lula desafía y promete ser candidato. ¿Pero qué dice realmente?

Apenas se conoció el fallo de un tribunal de segunda instancia que lo declaró culpable de corrupción pasiva y lavado de dinero, y que incrementó a 12 años y un mes de prisión la condena de primera instancia, Luiz Inácio Lula da Silva apareció ayer ante una multitud en el centro de San Pablo. Desafiante, ratificó su candidatura presidencial, fustigó a la élite brasileña y denunció un pacto espúreo entre la prensa y el poder judicial. ¿Pero le hablaba en realidad a esa gente conmocionada?
“Ahora quiero ser candidato a la Presidencia de la República”, bramó. “Quiero que me pidan disculpas por la cantidad de mentiras que profieren sobre mí desde hace cuatro años”, dijo.
“Todo lo hacen para evitar que yo pueda ser candidato, ni (siquiera) ganar, solo ser candidato. Pero la provocación es tan grande que ahora quiero ser candidato a Presidente de la República”, enfatizó.
“Que se preparen, porque no solo vamos a gobernar de nuevo este país, sino que vamos a cuidar al pueblo. ¡Vamos a volver!”, porfió. Y agregó: “Pueden arrestar a Lula, pero no los sueños de miles de brasileños”.
Es imposible conocer los sentimientos más íntimos de un hombre que fue celebrado en su apogeo como una figura mundial y que hoy muerde el polvo de la deshonra y de un futuro cerca de la cárcel. Sin embargo, el tono de su discurso contrastó con la fragilidad de su posición ante los estrados y en la vida política.
Al fallar por unanimidad, la Sala Octava del Tribunal Regional Federal de la Cuarta Región, con sede en Porto Alegre, limitó sus posibilidades de apelación al Superior Tribunal de Justicia y al Supremo Tribunal Federal, en el primer caso sobre los fundamentos de la sentencia y en el segundo, por posibles fallas de constitucionalidad. Sin embargo, la jurisprudencia vigente del STF establece que una condena de segunda instancia, como la que se concretó ayer, es suficiente para que la prisión se haga efectiva. Agotados los recursos posibles ante el propio TRF4, meramente aclaratorios y que no modificarán el fondo de la sentencia, Lula podría gozar de, tal vez, uno o dos meses más de libertad.
En ese contexto, ¿qué viabilidad tiene una candidatura presidencial, aun si una extenuante pelea judicial la hiciera posible?
La cuestión de su inhabilitación debería ser tratada por el Tribunal Superior Electoral, que tendría que expedirse antes del 15 de agosto, cuando vence el plazo para la inscripción de las candidaturas. Toda una ironía: se evaluará la constitucionalidad de la ley de “ficha limpia”, promulgada por el propio Lula en 2010 y que permite la suspensión de los derechos políticos de los condenados en segunda instancia. Que esa sanción llegue antes de que haya sentencia definitiva plantea la duda de qué es lo que está haciendo Brasil con el principio de la presunción de inocencia.
La cuestión es grave y pone en máxima tensión, una vez más, a un sistema político castigado desde hace demasiado tiempo.
Si Lula, amplio favorito en todos los escenarios de primera y segunda vuelta, participa de los comicios de octubre, volvería al poder como un hombre cuyo prestigio quedó destruido ante amplios sectores de la sociedad. Si, en cambio, no se lo permiten, la legitimidad de quien resulte elegido nacerá comprometida tras un proceso visto por el otro Brasil como fraudulento.
“Tengo certeza absoluta de que hay una sola forma de abandonar la lucha, que es morir. Mientras mi corazón funcione y mi cabeza piense, seguiré la lucha. No desistan, no se desanimen, porque ellos quieren sacarnos el derecho a ser felices y a soñar”, les dijo Lula a sus incondicionales en San Pablo.
El desafío y la insistencia en seguir presentándose como presidenciable pese a todo acaso tengan como finalidad incrementar la presión para mejorar el trato que le den los tribunales que tendrán la última palabra sobre su destino.
Acaso pronto se resigne a que la magnitud de la derrota judicial que sufrió ayer limitará su pelea más a no terminar en prisión que a un intento de volver al Planalto.
En voz baja y entre sollozos, el PT comienza a pensar en un “plan B”.

(Nota publicada en Letra P).

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