Argentina vuelve a bailar alrededor de EE.UU. (mientras espera a Brasil)

La visita de Barack Obama a la Argentina llenó, como era de esperarse, numerosas páginas de diarios y largas horas de televisión y radio. Su saldo, más rico en señales y reposicionamientos que en resultados concretos o inversiones inmediatas, justifica la atención que recibió… aunque acaso lo central sea lo que pasó más desapercibido.

Por el lado de lo evidente, constituyó un enorme espaldarazo para Mauricio Macri y sus políticas. La apertura de la economía, el acuerdo en ciernes con los fondos buitre y la nueva agenda de la política internacional fueron bendecidos por el estadounidense.

Tras la era de hielo de los años finales de la era K, algo más dado por la dinámica inevitable de ciertos acontecimiento que por la voluntad de Cristina Kirchner, Argentina comienza una reorientación de su política exterior. Venezuela, Rusia e Irán salen; China permanecerá, como una fuente inevitable de inversiones para un país sediento de ellas; lo mismo que Brasil, socio insoslayable y ya sin dudas permanente; Estados Unidos vuelve con toda la fuerza de la que es capaz.

Regresa con la nueva alianza con Washington la cooperación en materia de inteligencia, terrorismo, lavado de dinero y narcotráfico, esto es prácticamente todo lo que le importa a la hiperpotencia en esta zona apartada del mundo. Y algo más, realmente profundo y menos ponderado en la cobertura de la prensa argentina: el libre comercio.

La idea de un tratado comercial amplio con los Estados Unidos fue primero sugerida y luego relativizada y por la canciller Susana Malcorra. La conferencia de prensa conjunta entre Obama y Mauricio Macri la elevó de nuevo al rango de lo deseable en el mediano o largo plazo.

La única traba para pasar en lo inmediato del plano de las aspiraciones al de los hechos sea Brasil, con sus crisis institucional irresuelta. Buenos Aires espera con intensidad su resolución, lo que de un modo u otro supondrá -descuenta- la puntada final para el giro internacional que ensaya. Si Dilma Rousseff se salva del impeachment, lo que le quede en el Gobierno -no ya, claro, en el poder, que no lo tendrá- hará irresistible la presión del gran empresariado brasileño por un giro hacia Estados Unidos. Si cae, la alianza de centro-derecha que la sucederá abrazará con la misma fuerza que la nueva Argentina esa causa. El interés es que, suceda lo que suceda, se defina lo más rápidamente posible.

Cabe esperar, al menos, esa fuerza aparentemente irresistible tenga el filtro de un debido debate sobre la conveniencia o no de un acuerdo de ese tipo. Se sabe que el libre comercio genera oportunidades de inversión y exportaciones, pero que también tiende a cristalizar las estructuras productivas existentes, sobre todo cuando el socio es uno verdaderamente poderoso.

Si el debate llega, en todo caso será mejor que Argentina y Brasil lo afronten en conjunto. El momento decisivo se acerca.

(Nota publicada en InfoRel).