Temer y el Congreso, en pánico ante las confesiones de Odebrecht

Llega por fin la hora de la verdad para Brasil. ¿Qué fue entonces la destitución de Dilma Rousseff? Un episodio, claro que traumático, pero de ninguna manera terminal para el modo en que se hace política en ese país. Es que hay todavía allí muchos secretos capaces de terminar, si salen a la luz, no ya con un Gobierno sino con la propia república.
La doble vía negociadora que está a punto de cerrar el ejército de abogados del gigante de la construcción Odebrecht con la Procuración incuba ese posible colapso. Por un lado, la multa de 2.100 millones de dólares (que Estados Unidos ha tratado de hacer aun más grande) le permitirá comprar “lenidad” y evitar el riesgo de ser excluida formalmente del sistema de licitaciones de obra pública . Por el otro, la “delación premiada” a la que se acogerían el expresidente de la firma, Marcelo Odebrecht, y en principio 76 altos ejecutivos aliviaría las condenas sobre estos, en el caso del primero nada menos que 19 años y cuatro meses ya impuestos en primera instancia.
Para Odebrecht se trata de una cuestión de supervivencia. En medio de un desastre judicial y vaciada de sus ejecutivos más importantes por el peso de las acusaciones, el “acuerdo de lenidad” (clemencia) es una obligación. Esto, más que la tentación de delatar para zafar es lo que explica las noticias de ayer, cruciales para la que, pese a todo, sigue siendo la mayor constructora de Brasil y la única capaz de llevar a cabo simultáneamente varias obras de importancia.
Semiparalizada, Odebrecht debe más de 30.000 millones de dólares, cuya reestructuración ahora podrá acelerarse.
Su retorno a la actividad plena será también una buena noticia para el Gobierno de Michel Temer, que apuesta fuerte a que la obra pública ayude a sacar al país de la virtual depresión económica que sufre desde hace dos años. Eso, desde ya, si la onda expansiva de las delaciones no rompe antes todos los vidrios del Congreso y el palacio presidencial del Planalto: los arrepentidos de Odebrecht pueden enviar a la cárcel a decenas de políticos poderosos y ni el propio Temer tiene certeza de estar a salvo.
Ámbito Financiero habló con una fuente que conoce muy de cerca los humores del Congreso. “Habrá una explosión y no será una explosión controlada. Nadie está en condiciones de controlar lo que los delatores puedan decir. Todo el mundo está muy tenso y con una sensación fuerte de peligro”, dijo.
Como muestra, recordemos que la cárcel sigue siendo una posibilidad fuerte para Luiz Inácio Lula da Silva debido a sus lazos con esa compañía. Sumemos que la Policía Federal, enviada por los magistrados de la operación “Lava Jato”, se hizo en marzo con registros de Odebrecht sobre la financiación de las campañas de unos doscientos políticos para las elecciones de 2010, 2012 y 2014 por 55 millones de reales en negro, más de 16 millones de dólares al cambio actual.
El daño puede llegar, en teoría, al más alto nivel. Ya en agosto, cuando Temer se aprestaba a ser confirmado definitivamente en sustitución de Dilma, trascendió que Marcelo Odebrecht confesó que aquel le había pedido en mayo de 2014 “apoyo financiero” para campañas de políticos de su Partido del Movimiento Democrático Brasileño (PMDB), que se habrían traducido en un pago de 10 millones de reales en negro, unos 3 millones de dólares al cambio actual.
Por otra parte, el canciller José Serra, del aliado Partido de la Social Democracia Brasileña (PMDB), ha sido señalado como beneficiario de 23 millones de reales (casi 7 millones de dólares) para su “caja dos” electoral. Serra tiene aspiraciones presidenciales y su agrupación ha sido una de las más indignadas en el repudio a la corrupción del Partido de los Trabajadores.
Los principales medios brasileños afirmaban ayer que en el Planalto se teme seriamente por la suerte de al menos cuatro ministros. De concretarse, tal cosa supondría un golpe severo a la credibilidad de una administración que la necesita imperiosamente para hacer viable el implacable ajuste del gasto que pretende imponer por nada menos que veinte años.
Uno de los arrepentidos clave de la “Lava Jato, el exsenador petista Delcídio do Amaral, dijo en su momento que si los hombres de Odebrecht abrían la boca, lo que caería sería la República. Y en mayo, el expresidente José Sarney aseguró en una escucha filtrada a la prensa que el daño que eso puede causar sería el equivalente al de “una ametralladora calibre 100”.
A ese abismo se asoman desde hoy Michel Temer y todo Brasil.

(Nota publicada en Ámbito Financiero).