Dilma estira su ventaja antes de una elección histórica

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En un ambiente de polarización casi argentina, unos 143 millones de brasileños definirán el domingo en balotaje si Dilma Rousseff o Aécio Neves gobernarán el país por los próximos cuatro años. Las últimas encuestas indican que la presidenta estiró su ventaja por encima de los márgenes de error, lo que, de confirmarse, llevará a 16 años la hegemonía de su Partido de los Trabajadores.

Las dos principales encuestadoras, Datafolha e Ibope, divulgaron ayer sus últimos números. Según la primera, la mandataria socialista tiene una intención de voto del 48% contra un 42% de su rival conservador. Descontados, como marca la ley, los esperados sufragios nulos y en blanco, la consultora vinculada al influyente diario Folha de Sao Paulo le augura un triunfo por 53% a 47%. Ibope, más generosa, adjudica a la petista un respaldo del 49% (54% de los votos positivos) contra el 41% (46%) del postulante del Partido de la Social Democracia Brasileña.

¿Partido terminado? Nadie se anima a decir tanto en Brasil.Por un lado, porque en la primera vuelta esas mismas consultoras enfrentaron agudas críticas por haber subestimado el desempeño que finalmente tuvo Neves, quien saltó sorpresivamente del tercer lugar al segundo, postergando a Marina Silva. Por el otro, hoy se realizará el debate televisivo más esperado de la campaña, en la red Globo, la de mayor rating. Este dato no es inocente: el PT la acusa de ser un «monopolio» y la propia Dilma comenzó a coquetear con la idea de una «ley de medios». Sí, a la argentina otra vez.

En todo caso, la presidenta llegará con una carta fuerte: el desempleo se estacionó el mes pasado en un 4,9%, el menor nivel desde el inicio de la serie histórica, en marzo de 2002.

«Considerando lo que pasó en la primera vuelta (con las encuestas), cualquier cosa es posible», le dijo a Ámbito Financiero desde Brasilia el analista político y director del Instituto InfoRel, Marcelo Rech.

Pese a esa cautela, los inversores dieron claras señales de que esperan (aunque no la desean) una victoria de Dilma. La Bolsa de San Pablo, que venía de fuertes caídas desde que la mandataria tomó la delantera a principios de semana, se desplomó ayer de nuevo: un 3,24%. El dólar, en tanto, volvió a subir, superó la barrera psicológica de los 2,5 reales y alcanzó el máximo nivel desde fines de 2008, en plena crisis de los países centrales.

Habrá mucho en juego, para Brasil, claro, pero para toda la región. Salvedad hecha de Hugo Chávez y la entonces Concertación chilena, el triunfo de Luiz Inácio Lula da Silva en octubre de 2002 inauguró una larga era de gobiernos progresistas (permítanos ese modo, lector, de unificar fenómenos tan disímiles). Un año después llegóNéstor Kirchner, más tarde Tabaré Vázquez, luego Evo Morales, Rafael Correa, Fernando Lugo… Una vuelta de campana en Brasil podría volver a alterarlo todo, justo cuando los vientos de la economía mundial dejan de jugar a favor de esas experiencias, disímiles entre sí, es cierto, pero ligadas por una voluntad fuerte de distribuir la riqueza. No es lo que sugieren hoy las encuestas mencionadas, pero la posibilidad se instaló con fuerza en las últimas semanas en la campaña más áspera y reñida de la historia reciente de Brasil.

Pero si esos vientos soplan de frente y ya no de cola, si China crece menos, Europa está parada y las materias primas no son (ni remotamente) lo que eran, ¿un segundo mandato de Dilma discurrirá por los mismos carriles que el primero?

«Aun si gana, Dilma se vería obligada a cambiar muchas cosas. Su partido perdió espacio y votos con respecto a elecciones anteriores. Y hay un desgaste natural después de doce años que no se puede soslayar», agregó Rech.

Por otro lado, «la fuerte división social que provocó la campaña y el carácter más conservador del Congreso que fue elegido el 5 de octubre son factores que van a frenar al Ejecutivo. Esto corre tanto para Dilma como para Aécio: cualquiera de ellos tendrá problemas para negociar con otros partidos y formar una mayoría», anticipó el analista.

Otro capítulo, clave, es el futuro del Mercosur. La Argentina, con su inflación, su cepo cambiario y sus barreras arancelarias puso al bloque en crisis. Aécio hizo suyo el programa del alto empresariado: basta de unión aduanera y que cada país negocie acuerdos comerciales por las suyas. Para algunos, la Argentina se beneficiaría del crecimiento que generaría un Brasil librecambista. Para otros, nuestra industria sufriría un grave desvío de comercio a expensas de empresas más competitivas de Estados Unidos, Europa y el sudeste asiático.

Empecinado en sacar a la economía de su actual estancamiento y su inflación creciente (aunque en un 6,5%, índice modesto para los parámetros criollos), Neves insiste: hay que abrir a Brasil al comercio mundial, empezando por la Alianza del Pacífico. Más relajada que hasta hace apenas horas, Dilma le contestó desde Río de Janeiro, estado clave para el domingo. «Así como está la Alianza del Pacífico, también está el Mercosur, y hoy todos en América Latina se han dado cuenta de la importancia que tiene nuestra región», lanzó en defensa de la unión aduanera.

Pasado mañana se verá si el futuro nos presenta, argentinos, un rostro más o menos conocido o una aventura de final incierto.

(Nota publicada en Ámbito Financiero).