Trump, el capitalismo estadounidense y la política en tiempos de Twitter

Es una especie de Guillermo Moreno con cuenta de Twitter. Pero mucho, mucho más poderoso y, por ende, con una capacidad de daño muy superior. Donald Trump se dispone a asumir la Presidencia de los Estados Unidos y a inaugurar un nuevo estilo político, en el que el uso de esa red social resulta clave para establecer amigos y enemigos, elogios y amenazas, ganadores y perdedores. ¿Resultará esa una forma de hacer política aceptable para los tradicionalmente rígidos cánones de la hiperpotencia? ¿El sistema terminará por domesticar al futuro presidente o, definitivamente, los Estados Unidos se latinoamericanizarán?

Dadas las diferencias de tradición política, lo que en esta parte del mundo se prestaría a polémicas en Estados Unidos directamente amaga con convertirse en tormenta. Bienvenidos a la política en tiempos de Twitter. Bienvenidos a la era Trump.

Las publicaciones en esa red social de micromensajes fueron para el magnate inmobiliario un arma eficaz a lo largo de toda la campaña. Desde allí debatió, atacó y se burló de actores, periodistas, medios y rivales políticos. Los editores de medios de todo el mundo se acostumbraron cotidianamente a bucear en esos mensajes en busca de “noticias”, hechos políticos de una nueva era.

Gobiernos extranjeros, como el de Corea del Sur, destacaron funcionarios en sus embajadas en Washington con la tarea específica de detectar y ayudar a responder los dichos de Trump en la red.

Mientras, grandes compañías le relataron a la prensa estadounidense que sus responsables de relaciones públicas comenzaron a despertarse a la madrugada para seguir los tuits de Trump, de modo de asegurarse una respuesta temprana a lo que, en cualquier momento, puede devenir en una crisis.

Los primeros ganadores de la tendencia serán los consultores en, justamente, manejo de crisis.

Ari Fleischer, secretario de Prensa de la Casa Blanca con George W. Bush, en los días calientes que fueron de enero de 2001 a julio de 2003, es hoy justamente asesor en manejo de crisis. Hace poco le dijo a The Washington Post que “el modo en que las compañías actúan bajo una coerción temporal a manos de la persona más poderosa del mundo es una prueba fascinante en vivo y en tiempo real”. De acuerdo con él, las opciones que un simple tuit de Trump le abren a las empresas se reducen a “ceder de inmediato o pensar a largo plazo y darse cuenta de que el momento de coerción pasará, que ya aparecerá otro tuit”.

Numerosas compañías ya cayeron en la filosa retórica del autodenominado “Ernest Hemingway de Twitter” (pidamos perdón al eminente escritor, aunque sea por un sentimiento de vergüenza ajena). Entre ellas, gigantes como Amazon, AT&T y Macy’s.

Asimismo, Boeing, a la que Trump amenazó con cancelar una orden de compra del nuevo avión presidencial, el Air Force One, por considerar excesivo el pago de 4 mil millones de dólares por un 747.

También Lockheed Martin, que procesa una orden de compra de aviones F-35 para el Pentágono.

Y, de modo reciente y destacado, automotrices como General Motors y Ford, número uno y dos, respectivamente, de los Estados Unidos y la japonesa Toyota, “culpables” de invertir en plantas en México en virtud de las disposiciones de un tratado de libre comercio, el NAFTA, que data de veinticinco años y que Trump amenaza con denunciar.

El curso de acción paciente que sugiere Fleischer no es el que parece predominar, ya que las empresas involucradas en las admoniciones electrónicas del presidente electo suelen generar respuestas temerosas y autojustificaciones en (¿cómo podría ser de otro modo?) Twitter.

Así lo hicieron, por caso GM y Toyota, mientras que Ford directamente canceló un proyecto de inversión de 1.600 millones de dólares para la construcción de una planta en el vecino del sur.

Lo que ocurre es que los tuits de Trump generan súbitos desplomes de los precios de las acciones, además de lo que suponen en términos de amenazas a futuro. La cancelación de los mencionados contratos no sería precisamente inocua para Boeing o Lockheed Martin, lo mismo que la anunciada imposición de “un pesado impuesto fronterizo” a la importación de autos desde México.

Cuando le tocó el turno a Boeing, las acciones se derrumbaron un 2 % en cuestión de minutos; en el caso de GM, la baja se acercaba al 1 % cuando la compañía decidió abandonar la postura zen.

Retomemos el ejemplo de General Motors para ponderar el potencial destructor de los 140 caracteres que Trump arroja como bombas. La publicación fue vista instantáneamente por los más de 19,5 millones de seguidores del presidente electo, recibió en poco tiempo unos 18 mil retuits y disparó un aumento del 200 % de las búsquedas en Google vinculadas con la empresa.

Así, una simple publicación en esa red social implica pérdidas instantáneas en el mercado accionario. Como en Estados Unidos la inversión en bolsa es una práctica mucho más difundida que, por ejemplo, en nuestro país, rápidamente surgió una “necesidad” rápidamente captada por una empresa.

Trigger Finance es una aplicación para teléfonos celulares que ofrece a sus usuarios el envío en tiempo real de alertas sobre acciones específicas, que se preestablecen a gusto del consumidor, cada vez que se “gatilla” (de ahí su nombre) una noticia. Ante la nueva tendencia, la app decidió que no bastaba con avisar con subas o bajas súbitas, récords al alza o a la baja o incrementos en la cantidad de papeles transados. Los tuits de Trump también forman desde ahora parte de sus alertas.

Una de las fundadoras y CEO de Trigger, Rachel Mayer, le dijo al “Post” que “cada vez que él tuitea, el mercado se mueve. Nuestros usuarios pueden ver eso como una oportunidad de inversión y como una manera de manejar su cartera de riesgo”.

El uso de esa herramienta polémica generó un debate dentro del equipo de Trump: ¿debería seguir tuiteando como hasta ahora cuando se instale en la Casa Blanca?; ¿sería esa una actitud responsable, “presidencial”? Según trascendió, el propio involucrado, siempre personalista, aseguró que no renunciaría a esa vía de comunicación, algo que por otra parte, resulta evidente dada su conducta durante la transición.

La gran pregunta que surge es hasta qué punto los Estados Unidos corporativos aceptarán las nuevas reglas de juego si, ya presidente en funciones, el republicano insiste en esos métodos de presión.

Hasta ahora, Wall Street desmintió las previsiones de bajas agudas y, en cambio, se mantuvo vigoroso ante la perspectiva de una economía en crecimiento más acelerado debido a los planes de expansión del gasto público. ¿Qué predominará? ¿El entusiasmo ante la posibilidad inmediata de mayores ventas y ganancias, o el rechazo a un intento personalista y “apretador” de reconducir el capitalismo estadounidense? En definitiva, ¿el interés de corto plazo o el sostenimiento de las tradicionales reglas de juego, las instituciones y el clima de negocios?

“Twitter es un arma muy, muy poderosa”, admitió el excomentarista de CNN y quien fuera el responsable de la campaña de Trump hasta junio del año pasado, Corey Lewandowski.

“Arma”… Una palabra interesante.

(Nota publicada en el diario Río Negro).