Dilma aún pelea: retiene a un pedazo del PMDB

La presidenta Dilma Rousseff logró ayer su primer alivio desde que el partido más importante de Brasil, el PMDB, hubo resuelto el martes romper con su Gobierno y sumarse al movimiento por el juicio político. El presidente del Senado, Renan Calheiros, uno de los grandes caciques del Partido del Movimiento Democrático Brasileño, tomó ayer distancia públicamente de esa decisión, acudió en Brasilia a un acto con artistas en apoyo a la mandataria y terció ante seis ministros de esa agrupación para que se nieguen a obedecer la orden partidaria de renunciar a sus cargos.
“Es evidente que eso (la ruptura) precipitó reacciones en todas las órbitas: en el PMDB, en el Gobierno, en los partidos que lo sustentan y en los partidos de la oposición. Esto significa, en otras palabras y en buen portugués, que no fue un buen movimiento, un movimiento inteligente”, disparó Calheiros. Apuntó así directamente hacia los artífices de esa acción, el vicepresidente y jefe del PMDB, Michel Temer, y hacia el titular de Diputados, Eduardo Cunha.
Cabe recordar que Calheiros no acudió el martes a la reunión de la Dirección del PMDB en la que se decidió, tras solo tres minutos y por aclamación, la ruptura con el Partido de los Trabajadores.
Públicamente, fundamentó esa decisión en la necesidad de resguardar su independencia de criterio en una posible votación del “impeachment”, pero se sabe que siempre fue el “pemedebista” más proclive a Dilma y a Luiz Inácio Lula da Silva.
Calheiros, sospechado de corrupción al igual que Cunha y otros jefes de su partido (ayer el propio Temer debió salir a desmentir rumores incómodos), fue señalado por la prensa brasileña como el artífice de la creciente posibilidad de que seis de los siete ministros que el PMDB tenía en el gabinete permanezcan junto a la mandataria.
Este sería otro logro para Rousseff, ya que le permitiría mostrar, por un lado, que no hay un desbande en sus filas y que sigue siendo una opción viable de Gobierno. El que siga dando pelea y juntando, uno por uno y con métodos tan cuestionables como los de Temer y la oposición, apoyos en el Congreso, es una prueba de eso. Por el otro, lograría quedarse con un pedazo del PMDB con la esperanza de conservar votos clave en la Cámara de Diputados para frenar allí el juicio político.
Dilma necesita evitar que dos tercios de los diputados (342 sobre un total de 513) voten la elevación del “impeachment” a juicio en el Senado, lo que, de concretarse, precipitaría casi definitivamente su caída. Para ello, tiene dos caminos: lograr el voto negativo de 171 legisladores o, en su defecto, la cantidad de abstenciones o ausencias suficientes para evitar que la oposición llegue a aquel número mágico.
Parte de los analistas brasileños sugirieron ayer que la posible permanencia de los seis ministros aparentemente rebeldes del PMDB (algunos de los cuales ya habían anunciado su salida y luego cambiaron de opinión… por ahora) sería un problema para la mandataria, ya le haría más difícil liberar cargos para otros aliados con los que negocia apoyo contra el juicio político. No parece sensato. Una de esas ministras, la de Agricultura, Kátia Abreu, amiga personal de Dilma, escribió en su cuenta de Twitter que seguiría “en el Gobierno y en el PMDB. Al lado de Brasil enfrentando la crisis”. Hizo saber, además, que si es necesario pondrá su cargo a disposición para que recaiga en manos más útiles para la supervivencia de la mandataria.
En esos chats, Abreu confirma también la reunión “en la casa de Renan” y la actuación conjunta de los seis rebeldes, que planean pedir licencia en el PMDB para no enfrentarse con la conducción.
Esto, sin embargo, no sería posible, ya que el gigantesco partido centrista amenaza con sancionar a los 600 afiliados que venían cumpliendo funciones ejecutivas en diferentes niveles y que no cumplan con la orden de abandonar el Gobierno.
Una regla que, como todas, tiene si excepción. No vale, por caso, para el vice Temer, quien no renunciará ya que la Patria podría reclamar sus servicios de modo inminente.
Lo anterior, por si hace falta aclararlo, es una amarga ironía.

(Nota publicada en Ámbito Financiero).

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