El femicidio y sus (más de) 140 caracteres

El machismo es una mierda.

Es una cárcel para las mujeres, que no las deja caminar en paz por la calle, que no les permite desarrollarse como quisieran, que no las habilita a sentirse libres ni siquiera en sus casas y que, en última instancia, las mata.

En última instancia.

Claro que vivimos en una sociedad machista y, en menor medida, hasta los hombres terminamos siendo víctimas de ella, presos como quedamos tantas veces de sus concepciones absurdas y antinaturales, absolutamente incompatibles con una vida feliz. ¿Pero el machismo explica por sí mismo la epidemia de femicidios que observamos? Es una condición necesaria de ella, ¿pero también es suficiente? ¿Solo el machismo explica que un hombre sea capaz de, además de despreciar y acosar a las mujeres, llegar a extremos como violar, asesinar a mano o con alcohol y fuego, a desmembrar y a desechar finalmente el cuerpo de un ser humano?

La sola mención de esas preguntas genera respuestas airadas en Twitter, una red social muy especial, que como el sacerdocio con el celibato, parece destinada a reunir especialmente a personas con vocaciones muy definidas. Todo, además, en la dictadura de los ciento cuarenta caracteres, más que suficientes para el insulto y la chicana pero muy escasos para la reflexión.

Decir que el machismo es condición necesaria pero no suficiente del problema es desde esa perspectiva, especialmente inflamada por el sufrimiento de estos días, un anatema. En parte se comprende. Pero en algún momento debería ser posible pensar colectivamente un tema de explicaciones difíciles.

¿Hay hoy más o menos machismo que hace diez años en una sociedad como la porteña, o la de las grandes ciudades argentinas? ¿Y que hace cinco? ¿Las mujeres son hoy mucho más insumisas que hace un año? ¿Que hace seis meses?

Probablemente todas esas preguntas merezcan un no por respuesta. Sin embargo, mientras tanto, los femicidios no dejan de crecer, la epidemia, de acelerarse y el pánico, de cundir.

Y no vale decir que antes también se mataba a mujeres. Es verdad, pero no en estos niveles, algo demostrable porque si las violaciones y los malos tratos tienen una estadística oculta, no denunciada, los asesinatos no. Y esto es así desde hace un buen tiempo. No por nada la figura jurídica del feminicidio es una incorporación reciente.

El «calendario» de abril motiva el espanto. Todos los días una mujer asesinada.

Insisto: el machismo es una causa necesaria del fenómeno, porque ubica a las mujeres en el lugar de objetos, les impide plantarse en un plano de igualdad, negarse a comportamientos requeridos por una contraparte más agresiva. Pero no lo explica todo.

Es en este punto que el Twitter lacónico, sentimental e impulsivo pasa al ataque: «justificás el machismo»; «los hombres nos matan porque decimos que no».

El miedo y la reacción emotiva se comprenden, pero restan. La consigna «ni una menos» debería ser todo lo colectiva que se pueda, aunque hay hombres y mujeres que no lo comprenden así.

Solo digo que el barro no es un ladrillo; alguien debe tomarlo con las manos, darle forma y cocinarlo.

Que, como judío, entiendo que el antisemitismo difuso de sectores sociales amplios no convierte a cada uno de sus portadores en Adolf Hitler. Hitler es el que EN UNA MOMENTO HISTÓRICO, entre otrOs pero de un modo desconocido hasta entonces por su sistematicidad, lo convirtió en asesinato masivo y exterminio.

Que el machismo despreciable no explica la totalidad del fenómeno creciente de los femicidios.

Algo más es necesario que ocurra en la mente de quien secuestra a una persona, la viola, se deleita con su dolor y su humillación, la asesina a mano, la quema, la desmembra y la arroja en un basural. Y se va para seguir con su vida.

Eso no es ese el extremo del machismo, el punto final de un continuo. Es un salto cualitativo. Es algo más.

Se tratará de locura, de psicopatía, de sociopatía, de pecado, de maldad, de hijoputez… cada uno dará su respuesta.

La pregunta que motiva esta reflexión pasa por ahí: si hay, en el peor de los casos, tanto machismo como antes, ¿por qué se asesina cada vez a más mujeres? En otras palabras, ¿por qué esta sociedad se convirtió en los últimos años es una máquina de producir, cada vez  a mayor velocidad, psicópatas, sociópatas, pecadores, malvados e hijos de puta?

Como el suicidio, el feminicio parece ser contagioso. Y como aquel, parece vincularse con una anomia fenomenal. Que los sociólogos, antropólogos y personas más lúcidas sigan con el diagnóstico. Yo llego hasta acá.

No, amigos de Twitter, no minimizo el machismo. Hay que combatirlo, cada día, en cada lugar y sin concesiones. Pero sospecho que parar con esta demencia asesina nos va a obligar a entender abismos mentales y sociales que no estamos ni siquiera vislumbrando y a librar peleas todavía  más difíciles que la cultural.

Nos espera una proeza.