BRICS y Argentina: tan cerca y tan lejos

 

BRICS-

Regida siempre por lo urgente y sin darse nunca tiempo para lo importante, la Argentina tiene una enorme dificultad para pensar su futuro. Sus crisis recurrentes, sus traumas históricos y sus dilemas nunca resueltos la condenan permanentemente al corto plazo. Paradójicamente, sus posibilidades de acertar un rumbo cierto hacia el desarrollo, cimentadas en la abundancia de sus recursos naturales, humanos e intelectuales, se estancan ante la falta de consensos políticos y sociales mínimos.
Sin embargo, la realidad le ofrece, generosa, oportunidades nuevas cada tanto, las que, como géiseres imprevistos, brotan con fuerza frente a sus ojos.
Lo fue, y en buena medida aún lo es, el Mercosur, por más que las contradicciones del propio país condenen a la parálisis a un proyecto clave para su reindustrialización e inserción internacional. Lo es, más recientemente, la posibilidad de acercarse al grupo BRICS (“ladrillos” en inglés, y sigla de las iniciales de las grandes economías emergentes, Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica), un debate que surgió con fuerza en julio y que se apagó de pronto… al ritmo de las nuevas urgencias impuestas por la derrota en el “juicio del siglo” con los fondos buitre.
Ese mes trajo una serie de coincidencias felices para la Argentina: las visitas de los presidentes de Rusia, Vladímir Putin, y de China, Xi Jinping, además de la invitación para que Cristina Fernández de Kirchner participara de una reunión entre los mandatarios de Unasur y del club de los gigantes emergentes en Brasil. ¿Una posibilidad real o una nueva ilusión?
Aquella saga comenzó, vale recordarlo, con una suerte de “globo de ensayo”, ya que dicho encuentro había sido presentado inicialmente por el Gobierno como una invitación de Rusia al país, antesala de un probable ingreso. Luego se supo que el convite se había dirigido a todos los Gobiernos sudamericanos y que los BRICS no tenían ninguna iniciativa concreta para sumar nuevos miembros.
Tal “globo” resultó elocuente de los deseos argentinos y la relativa decepción, de los límites del país para acceder en lo inmediato a ese grupo selecto. Ahora bien, ¿la Argentina reúne condiciones objetivas para aspirar a convertirse en otro “bric” en la gran pared de los países emergentes, nuevos motores de la economía mundial?
Planear un ingreso a futuro sería “deseable, sin duda, pues la Argentina se integraría a cinco de las quince economías ‘top’ del mundo. Si quieren tener éxito en su proyecto, éstas deberán pasar por la igualación de sus aranceles de importación frente al resto del mundo para finalizar en una unión de libre comercio, con arancel cero entre sus miembros y libre flujo de capitales y mano de obra. Este escenario abriría enormes posibilidades a nuestro país, lo mismo que la posibilidad de financiarse con el nuevo banco de inversión que se está formando”, dijo a Bank Magazine el economista Luis Palma Cané, director de Fimades.
“Ahora, si me pregunta si esa incorporación es viable, debo responder que por el momento claramente no”, agregó.
Justamente la creación del banco de desarrollo de los BRICS (el Banco Nuevo, según surge de la declaración aprobada por sus miembros en la última cumbre de Fortaleza) y del acuerdo de reservas de contingencia (la Regulación por Cuotas de Reserva BRICS, según su nombre formal), dos herramientas que se plantean como alternativas al sistema instaurado a partir de los Acuerdos de Bretton Woods y que hacían suspirar a una Argentina urgida de inversiones y divisas, explican por qué una inclusión sería una quimera en el corto plazo.
El primer mecanismo, el Nuevo Banco de Desarrollo, estará dotado de 100.000 millones de dólares, la mitad disponibles a partir de 2016 (con un aporte igualitario de cada uno de los cinco Estados miembros). Fue planteado como un proveedor de financiamiento para grandes proyectos de infraestructura, en primer lugar, para los países del bloque y, en el futuro, para otros aspirantes emergentes.
El segundo, el acuerdo de reservas de contingencia por 100.000 millones de dólares, apunta a ser un sustituto del Fondo Monetario internacional para ofrecer, en principio, a sus miembros fondos de estabilización ante situaciones de crisis temporarias de balance de pagos o de corridas especulativas.
Para que la Argentina sea un nuevo “bric” no debería presentarse al bloque como un mero solicitante de asistencia sino estar en condiciones de aportarle soluciones. Allí es donde las posibilidades flaquean, como señala Palma Cané.
En materia comercial, el mercado nacional de 40 millones de consumidores no puede considerarse al nivel de varios de sus eventuales socios, pero tampoco es despreciable. En cualquier caso, no hay discusiones sobre la esterilidad de ofrecerlo en el actual contexto de restricciones a las importaciones, hija no deseada de una aguda escasez de divisas.
Por otro lado, si bien las posibilidades de inversión en el país son en teoría amplias, dadas las necesidades actuales y el atraso que se verifica en casi todos los rubros de la infraestructura nacional, la radicación de empresas o el desarrollo de emprendimientos privados se ve trabajo por las dificultades para la repatriación de remesas derivadas de aquel mismo problema estructural.
Iniciativas como la de una nueva ley de abastecimiento o amenazas de aplicar a compañías extranjeras una “ley antiterrorista” claramente cuestionable en su constitucionalidad tampoco ayudan a despejar incertidumbres.
En lo que respecta al banco de fomento, una Argentina presa nuevamente de la vieja “restricción externa” (toda una excepción en la región, salvedad hecha de Venezuela) no estaría en condiciones de realizar el aporte de 10.000 millones de dólares requerido para la formación del capital inicial. Y en relación con el acuerdo de reservas de contingencia, no sólo tampoco podría sumar dinero sino que, en lo inmediato, se anotaría como interesada en acceder a fuertes líneas de crédito. Más que soluciones, inicialmente el país sólo podría aportar inconvenientes.
Esto es lo que lleva a otros analistas a ser todavía más escépticos. Consultado por Bank Magazine, Marcelo Elizondo, director de Desarrollo de Negocios Internacionales (DNI)y colaborador de la Fundación Pensar, el “think tank” del macrismo, dijo que un ingreso a los BRICS “no es viable”. Según él, esos países “tienen cualidades que Argentina no posee: grandes dimensiones de sus mercados, liderazgo en sus regiones y condición de economías estratégicas emergentes a nivel mundial”
“Sin embargo”, continúa el experto, “dos BRICS son los principales socios comerciales argentinos: Brasil y China. Por eso, creo que el país debería mejorar su vínculo actual con Brasil, hoy afectado por restricciones al comercio, y plantear desde allí procesos de alianza que apunten a las exportaciones e importaciones y a la inversión, tanto receptiva como emisiva, de bienes y servicios. Mas que ‘pertenecer’ a los BRIC podemos plantearnos ‘alianzas con ellos”, completó.
Una salvedad: acaso una inclusión plena a futuro, cuando la Argentina haya despejado su autoinfligida crisis actual, no sea necesariamente una quimera. El ingreso de Sudáfrica cuatro años atrás fue el de una economía de tamaño y nivel de desarrollo mucho menor que el de sus socios; con respecto a nuestro país, presenta un PBI 10% menor, pero con una población 32% mayor. Sudáfrica es una economía llave para el África Austral; ¿por qué no puede la Argentina aspirar a recuperar ese lugar, de la mano de Brasil, en esta parte del mundo?
Por lo pronto, resulta innecesario especular sobre si será posible un ingreso como Estado miembro o como asociado. La puerta para, al menos, esta última opción, menor pero para nada despreciable, está abierta, dada la vinculación de la economía argentina con la brasileña, el carácter del país de proveedor clave de alimentos para China y la declaración rusa de que se trata de su “principal aliado estratégico” en Sudamérica.
Rusia ilustra, otra vez, la distancia entre los deseos y las posibilidades actuales. Afectada por sanciones estadounidenses, europeas, canadienses, australianas y noruegas, acaba de cerrar por un año su mercado de 40.000 millones de dólares anuales a las importaciones alimentarias desde esos destinos. En tanto, acudió a la Argentina y otros países sudamericanos en busca de carnes, vegetales, granos y lácteos. El país prometió incrementar en el corto plazo las ventas, pero un aprovechamiento a gran escala de esa oportunidad choca con la crisis que atraviesan muchos de esos sectores, con niveles de inversión congelados.
Está dicho: hay mucho trabajo que hacer en el corto y mediano plazo para modificar el panorama.
“La Argentina tiene en marcha políticas restrictivas del comercio internacional y las inversiones. Sin desmantelar todo eso sería muy difícil que nos acepten.
Pensemos que el presidente chino estuvo en Buenos Aires y en los acuerdos celebrados no hubo ninguno referido al comercio internacional, sino sólo el swap de monedas y el financiamiento para represas y el ferrocarril. Por otro lado, nuestra agenda intra-Mercosur con Brasil tiene permanentemente asuntos por resolver vinculados con las controversias por las restricciones comerciales, que llevan a la paradoja de que mientras crecen las importaciones desde EE.UU. y China, caen desde Brasil. Sin esos ajustes es difícil plantearse una agenda estratégica con los BRICS”, explicó Elizondo.
Palma Cané fue más a lo conceptual: “Tenemos que convertirnos en un país serio, en una verdadera república con división de poderes en serio, con seguridad jurídica, con libertad de cambios, de comercio exterior y de precios, con un Banco Central independiente, con una moneda que no sufra la segunda inflación del mundo, con un Indec que no falsee las estadísticas y con un equipo económico en serio. Por último, pero no menos importante: salir de este increíble default y volver al orden jurídico internacional, respetando sentencias de la justicia a la que voluntariamente aceptamos someternos”.
Las repetidas crisis fueron mellando, generación tras generación, el sueño de una “Argentina potencia”. En buena hora, tal vez, ya que la realidad ha demostrado con creces lo lejos que estábamos de esa posibilidad, aunque más no fuera por las condiciones políticas del país. La crisis de 2001 fue un golpe terminal para esas aspiraciones, pero el país parece todavía entrampado en un complejo de inferioridad. Entre ser una potencia global y ser un actor importante, capaz dar cada vez mayor bienestar a su gente, hay una gran distancia. Si el primer objetivo nos ha quedado grande, nada hace pensar que ocurra lo mismo con el segundo. La etiqueta de mercado “de frontera” nos queda acaso peor que la de “potencia”. Volver a ser “emergente” es un objetivo posible y deseable.
“La Argentina tiene, para Brasil, la ventaja de ser su vecino principal, en medio de la búsqueda de liderazgo regional, y parte del Mercosur. Para China, la de ser un proveedor potencial de sus tres grandes necesidades: alimentos, energía y minerales. Para la India y Rusia, la de ser una posible fuente de alimentos y espacio posible de inversiones para sus empresas y, en el caso de Moscú, la de ser un posible aliado en la agenda de internacionalización que el presidente Putin tiene en medio de sus difíciles relaciones externas actuales”.
Así, una vez más, ¿por qué no animarnos a proyectar el futuro más allá de las zozobras del momento? Una nueva oportunidad nos espera.

(Nota publicada en BankMagazine). 15/9/2014

UNA SIGLA OCURRENTE,
UNA REALIDAD NUEVA

♦ La sigla BRIC (“ladrillo”) fue una creación del economista Jim O’Neill en 2001, cuando era director de Administración de Activos (Chairman of Asset Management) de Goldman Sachs, para referirse, por sus iniciales, a los grandes países emergentes que con su dinamismo anunciaban una nueva era.
♦ En 2001, claro, la Argentina tenía problemas más acuciantes que desentrañar si podía acercarse a ese club que entonces se refería sólo a Brasil, Rusia, India y China.
♦ El grupo recién tomó conciencia de sus intereses en común y de las ventajas de integrarse en una estructura de cumbres a partir de 2006.
♦ Dos años después, los BRIC formalizaron y coordinaron mejor sus acciones, y en 2001 incorporaron a Sudáfrica, en busca de una economía que, aunque menor, podía abrir la puerta del África, continente de enorme potencial.
♦ Sus cinco miembros son hoy parte de lo más dinámico de la producción y el comercio internacionales, con China a la cabeza.
♦ Sus 3.000 millones de habitantes dan cuenta del 40% del mercado de consumo global y sus PBI combinados representan un quinto de la economía mundial, equivalente al de los Estados Unidos.
♦ El comercio entre sus miembros pasó de 27.000 millones de dólares en 2002 a más de 280.000 millones en 2012.

RECUADRO 2

Jim O’Neill se hizo famoso mundialmente en 2001, cuando era director de Administración de Activos (Chairman of Asset Management) de Goldman Sachs, al acuñar el término BRIC, ladrillo” en inglés, además la sigla que se formaba con la inicial de los países emergentes que, según él, marcarían el paso de la economía mundial: Brasil, Rusia, India y China. Se retiró del banco de inversión en 2013 y hoy, a los 57 años, se desempeña como consultor y en el ámbito académico en diversas instituciones y universidades.

LOS BRICS, UNO POR UNO

Brasil Rusia India China Sudáfrica

Población 200 142,8 1.259,6 1.367,5 53,7
PBI 2.215,9 2.092,2 1.995,7 10.027,5 354,1
Inflación 5,92 5,7 7,9 3 5,9
Desempleo 5,6 6,2 s/d 4,1 24,7

Población: en millones de habitantes
PBI a precios constantes: en miles de millones de dólares
Inflación: aumento porcentual interanual
Desempleo: porcentaje de la población activa
Fuente: World Economic Outlook 2014. Fondo Monetario Internacional

DOS ALTERNATIVAS A BRETTON WOODS

El sistema de cooperación financiera supranacional pergeñado al fin de la Segunda Guerra Mundial en la conferencia de Bretton Woods se basó en el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial. El primero apunta al otorgamiento de financiamiento a los países miembro ante desequilibrios coyunturales del sector externo; el segundo tiene como meta el otorgamiento de préstamos aplicables a obras de infraestructura y proyectos vinculados al desarrollo social.
La queja de los países emergentes contra ambas entidades, en el sentido de que sus directorios reflejan una estructura internacional de poder anticuada, sumada a la resistencia de los países centrales que las controlan a abrir el juego a los Gobiernos de las economías más dinámicas, llevó a los BRICS a buscar alternativas. Éstas son, según acordaron en la última cumbre de Fortaleza.

1) Mecanismo de Regulación por Cuotas de Reserva BRICS (acuerdo de reservas de contingencia).
Pensado como alternativa al FMI para los miembros del grupo y, en el futuro, para otros países emergentes.
Estará dotado de fondos por 100.000 millones de dólares, provenientes de las reservas de cada país (China, 41.000 millones de dólares; Rusia, Brasil e India, 18.000 millones cada uno; y Sudáfrica 5.000 millones).
Éstos fondos serán destinados a préstamos de estabilización ante situaciones de crisis temporarias de balance de pagos o de corridas especulativas.

2) Nuevo Banco de Desarrollo
Planteado como alternativa al Banco Mundial para los miembros del grupo y, en el futuro, para otros países emergentes.
Estará dotado en el futuro de fondos por 100.000 millones de dólares, y de 50.000 millones a partir de 2016.
Se fondeará con aportes igualitarios de los cinco socios (10.000 millones de dólares cada uno para la primera etapa).
Será un proveedor de financiamiento para proyectos de infraestructura.
El primer presidente de la Junta de Gobernadores será de Rusia.
El primer presidente de la Junta Directiva será de Brasil.
El primer presidente del Banco será de la India.
Su sede estará en Shanghái

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