Macri o Cristina: un duelo que puede ir mucho más allá de octubre

Desde que Cristina Kirchner hizo oficial su candidatura a senadora el último sábado, una parte de los inversores financieros cayó en la cuenta de la posibilidad de que gane la próxima elección legislativa en la provincia de Buenos Aires y, temerosa, comenzó a redolarizar sus carteras.

En esa línea, el Gobierno juega fuerte y presenta la cita en las urnas como un juego a todo o nada que demostrará si los argentinos reinciden en el “populismo” o si abrazan definitivamente el “cambio”.

Para aquel sector de la oposición, en tanto, lo que se juega es si la sociedad le pone un freno al “ajuste” que se intensificará ni bien se terminen de contar los votos.

Por enfrentados que estén, todos ellos coinciden en que el 22 de octubre se saldará la pelea de fondo de la política nacional: Mauricio Macri o Cristina. Sin embargo, todo indica que el resultado no dejará vencedores ni perdedores absolutos y que la incertidumbre se prolongará hasta 2019, cuando se dirima la sucesión presidencial.

“Al día de hoy, el escenario no es el de un ganador nítido”, le dijo a ambito.com Celia Kleiman, directora CK Consultores-Polldata. “El trabajo se nos hace muy difícil a los encuestadores, porque las diferencias entre Unión Ciudadana y Cambiemos en la provincia de Buenos Aires probablemente van a estar cerca de los márgenes de error”, agregó.

Otro encuestador de primera línea, que pidió reserva de su nombre, coincidió en que “el que gane probablemente lo va a hacer por un margen quirúrgico”. “En términos generales, digamos que hay dos tipos de electores: los adherentes convencidos y los frustrados. La cuestión pasa por cuántos frustrados pueda atraer cada polo”, explicó.

Los especialistas consultados para esta nota aceptan que el escenario bonaerense parece bastante consolidado y que impone a los postulantes techos que les pueden resultar muy difíciles romper.

En concreto, es muy probable que entre el macrismo y el kirchnerismo concentren entre el 65 y el 70% de los votos y que Sergio Massa y Florencio Randazzo sumen al menos un 20%. De esa forma, si se tiene en cuenta lo que puedan obtener la izquierda y otras opciones menores, así como los votos en blanco y nulos, no es demasiado lo que queda por repartir.

Así las cosas, bien puede ocurrir que los títulos de los diarios del lunes 23 pongan énfasis, con toda lógica, en quién ganó y en quién perdió, mientras que los del martes 24 y los de los días posteriores sean más matizados y reparen en la falta de cambios drásticos en el mapa político.

La pequeña diferencia entre victoria y derrota puede centrarse en la irrupción del factor Randazzo. Mientras el Gobierno festeja su postulación porque divide el voto K, en el kirchnerismo plantean que, con toda el agua que corrió bajo el puente de la PASO frustrada, al exministro solo le queda pescar electores que fueron massistas en 2015 y que hoy buscan una alternativa más opositora. El argumento indica, como espejo del oficial, que lo que en realidad se dividió fue el voto anti-K.

Pero en privado la franqueza es mayor y uno de los intendentes que presionó con más vigor a favor de la candidatura de la expresidenta reconoció en diálogo con ambito.com que “‘El Flaco’ algo nos va a sacar; eso es inevitable y es un riesgo que sabemos que corremos”.

“La verdad es que nadie puede afirmar seriamente y con datos en la mano de dónde provienen los posibles votos de Randazzo. En una encuesta de mil casos, por ejemplo, un 5% equivale a 50 personas”, explica Kleiman. ¿Qué clase de afirmación científica puede hacerse con una submuestra tan pequeña?

El Gobierno festejó por partida doble: por un lado, por el salto de Cristina a la cancha; por el otro, por la ruptura del peronismo y por la persistencia de Randazzo en competir. Y su estrategia pasa por polarizar con la expresidenta. Su problema es que en el escenario mencionado de un posible resultado “quirúrgico”, el triunfo que sueña, por unos cuatro puntos de diferencia según arriesgan en la Casa Rosada, puede resultar poco concluyente como para que el kirchnerismo sea dado por muerto. Y ni hablar si el resultado es inverso.

La “grieta”, entonces, puede seguir vigen, un peligro cierto para un Gobierno que esgrime el fantasma del temor de los inversores a arriesgar dinero en el país y que plantea la elección en términos casi plebiscitarios aunque, en ese territorio clave, no tiene con qué aplastar a su rival. La comunidad de negocios desconfía de Cristina, es verdad; ¿pero eso no es equivalente a decir que recela de la consistencia del liderazgo de Macri?

Acaso el futuro se parezca al presente más de lo que se sospecha. En ese caso, si Cristina pierde, todo dependerá de si el grueso del peronismo se anima a desafiarla a fondo. Y si gana, de las limitaciones con las que emergerá de las urnas un Gobierno que pospuso las medidas más dolorosas para un momento de fortaleza que, tal vez, ya no conozca.

(Nota publicada en ambito.com).

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