Brasil: la vieja guardia pergeña una salida de Temer a su medida

Todo el mundo negocia con todo el mundo en Brasil “el día después”, esto es el siguiente a la caída de un Michel Temer que aún resiste pero al que le sobran augurios fatídicos.
Los senadores negocian nombres y los diputados reaccionan para que no los dejen afuera, mostrando que a veces el espíritu de cuerpo prima en ese país sobre las pertenencias partidarias. Incluso miembros encumbrados del gabinete son parte de esas tenidas. Brasilia y San Pablo bullen.
Entre tantas vías de negociación, sobresale una singular, que reúne a las tres principales organizaciones políticas del país: el Partido del Movimiento Democrático Brasileño (PMDB) del propio Temer, el de la Social Democracia Brasileña (PSDB) de Fernando Henrique Cardoso y el de los Trabajadores, de Luiz Inácio Lula da Silva. En el primero, un referente de consulta es otro exmandatario, José Sarney.
Curiosidades del Brasil de hoy: los tres ex están mencionados en las delaciones de los ejecutivos de Odebrecht a los magistrados de la “Lava Jato”. Bueno, Lula da Silva, bastante más que eso.
Las agrupaciones y sus referentes, miembros de la vieja política que emerge hoy tan contaminada, tienen una agenda de interés común. Una de cortísimo plazo: pactar un nombre para la eventual sucesión de Temer. Otra, de mediano: la supervivencia de esas siglas en crisis y una reforma política que termine con los Gobiernos sin mayoría y con los Congresos fragmentados, caldo de cultivo de la corrupción que financia pymes y hasta microemprendimientos políticos con enorme poder de chantaje. Elevar el piso de votos para ingresar a la legislatura es una idea que circula con fuerza.
Cardoso, impecablemente lúcido a sus 85 años, es el más activo operador de esas gestiones y, de hecho, su nombre cotiza. Recordemos que con él comenzó la era del llamado “presidencialismo de coalición”, delicioso eufemismo para dar cuenta de gabinetes elefanteásicos, ministerios loteados y cajas oscuras.
Los nombres de los partidos y los líderes involucrados hacen pensar a los suspicaces en otro objetivo, ya de más largo aliento: alguna suerte de amnistía para una clase política puesta en jaque mate por un sector de la justicia. El olor a “pizza” (como se denomina allí a los pactos espúreos para saldar casos de corrupción) es fuerte en el Distrito Federal.
Pero Lula, golpeado como está, pone condiciones. El reclamo de elecciones directas (que dependen de una enmienda constitucional que solo la presión de la calle podría imponerle al Congreso) es uno, pero lo cierto es que acepta discutir el nombre de quien debería designar la legislatura para completar el mandato hasta el 1 de enero de 2019.
En este último escenario, la exigencia fundamental es que el nombre del sucesor sea un “centrista”, esto es alguien capaz de sintetizar la fuerte distancia ideológica que media entre su PT, el pragmático PMDB y el hoy liberal PSDB. Cardoso le da cabida a esa idea y hasta teoriza sobre el retorno de la “tercera vía” que ensayó en los 90. Para imponerse, el mercado no se puede seguir ignorando el aumento del desempleo y el deterioro de los ingresos.
El distrito financiero de San Pablo presta atención. ¿Las reformas pendientes (la laboral, ya con sanción de Diputados, y la previsional), que considera clave, tendrían en ese escenario futuro en algún cajón?
Si eso se concreta (todo eso, desde la sucesión hasta el cajoneo de las reformas), es posible que el establishment entienda la gravedad del error que cometió al empujar a Dilma Rousseff al abismo. No porque le sobraran virtudes, sino porque apostó todas sus fichas a un Gobierno que nació carente de legitimidad y popularidad para sacar adelante las leyes con las que pretende dar nacimiento a un nuevo Brasil. El del voto es un camino largo e incierto, pero es el único posible para que los grandes proyectos perduren.
Todos esos enjuagues, sin embargo, dependen de que Temer deponga las armas. Pero después del jueves 18, cuando estuvo al filo de la renuncia, lo cierto es que se atuvo con uñas y dientes a la decisión final de dar pelea.
Este domingo habrá nuevas manifestaciones. La batalla campal del miércoles en Brasilia preocupa a todos. He ahí una de las posibles claves del futuro de quien ya parece un okupa en el palacio del Planalto.
La otra es la especulación sobre una salida judicial. El 6 del mes que viene, el Tribunal Superior Electoral (TSE) debe comenzar a decidir en el caso de financiación ilegal de la fórmula Rousseff-Temer de 2014, que podría llevar a la anulación del resultado electoral y a la destitución del mandatario. Hasta el estallido del actual escándalo, todo indicaba que había una mayoría de cinco a dos para hacer zafar al Presidente.
Sin embargo, el viento cambió y hay jueces que dicen abiertamente que las consideraciones sobre la “gobernabilidad” van a pesar en su sentencia.
Ese es hoy la señal que aguardan los dubitativos aliados de Temer para emprender la retirada.

(Nota publicada en Ámbito Financiero).

Anuncios