Los mercados ven un 2017 optimista an América Latina (pero ya se ponen impacientes)

Hace un año, cuando comenzaba una etapa muy difícil para los mercados emergentes, los precios internacionales de las materias primas se desplomaban y las transiciones políticas en los países más importantes de América del Sur eran todavía un manojo de incertidumbres, algo que se reflejaba pesadamente en sus economías, era imposible prever este presente. En lo que va del año, las bolsas regionales volaron, los términos de intercambio se estabilizaron en niveles más compatibles con un proceso de crecimiento y los cambios políticos son, en buena medida, un hecho. ¿Todo está dispuesto, entonces, para que 2017 sea el año de la revancha de América Latina?

Con las debidas precauciones, podemos considerar lo financiero como un indicador, al menos, de las expectativas de los hombres y mujeres que deciden cada día el destino de inversiones por miles de millones de dólares, tanto propios como de clientes. Al cierre de este artículo, la Bolsa de San Pablo acumulaba una ganancia en dólares del 65 % desde el comienzo del año, constituyéndose en la estrella descollante de la región. La seguía de cerca la de Lima, con un 61 %. Despegadas de ellas, pero siempre en un terreno muy positivo, las de Bogotá, Santiago y Ciudad de México exhibían subas del orden del 18 %, y la de Buenos Aires, casi un 16 %.

“Las bolsas que más subieron son las que tuvieron catalizadores políticos. Lo de Brasil se explica por el avance del juicio político a Dilma (Rousseff), mientras que lo de Perú se consolidó por la elección en abril de un presidente con sesgo promercado (Pedro Pablo Kuczynski). En el caso de la Argentina, recordemos que el mercado ya tenía priceado el cambio” del kirchnerismo al macrismo, le dijo a Bank Magazine Cristian López, partner y CEO en Consultatio Asset Management.

Leonardo Chialva, Chartered Financial Analyst y socio en Delphos Investment, explica en diálogo para esta nota que “los factores son variados, pero claramente el cambio político pesó sobremanera en Brasil, donde los activos financieros experimentaron en el primer semestre del año una fenomenal recuperación desde niveles de valuación muy bajos. Sin embargo, lo visto en los últimos meses está mucho más vinculado con un contexto internacional extremadamente favorable, ya que los inversores se pusieron en modo risk on» y salieron a buscar rendimientos en un mundo de tasas cero o negativas”.

“Existe un contexto económico global favorable que se caracteriza por la aceleración del ritmo de crecimiento –magro, pero crecimiento al fin-, bajas presiones inflacionarias globales –que, de hecho se desaceleraron en los últimos meses- y estabilidad de las monedas centrales. Podemos decir que ese contexto explica lo que está sucediendo en un 80 %; el otro 20 % se debe a los cambios políticos positivos que se dieron en Argentina, Brasil, y Perú”, añade.

A ese doble contexto, se suma, claro que vinculada, una recuperación considerable de los precios de algunas de las materias primas de exportación de la región. Desde enero y al cierre de este número de Bank Magazine, la soja aumentó un 15 % y el petróleo, casi un 30 %. Si bien esos productos emblemáticos ni siquiera se acerquen a sus picos históricos, alcanzan para que el año próximo traiga una recuperación a las principales economías sudamericanas.

“La segunda mitad del año pasado y el comienzo de este año, hasta febrero aproximadamente, fueron muy malos para los mercados emergentes. En ese momento no había una liquidez como la que encontramos ahora y existía la idea de que la Reserva Federal podía empezar a subir la tasa. Los inversores entonces no tocaban activos que pudieran verse dañados en ese escenario, por lo que se produjo una salida neta de capitales de los mercados emergentes muy profunda, de China sobre todo, pero no solo de allí. En marzo cambió el clima cuando Janet Yellen salió a bajar los decibeles”, recuerda el economista José Siaba Serrate. “Hoy, en contraste, se ve que no va a haber una política agresiva en esos términos, y que si sube la tasa probablemente será solo una vez y de manera suave. Por eso los emergentes vuelven al primer plano. La clave para la región es que no se espante el flujo de capitales”, agrega.

En ese entorno, en julio último se produjo el pico anual del flujo de fondos hacia bonos de mercados emergentes, por un total de U$S 14.000 millones.

Alberto Bernal, jefe de Mercados Emergentes y estratega global de XP Securities, le cuenta una anécdota a Bank Magazine. “Recuerdo una reunión que tuve con inversionistas institucionales en Boston a principios de año, en la que se expuso porqué muchos comenzarían a invertir con fuerza en mercados emergentes. La razón era que estaban convencidos de que el proceso de irrigación adicional de la economía mundial recién comenzaba. Ahora, si todos pensábamos que había una expectativa de aumento de liquidez internacional, la realidad hizo que nos quedáramos cortos. Ese aumento impresionante de la liquidez internacional es lo que movió los mercados. Europa imprimió más moneda, Japón imprimió más moneda, Inglaterra imprimió más moneda y la Reserva Federal decidió no subir las tasas: todo eso generó una clarísima necesidad para el inversionista internacional, que tiene que generar retorno para pagar a sus ahorristas, lo que a su vez lo llevó a interesarse por opciones más riesgosas. Allí entraron los mercados emergentes”.

Ese contexto, a priori, debería persistir. La economía estadounidense avanzó a un ritmo moderado del 1,2 % en el segundo trimestre, lo que lleva a Standard & Poor’s a proyectar un crecimiento menor al 2 % para todo el año, previsión que XP Securities reduce a un 1,5 %, realidad que, en el trazo grueso, proyecta para el año que viene.

La presidenta de la Reserva Federal aludió hace poco a una suba de la tasa en la conferencia anual de banqueros centrales de Jackson Hole. “Los argumentos a favor (de esa opción) se han reforzado durante los últimos meses”, dijo Janet Yellen. Sin embargo, no dio pistas sobre si eso ocurrirá en lo inmediato.

Como dice Siaba, todo indica que si pasa, sería por una vez y de modo acotado. No sorprende entonces que Wall Street venga avanzando, pero a velocidad moderada y casi con piloto automático. Con el mismo tranco que la economía real.

Acabamos de repasar lo que Leonardo Chialva califica, con fines más bien ilustrativos, como el 80 % del viento de cola que acompaña a los mercados y a las economías regionales. El resto, recordemos, se vincula con los cambios políticos recientes.

La emergencia de Mauricio Macri y el reemplazo de la desgastada Dilma Rousseff por Michel Temer –polémicas aparte por las causas y los modos de un giro que pasó más por las intrigas que por las urnas- fueron los puntos más visibles del giro de Sudamérica hacia una nueva era política y económica. No obstante, comienza a dividir las opiniones la aproximación gradualista de ambos a las reformas de fondo que los inversores esperan para jugar más a fondo en la región, con un upgrade desde las colocaciones meramente financieras hacia otras vinculadas con la producción: para algunos, estas –en lo fiscal, lo laboral, los incentivos para la inversión y la apertura comercial- vienen inquietantemente demoradas; para otros, no debe dudarse de la vocación general de las nuevas administraciones y, al contrario, hay que entender de dónde vienen y su necesidad de consolidar primero sus condiciones de gobernabilidad.

De acuerdo con Leonardo Chialva, “las épocas de los booms se terminaron. El crecimiento global es muy mediocre y eso no deja lugar a excesos. La globalización entra en una etapa complicada, porque ahora ganarán aquellos que sean eficientes y productivos. Se terminó la locomotora que llevaba a todos los vagones para adelante. La Venezuela chavista o la Argentina de los Kirchner no tienen lugar en este nuevo mundo. Ahora hay que hacer ‘los deberes’ para poder competir y crecer”. “Los primeros cambios que se dieron en América Latina parecen positivos, pero ahora nos enfrentamos a los graves problemas estructurales que tenemos. Principalmente el elevado peso y costo del Estado, que ideológicamente tiene un peso específico importante. Podría ser un punto de inflexión que nos permita entrar en la senda de países como Chile, pero la discusión recién comienza y debe vencer barreras y pre-conceptos muy instalados en las sociedades latinoamericanas”, agrega.

López se explaya en las implicancias del nuevo debate y toma como referencia a los países que, por su propio peso, deberían liderar a la región: Argentina y Brasil. “Las reformas estructurales que son necesarias en los dos claramente tienen efectos no deseados en términos de costos políticos de corto plazo. En principio, la situación económica da cierto sustento para encarar las reformas gradualmente y mantener el sustento político. Pero habrá que ver cuál es la habilidad de las respectivas autoridades para consolidar la gobernabilidad y, al mismo tiempo, ir efectuando los ajustes en las cuentas públicas, algo que claramente no es fácil”.

“Veo a muchos inversionistas internacionales comprando, por ejemplo, Brasil por la expectativa de que las nuevas autoridades cumplan con su promesa de ajustar la situación fiscal en el futuro”, dice Bernal. “Pero eso no es más que una promesa. Todavía no lo hemos visto. Hay aún una incertidumbre sobre si realmente van a cumplir. Lo mismo cabe decir sobre la Argentina”, acota.

Por ahora, con todo, con el viento de cola internacional alcanza. “Las expectativas vinculadas con los cambios políticos ya están cubiertas, es cierto, pero el fenómeno de search for you es tan poderoso que aún da grados de libertad en términos de tiempo”, sigue Bernal. “Le doy un ejemplo. La reacción de los mercados de deuda debería haber sido muy negativa tras la decisión de la Corte Suprema argentina de revertir los aumentos de tarifas, pero, de hecho, los precios de los bonos casi no se movieron. En el momento en que se conoció la noticia, yo estaba en Bogotá con un inversionista muy importante, que maneja varios miles y miles de millones de dólares. Recuerdo que nos miramos y dijimos: ‘Si esto no le pega al mercado, nada lo va a hacer’. Después nos dimos cuenta de que la reacción era muy limitada. La gente dijo que era una pésima noticia, pero nadie se decidió a vender porque no había alternativas de compra. Insisto en mi idea: hay mucho flujo hacia Latinoamérica porque los inversionistas necesitamos recursos, rendimiento”, completa.

 

Después de un 2016 de ajustes de precios relativos, las principales consultoras vaticinan que la economía argentina terminará entre un 2 y un 2,5 % abajo. Pero, arriesgan, el año próximo traerá una recuperación que tendrá un piso del 3 o del 3,5 %.

En el caso de Brasil, a la retracción del 3,8 % de 2015 le seguirá una del 3,2 % este año, según el promedio de los pronósticos del mercado. En 2017 se espera un avance del 1,2 % como mínimo.

Perú con un 4 %, Colombia con un 3% y Chile con un 2 % completan las expectativas para la región.

Los analistas consultados coinciden en el sentido positivo de la tendencia, pero difieren en énfasis.

Para el hombre de XP Securities, “el próximo año será de crecimiento positivo en Brasil y en Argentina porque los precios de los commodities han mejorado debido a la liquidez de la que venimos hablando. En el caso de Brasil hay que sumar el hecho de que mejoró brutalmente su cuenta corriente. Si uno mira lo ocurrido en el pasado, la recuperación de Brasil después de las últimas diez recesiones y modela el crecimiento a largo plazo, llega a la conclusión de que el rebote del 1 % que espera el mercado para el año que viene sería el menor de la historia. Entonces, en el actual contexto, esa perspectiva es muy cauta y yo pronostico que vamos a ver una sorpresa positiva: pienso que Brasil va a crecer más del 2 %”.

Ese escenario sería ideal para la Argentina, desde ya, y se sumaría también a la relativa bonanza de las materias primas y a la esperada caída de la inflación. “Creo que la Argentina va a crecer el 4 %”, afirma Bernal.

José Siaba coincide. “Espero una recuperación para toda la región. En Argentina creo que va a ser importante y en Brasil, después de tres años de caída muy fuerte, también, aunque hay que ver su magnitud. Se habla de un crecimiento del 1 %, lo que ya sería un alivio fenomenal. Pero, atención: la recuperación es fácil y puede superar los pronósticos”, sentencia.

Cristian López traza un escenario más cauteloso para el mediano plazo. “En términos generales, los países emergentes y latinoamericanos vienen desacelerándose en los últimos años, tendencia que podría mantenerse a futuro. Esto producto de que la Fed va a ir regularizando las tasas a medida que la economía estadounidense se vaya fortaleciendo, todo lo cual podría tener un nuevo impacto en las monedas regionales y en los precios de los commodities. En términos latinoamericanos pareciera haber una transición de final abierto. Algunos países, como Argentina y Brasil, podrían mostrar un repunte de la actividad en los próximos años, pero si se da la consistencia del modelo económico y se consolidan la percepción de gobernabilidad”, indica.

Viento de cola, reformas pendientes… ¿Y si todo es una burbuja?

“No la hay –dice, tajante, José Siaba- porque en términos de valuación venimos de la poda anterior: esta es una recuperación parcial que no compensa la caída previa. Y en el caso de los activos financieros, los argentinos aún rinden mucho más que los de Brasil”.

Que 2017 sea el año de la revancha para América Latina depende entonces, en gran medida, del mantenimiento de la actual coyuntura de hiperliquidez internacional.

Nadie espera un “cisne negro”, como un costo adicional asociado al brexit o una aceleración abrupta de la economía de Estados Unidos, algo por ahora fuera del radar, pero prever lo inesperado es imposible por definición. Lo que resta para el futuro es que la región acierte con las decisiones correctas, poniendo fin a una historia llena de vaivenes y de falta de constancia en la aplicación de políticas sanas.

Confiar sine die en lo financiero es de patas cortas. “Hay rallies que no cambian la estructura. Por ejemplo, tuvimos en su momento una bonanza con la soja, que superó los 600 dólares. Después bajó y hubo que ajustar. Son rallies que quedan en el mercado financiero y que cambian poco el quehacer económico de fondo”, recuerda Siaba.

“Al final del día, si los gobiernos no logran transformar las economías de sus países para poder desenvolverse en el nuevo contexto global, todo habrá sido una falsa expectativa, como tantas veces pasó en América Latina”, remata Leonardo Chialva.

 

PERSPECTIVAS, PAÍS POR PAÍS

Si las economías sudamericanas se ven favorecidas por un contexto internacional de fuerte liquidez financiera, lo que ocurra en el mediano plazo dependerá de cómo los principales países de la región resuelvan sus propios dilemas políticos.

ARGENTINA

Mauricio Macri llegó al poder gracias a un balotaje, pero su caudal “propio” de votos, si algo de eso existe en estos tiempos de lealtades políticas volátiles, es el 30 % que obtuvo en la primera vuelta. Es cierto que después de un arranque que no ha carecido de polémicas, errores no forzados y algunas decisiones políticamente costosas, el apoyo al Presidente se sostiene en el orden del 45 %, pero también lo es que la debilidad de las bancadas de Cambiemos en el Congreso es aguda -que lo obliga a un permanente toma y daca que diluye, o en algunos casos directamente inhibe, algunas de sus iniciativas- y que la Justicia no se priva de marcarle la cancha en temas como las tarifas, en el que se juega buena parte del partido en lo fiscal.

Las elecciones de octubre del año que viene ya están en la mira de todos los actores y de su resultado depende que el Gobierno pueda efectivamente acelerar con las reformas que los mercados le reclaman para que se ponga en marcha el cambio 2.0. Como eso, la reacción espontánea de los inversores, es la principal apuesta, todas las fichas están jugadas a un fortalecimiento de la autoridad oficial. Si eso no ocurre, el juego podría cambiar sensiblemente.

BRASIL

La transición en el vecino no se registró el principal rasgo virtuoso que sí tuvo el cambio en la Argentina: el paso por las urnas. El reemplazo de Dilma Rousseff por Michel Temer se produjo en medio de un cataclismo judicial que puso en cuestión la confianza de la sociedad en todas las instituciones y en el que la renovación, juicio político mediante, dejó demasiados heridos.

Un Congreso que, por más cuestionado y cruzado por corruptelas que esté, se erigió en garante de la transición tendrá en su poder el manejo de los tiempos del nuevo presidente, carente de una mayoría propia. Por otra parte, este también está en permanente riesgo de comenzar a sufrir el desgaste que limó a su antecesora, dado que existen no pocas acusaciones de corrupción y financiación ilegal de campañas en su contra y en la de sus principales apoyos políticos.

Por último, la carrera para su sucesión ya está lanzada, con múltiples aspirantes -¿él mismo lo será?- pese al tiempo que separa a Brasil de este presente turbulento y octubre de 2018.

PERÚ

Los mercados tomaron como la mejor noticia posible el acceso al poder del liberal Pedro Pablo Kuczynski, que por un lado garantiza el curso de libre empresa impuesto hace ya tiempo y que, por el otro, tuvo la virtud de postergar a un fujimorismo de talante aún autoritario y para muchos populista.

Desde hace lustros, todos los presidentes peruanos dejan el poder con pobres niveles de aprobación. Una economía que es muy dependiente de la minería no es particularmente apta para la creación de empleo y el derrame de riqueza.

¿Tolerará la sociedad un giro aún más aperturista? Como Macri y Temer, Kuczynski no tiene mayoría en el Congreso y depende para gobernar de la buena voluntad del fujimorismo.

COLOMBIA

El acuerdo entre el Gobierno de Juan Manuel Santos y las FARC remueve un conflicto que sin dudas limitó por décadas las posibilidades de desarrollo del país, a la vez que da al Estado la oportunidad de controlar efectivamente zonas hasta hoy vedadas a su autoridad, lo que podría suponer un avance enorme en términos de lucha contra el narcotráfico.

Los analistas económicos colombianos no prevén cambios dramáticos en el corto plazo, pero la ratificación de la paz en el plebiscito del 2 de octubre –algo por ahora no garantizado- abriría sin dudas un futuro más luminoso.

CHILE

Pionero de las reformas que otros países quieren encarar con un retraso de treinta años, experimenta otro tipo de coyuntura política. El prolongado auge económico elevó el nivel de vida de la población pero no redujo, sino todo lo contrario, las desigualdades.

Michelle Bachelet tropieza hoy ante dificultades objetivas para cumplir con las expectativas sociales –y sus promesas de campaña- de generar un mayor acceso a la educación y a la salud y de revertir de un sistema de jubilación privada que cumplió con creces las promesas de crear un robusto mercado de capitales pero que no lo hizo con su función primordial: dar una cobertura suficiente a los jubilados. Un nivel de apoyo escuálido del 15 % es hoy la mayor limitación que encuentra para relanzar su liderazgo.

 

VENEZUELA, A CONTRAMANO DE TODO

El Gobierno de Nicolás Maduro se empeña en profundizar las recetas conocidas para obtener resultados diferentes. Si el fracaso, en esos términos, está descontado, no puede dejar de asombrar la magnitud del mismo.

El año pasado, la economía se desplomó un 7 % y la inflación fue del 270,7 %. Lejos de mejorar, el Fondo Monetario Internacional calcula para este año un -10 % y un 700 %, respectivamente. Y mientras el resto de la región espera para el año próximo un repunte de la actividad, la economía venezolana caería un 4,5 % más.

La catástrofe se asocia, desde ya, a la debilidad de los precios del crudo, pero esto, lejos de disculpar al chavismo que gobierna el país desde 1999, lo condena especialmente. Nunca cumplió con la conocida premisa de “sembrar el petróleo” y la economía local depende todavía hoy en más de un 50 % de las importaciones.

No sorprende entonces que se registren faltantes agudos en el 80 % de los bienes de primera necesidad y que crezca la inquietud social.

El rechazo a Maduro ya llega al 70 % y desvela al chavismo el abandono de muchos de los propios. Mientras, responde a los trámites opositores para activar un referendo revocatorio con dilaciones, a las leyes de la Asamblea Nacional dominada por la oposición con impugnaciones judiciales y a la movilización social con amenazas de violencia.

Maduro decidió clausurar la política, Y sin esa válvula de escape cualquier crisis tiene un pronóstico explosivo.

(Nota y recuadros publicados en Bank Magazine).