Venezuela: los dilemas de lidiar con un poder que no morirá sin combatir

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El triunfo de la oposición en las elecciones legislativas del domingo inaugura en Venezuela una era tan plena de oportunidades como de peligros, según cómo respondan esta y el chavismo, protagonistas de un enfrentamiento tan intenso que da a la palabra “grieta” un valor descriptivo despreciable.
En rigor, no toda la oposición es responsable en igual medida de la “bofetada” de la que habló Nicolás Maduro en la madrugada de ayer. El que primó fue el sector más moderado de ella, el que prefirió una vía electoral que volvió a probarse confiable antes que la revuelta callejera, y la política por encima de las “guarimbas”.
Puede argumentarse que la presión de los radicales llevó la situación a un punto de no retorno y movilizó a la opinión pública internacional. Es cierto. Pero lo es en mayor medida que serán los dirigentes más prudentes -como Henrique Capriles; el futuro jefe del parlamento Henry Ramos Allup; la cara visible de la alianza opositora Jesús Torrealba; o el gobernador de Lara y exchavista Henry Falcón- los que dirigirán el nuevo proceso. Y estos, tantas veces señalados como “tibios” por los ultras, serán los que saquen de la cárcel a través de una ley de amnistía a Leopoldo López y Antonio Ledezma.
Como le dijo ayer por teléfono a Ámbito Financiero desde Caracas el principal analista económico venezolano, Luis Vicente León, “hay un ala radical que pretende sacar a Maduro por la fuerza”. Bien, no es esta la que predominará desde ahora.
El camino, sin embargo, será complicado.
Defensores y detractores han abusado demasiado de la asimilación entre los procesos políticos sudamericanos, progresistas para unos, populistas para otros. El chavismo no se parece a (casi) nada de lo que haya ocurrido en la región porque se asume como una revolución que llegó para quedarse.
Por eso se afianzó desde 1999 en el Poder Ejecutivo, hasta ahora dominó a placer la AN, controla 20 de las 23 gobernaciones del país, la gran mayoría de los municipios, todo el aparato judicial, los tribunales electorales, los organismos de contralor, la Fuerza Armada Nacional (¡y Bolivariana!) y hasta el grueso de los medios de comunicación. Es una estructura que se adhirió al aparato del Estado y que no será removida por un mero resultado electoral.
Luis Vicente León toma nota de esto y añade que “si bien la oposición sacó 112 diputados, una supermayoría de dos tercios”, generada por el 56,2% de los votos, el chavismo logró un 40,8%, “algo que en el contexto de una crisis económica perversa no es precisamente la expresión de una fuerza minoritaria o destruida. Hay que tener mucho cuidado”.
En ese sentido, debe primar en la triunfante oposición la humildad de aprender a usar el poder, “una habilidad que con el tiempo se puede perder”, bromea en analista. “Y el Gobierno deberá aprender a cohabitar”, añade.
¿Y si no lo hacen como es deseable? “Bueno, hay dos escenarios: la negociación o la guerra”, responde León.
Esas dificultades explican que las dos alas del antichavismo no coincidan en el modo de lidiar con Maduro. ¿Se viene un referéndum revocatorio?
La Constitución Bolivariana de 1999 permite la revocación de los mandatos, en este caso del presidencial, a través de una consulta popular convocada tras la recolección fatigosa de firmas equivalentes al 20% del padrón (artículo 72).
El sector más radical de la oposición pretende avanzar de inmediato. El moderado privilegia un acuerdo de gobernabilidad.
“Creo que el revocatorio va a ocurrir, pero no tan rápidamente”, explica León. “Antes van a pasar otras cosas, como la necesidad de estabilizar la economía, liberar el tipo de cambio, liberar el precio de la gasolina…”, precisa. Es que Venezuela cerrará el año con una inflación del 200%, un amplio desabastecimiento de bienes básicos, colas interminables para conseguirlos (cuando llegan) y que desquician a la población, un dólar paralelo que cotiza a 900 bolívares contra un oficial de 6,30…
Claro, la oposición no puede imponer un programa económico desde el parlamento y, acaso, ni siquiera desee hacerlo. Lo mejor, cree la mayoría, es dejar a Maduro que siga pagando el costo político del desmadre, algo que se probó letal el domingo.
Otra asunto espinoso cuando la oposición debate sobre si ir a fondo contra “el hijo de Hugo Chávez” o, en todo caso, en qué momento hacerlo es el factor militar. La FANB ha sido totalmente copada por el chavismo y el propio Maduro suele amenazar con zanjar un eventual conflicto de poderes gobernando en “unión cívico-militar”.
“En Venezuela se suele decir que los militares son leales hasta que dejan de serlo”, vuelve a bromear León. Por ahora nadie quiere arriesgarse a ponerle el cascabel a ese gato.

(Nota publicada en Ámbito Financiero).

Aclaración: Este artículo fue modificado para subsanar un error del texto original, que señalaba que la Asamblea Nacional de Venezuela puede convocar de motu proprio a un referéndum revocatorio. No es así. Según el artículo 72 de la Constitución de 1999 el único modo de hacerlo es a través de la recolección de firmas de ciudadanos equivalentes al 20% del padrón. Esta nota aclaratoria fue publicada en el diario Ámbito Financiero.