Macri ensaya un retorno al «paraguas» por Malvinas

“Vamos a seguir con el reclamo de que las islas (Malvinas) son argentinas, pero intentaré empezar una nueva era en las relaciones con el Reino Unido”, dijo el presidente, Mauricio Macri, en una entrevista con cuatro medios internacionales publicada ayer, en la previa de su viaje al Foro Económico Mundial de Davos.
Si lo anterior ya señala un cambio, tal vez no radical pero sí perceptible, con respecto a la posición de dureza mantenida por el Estado argentino en la etapa kirchnerista, la pregunta sobre si atenderá los reclamos de los kelpers por un mayor comercio, más transporte entre las islas y el continente y otros cambios en el vínculo, motivó una respuesta todavía más sugestiva: “Quiero sentarme y empezar a hablar sobre el tema”, supuestamente de la soberanía, “y mientras tanto encontrar de qué manera podemos cooperar”.
Los medios que accedieron al mandatario durante una hora en la Casa Rosada fueron el español El País, el italiano La Stampa, el francés Le Monde y el británico The Guardian.
La Cancillería argentina trabaja, por el momento, sobre las bases tradicionales del reclamo nacional. El último domingo 3 dio a conocer un comunicado en el que reafirmó “una vez más los imprescriptibles derechos de soberanía de la República Argentina” sobre el archipiélago. Asimismo, sigue bregando por mantener el apoyo internacional a la causa.
La ministra Susana Malcorra declara su interés en una diplomacia que acerque posiciones con Londres, pero no deja de recordar que Malvinas es un tema central de su agenda y que el reclamo por su recuperación es una imposición de la Constitución Nacional. Sin embargo, los dichos de Macri van evidentemente más allá y son atribuidos por la Cancillería al ejercicio de la diplomacia presidencial, sobre la que no emite opinión.
Con todo, la propia Malcorra acompaña la idea de un nuevo enfoque sobre el tema. Así, se diferenció de la dureza sin concesiones ejercida en la era kirchnerista y habló en diciembre de ensayar “una perspectiva un poco más amplia”.
Esto no parece apuntar a otra cosa que a una recreación del “paraguas” impuesto en tiempos de Carlos Menem, cuando la diputa por la soberanía con Londres quedó congelada hasta un futuro no definido, mientras se daba prioridad , como se pretende ahora, a la agenda económica. Acaso con las líneas de los años 90 en mente, el periodista de The Guardian que acaba de entrevistar al Presidente, Jonathan Watts, calificó sus dichos sobre Malvinas como una “ofensiva de seducción”.
En términos de política interna, acaso Macri tenga más para perder que para ganar en su encuentro con Cameron. Cualquier cosa que se entregue como edulcorante a los británicos o a los isleños no encontrará del otro lado un gesto ni siquiera mínimo para que la cuestión de la soberanía comience a ser discutida. El líder laborista, Jeremy Corbyn, pudo haber hablado esta semana de la necesidad de un diálogo sin condiciones con nuestro país, pero la suya es, en este asunto, una voz tan valiosa como aislada. El Reino Unido reeligió hace muy poco, en mayo del año pasado, al recalcitrante Cameron; las elecciones en el Reino Unido quedan muy lejos y la posibilidad de triunfo de un izquierdista como Corbyn, más lejos todavía.
A la hora de evaluar los resultados de la cumbre inminente será bueno admitir que la cerrada negativa británica y kelper pone a la argentina ante un brete. La cuestión de la soberanía no ha calado ni con seducción y peluches, ni con intransigencia y quite de colaboración. El propio kirchnerismo sabía (y aceptaba de hecho) que Brasil y Chile no honraban los compromisos asumidos en la Unasur y, bajo cuerda, ofrecían asistencia logística a los barcos militares británicos.

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No parece insensato buscar vías, ensayar caminos. Y no es necesario ni lógico reconocerles a los isleños, como pidió en 2012 un grupo de intelectuales, un derecho a la autodeterminación que está más que flojo de papeles. Lo mejor, aunque deje en lo inmediato un sabor amargo en la boca, será, no importa si con seducción o aspereza, mantener vivo el reclamo y, entretanto, trabajar en la construcción de una Argentina cada vez más rica, cohesionada, fuerte y democrática. Solo así será posible sentarse alguna vez a la mesa más deseada.

(Nota publicada en Ámbito Financiero).