Occidente entra a paso firme en la ratonera de la tercera yihad

“Si no pueden conseguir una bomba o balas, destrócenles la cabeza con una piedra o asesínenlos con un cuchillo, atropéllenlos con sus autos, arrójenlos al vacío desde un lugar elevado, estrangúlenlos o envenénenlos. Si tampoco pueden hacerlo, quémenles la casa, el auto o su empresa, destrocen sus cosechas. Y si tampoco pueden, escúpanles la cara”.
Con ese lenguaje impactante, Abú Mohamed al Adnani, un vocero del Estado Islámico, invitó en un video emitido hace casi dos años a cualquier musulmán a atacar a occidentales, en especial estadounidenses y “despreciables franceses”.
Si el 11 de septiembre de 2001 comenzó una era en materia de terrorismo internacional, caracterizada por una asombrosa sofisticación, hoy el mundo despierta a una nueva, hasta hace poco insospechada en su carácter tan rudimentario como paralizante. Es la hora de los camiones y los cuchillos.
Se engaña quien adjudique esas palabras y los hechos que las rubrican ya de modo cotidiano a una práctica irracional o a una locura ciega. Al contrario, se trata de un plan meticulosamente pensado por intelectuales yihadistas que no se debe menospreciar, a no ser que se desee entregarles el triunfo.
El nuevo terrorismo se caracteriza por su impronta inorgánica, por los atentados perpetrados por “lobos solitarios”, sin conexiones verificables con ninguna estructura y que se radicalizan de manera veloz e indetectable. El rastro más profundo que dejan estos terroristas es algún video o proclama de lealtad al EI. En esos rasgos radica su enorme peligrosidad.
En un sentido, la tendencia constituye una deriva “natural” de lo que empezó con el 11S y las mutaciones de Al Qaeda.
Los espectaculares atentados contra las Torres Gemelas y el Pentágono, resultado de una logística intrincada, que incluyó la implantación de terroristas en distintas ciudades de Estados Unidos, su entrenamiento como pilotos y el secuestro sincronizado de tres aviones, derivaron en una furiosa respuesta militar contra el régimen talibán, que daba albergue en Afganistán a Osama bin Laden.
Los talibanes fueron barridos del poder y, aunque hoy siguen constituyendo una guerrilla firmemente implantada que pelea por la restauración de su infernal paraíso en la Tierra, el yihadismo se quedó sin un santuario valioso para reclutar muyahidines, entrenarlos y armarlos. Ese saldo terminó de deflagrar el enfrentamiento entre uno de los principales ideólogos de Al Qaeda, Mustafá Setmarian Naser, conocido por su “nom de guerre”, Abú Musab al Suri, con el mismísimo Bin Laden. Dos años antes de esos episodios, Al Suri (“El Sirio) le había reprochado a aquel poner en riesgo la estabilidad de los talibanes con sus golpes de alto perfil contra objetivos estadounidenses. “Pienso que nuestro hermano se contagió de la enfermedad de las pantallas, los flashes, los fans y los aplausos”, señaló en un correo electrónico interceptado por la inteligencia occidental. Un año después, comenzó a predecir el derrumbe de Al Qaeda (“La Base”), Sus elaboraciones son clave para entender el drama al que nos estamos acostumbrando.
Abú Musab al Suri nació en Alepo, Siria, en 1958. Se graduó de ingeniero mecánico y tempranamente comenzó a militar en una facción radical de la Hermandad Musulmana local. Participó de un levantamiento contra Hafez al Asad, padre del actual dictador, que fue brutalmente aplastado en 1982. Ese fracaso sería la primera experiencia que forjaría su ideología.
Emigró luego a Europa. Se casó con una española en 1987, lo que le dio la ciudadanía y, con ello, la posibilidad de moverse en Francia y el Reino Unido. Algunos han visto sus huellas en el 11M de 2004 en Madrid y en el 7J de 2005 en Londres.
En 1998 se trasladó a Afganistán, donde juró lealtad al líder talibán, el mulá Omar, organizó centros de entrenamiento y se convirtió en el ideólogo de Bin Laden.
Estados Unidos llegó a ofrecer 5 millones de dólares por su captura, que ocurrió en 2005 en Pakistán. Fue entregado a la CIA, tras lo cual se hizo difícil rastrear su paradero. Algunas fuentes sostienen que, tras interrogarlo intensivamente, Estados Unidos lo entregó a la Siria de Bashar al Asad, que lo habría liberado. Una rareza incomprobable.
El pensamiento de Al Suri se condensa en el libro que publicó en Internet en 2004, algo más de un año antes de su caída: Llamado a la Resistencia Islámica Global. Se trata de un trabajo de 1.600 páginas, que condensa contexto histórico y un ambicioso plan de acción.
Sus ideas anticipan las estrategias actuales del Estado Islámico, pero Al Suri fue siempre un orgánico de Al Qaeda, amigo además del sucesor de Bin Laden, el egipcio Ayman al Zawahiri. Sus ideas apuntaron a reorganizar esa red, a crear una suerte de ”Al Qaeda 2.0” tras el desastre de Afganistán, que le enseñó que es imposible resistir el poderío bélico estadounidense.
El corazón de la obra, que se puede descargar de sitios yihadistas, se encuentra en la sección 4: “La teoría militar del llamado a la resistencia islámica global”.
Lo que llama “tercera yihad”, que sigue a las que se libraron contra los soviéticos en Afganistán en los años 80 y contra los estadounidenses en Irak desde 2003, tiene dos planos: uno global y otro regional.
El primero descansa en la acción de musulmanes solitarios, de yihadistas individuales o de células independientes entre sí y sin una relación estricta con una cúpula. Para él, uno de los motivos del colapso de Al Qaeda fue su estructura fuertemente jerárquica, que facilitó su desmembramiento por parte de la inteligencia occidental.
El segundo plano es el de la “yihad de frentes abiertos”, que debe perseguir el fin último de esa guerra santa: la instalación de un califato, el imperio de la sharía (la ley islámica) y la liberación de las tierras del islam de la ocupación por parte de los ejércitos infieles.
Las invasiones estadounidenses y “la ocupación sionista de Palestina” son los mejores fermentos de la guerra santa, afirma.
El primer aspecto, el del yihadista solitario, nos remite a los atentados de estos días. Europa es, para él, el lugar más propicio para el accionar del nuevo yihadismo: las amplias comunidades musulmanas que viven allí la convierten en “el vientre blando de Occidente”.
Al Suri reivindica el terrorismo “con simpleza y con coraje”: “aterrorizar al enemigo es una obligación religiosa” cuando se trata de defender a una población oprimida, dice. A través de él se logra disuadir al infiel, “llevarlo a un estado de colapso y de retroceso”.
Además, ese terrorismo genera una islamofobia generalizada que margina más a las comunidades musulmanas y las termina arrojando en brazos de la yihad. Sus jóvenes, despojados de los nacionalismos artificiales legados por el colonialismo, serán, imbuidos ya de una identidad con referencia en la “uma” (la comunidad islámica) nuevos terroristas o los muyahidines que combatirán en los países y regiones en los que haya condiciones para una ocupación territorial y la fundación de Estados.
Al Suri no es el único intelectual de Al Qaeda que anticipó el accionar del Estado Islámico, pero sí el más influyente. Sus ideas no fueron tomadas estrictamente por el EI, ya que, por caso, para aquel el terrorismo no debe quedar en manos de “lobos solitarios” sino que estos deben ser guiados en lo estratégico por alguna instancia jerárquica, aunque sea de modo laxo. Pero lo cierto es que el extremo de su postulado termina en la descripción del atacante islamista que encabeza este artículo.
El Estado Islámico apela hoy a los dos planos de la yihad descriptos por Al Suri: a terroristas solitarios y al frente abierto, con su califato en el norte de Irak y Siria. Aunque la ofensiva aérea de Estados Unidos y sus aliados y la terrestre de las fuerzas locales lo está acotando, cabe preguntarse si ese curso de acción está condenado al fracaso. No necesariamente.
El terrorismo inorgánico ya es una marca de época, un mal con el que habrá que convivir. Ello amenaza con instalar a la ultraderecha en Europa y acaso en Estados Unidos con Donald Trump. Mientras, la islamofobia ya está presente y la propaganda macabra del EI y sus matanzas atrae cada día a más jóvenes con problemas psíquicos y sentimientos de inferioridad.
Estados Unidos, Francia, el Reino Unido y otras potencias mantienen tropas en Medio Oriente y el sur de Asia, e Israel no parece interesado en frenar la colonización de territorios palestinos.
Todo marcha tal como esperaba Al Suri. Todo marcha como desea el Estado Islámico.

(Nota publicada en Ámbito Financiero).

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