¿Crisis de la izquierda? Solo por ahora

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“Los hombres hacen su propia historia, pero no la hacen a su libre arbitrio (…) sino bajo aquellas circunstancias con que se encuentran directamente”, dijo Karl Marx en El 18 brumario de Luis Bonaparte. No nos interesa aquí su doctrina, sino la suposición que subyace a esa sentencia. ¿Determinismo o libertad? O, más fácil, ¿los hombres de carne y hueso hacemos la historia o somos moldeados por ella?

No vamos a responder aquí semejante dilema; solo diremos que la historia política parece evolucionar por oleadas, que abarcan diversos países en etapas específicas… pero que nunca se libera del todo de las particularidades locales.

Una oleada, la de los años 90, fue hija en América Latina de la crisis de la deuda de la década anterior. Fue, por tanto, la de la retirada de los Estados, el imperio del FMI, los ajustes impiadosos y la inquietud popular.

Tras ella, ya en los 2000, el péndulo rebotó hacia el lado opuesto: la distribución, ya sea en clave progresista o populista. Hubo, de Chile a Venezuela, pasando por Brasil, Argentina y otros países, espacio para las peculiaridades nacionales.

Esa tendencia estuvo acompañada por un hecho  independiente de nuestra voluntad regional: el auge de China y otros grandes mercados emergentes, la explosión de la demanda de materias primas y un cambio inédito de los términos de intercambio. Por primera vez, exportar alimentos, petróleo y minerales varios era mejor negocio que vender bienes con alto valor agregado.

La crisis de las hipotecas en EE.UU., el hundimiento de Europa y el aterrizaje (por ahora) suave de China cambian hoy todo otra vez, y nuestro mundo se asemeja mucho más al que conocimos de niños: los commodities dejan de estar de moda.

Las políticas redistributivas y socialmente inclusivas generaron en muchos de nuestros países niveles de gasto público y de costos en las empresas privadas insostenibles con una soja de US$ 320 y un petróleo de US$ 35. Llega entonces el tiempo de la acumulación: el péndulo viaja a la derecha.

¿Niega este argumento el valor de la ideología? No. El ajuste puede ser necesario en determinada etapa. Sobre quiénes recae, en qué magnitudes y a quiénes se protege son las preguntas de la hora.

Partido oligárquico y partido democrático… lo que llamamos “izquierda” y “derecha” nos acompaña desde la antigua Grecia, cuna de nuestra civilización.

El péndulo jamás se detendrá mientras dos seres humanos vivan en esta Tierra.

(Nota publicada en El Colombiano).

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