Delicias y dilemas del promocionado voto electrónico

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Brasilia – El día fue radiante y caluroso ayer en Brasilia, y nadie tuvo problemas para concurrir a las urnas. Desde temprano se vio una fuerte concurrencia a los colegios, lo que en muchos lugares se transformó en largas colas debido a demoras en el proceso de identificación biométrica que se inauguró en esta ocasión.

En todas las mesas, aquí y en las otras principales ciudades de Brasil, los votantes debían identificarse primero con su documento y luego pasar por una máquina en la que colocaban su pulgar derecho. La idea era que ésta entregara de inmediato el nombre y la foto del elector, pero repetidas fallas hicieron que muchos debieran agotar las ocho oportunidades que daba el sistema. ¿Si fallaban todas? Bastaba con la primera identificación. La idea era hacer una prueba piloto para extender esto próximamente a todo el país.

Después llegaba lo engorroso, al menos para nosotros los argentinos. Primero, la urna ofrecía la opción de la categoría de diputados estaduales. Luego, diputados federales. Más tarde, senador. Después, gobernador y vice. Y finalmente presidente y vicepresidente.

Pero la máquina no ofrecía todas las opciones disponibles en cada categoría. En cada caso, el votante debía simplemente digitar el número de lista preferido, para lo que debía traerlo debidamente anotado. Es que en el caso de los diputados estaduales, por ejemplo, aquí en Brasilia había unos 3.000 candidatos para 47 bancas y, para la cámara baja federal, un millar para sólo 8. Así, algunas listas tenían cinco dígitos difíciles de memorizar.

Permita, lector, una digresión. En un sistema así, en el que se va paso a paso por cada categoría de voto, los partidos están virtualmente ausentes. Se vota por figuras, de modo individual. El sistema es propicio para que los partidos sean gelatinosos, para que sus legisladores no tengan disciplina, para que el transfuguismo sea moneda corriente.

Algo así ocurriría en Argentina si, a falta de urna electrónica, se habilita la famosa “lista única”, que, además de ser poco práctica (¿cómo implementarla cuando hay 3.000 postulantes?) “invita” al corte, esto es a combinar gente de partidos diferentes. ¿Qué esto refleja más fielmente la decisión del votante que la cuestionada “sábana”? Seguro, pero también favorece la aparición de pymes políticas y hasta de maxikioskos que, al menos en este país, obligan a realizar componendas vidriosas para formar mayorías legislativas. El “mensalao” de la era de Lula da Silva, los escándalos recientes en Petrobras y los gabinetes monstruosos de 39 ministros, como el actual de Dilma Rousseff, son tanto un producto de la naturaleza incorregible del ser humano como de una ingeniería electoral que se debería repensar.

Pero volvamos a lo nuestro. Las autoridades de mesa están dentro de las aulas de los colegios, y la urna electrónica tiene la debida privacidad gracias a un cartón que la rodea con insignias de la autoridad electoral. Si todo sale bien, en un minuto es posible completar el trámite.

En Brasil es posible votar aun si se hace ostentación de símbolos partidarios. Remeras, calcomanías pegadas en la ropa y hasta banderas de agrupaciones son aceptables, pero no las expresiones orales de propaganda. Esto, llamado “boca de urna”, derivó ayer, entre otros desórdenes, en más de quinientas detenciones en todo el país.

“Había mucha gente en la cola de mi mesa, demoré treinta minutos”, le dijo, apurando el paso, María Teresa, a este enviado a la salida de la Escola Classe n° 6 de Vargem Bonita, en el DF y a unos 20 kilómetros del “plan piloto” de Brasilia

Se trata de una zona que en el pasado fue una colonia japonesa pero que hoy reúne, al menos en lo electoral, a personas de todas las condiciones sociales, desde la clase media a lo más popular.

De hecho, a las 10 de la mañana era más la gente que entraba al colegio que la que salía. “La identificación (biométrica) en mi caso fue fácil, espero que se generalice porque es una buena manera de impedir el fraude”, agregó María Teresa.

Guido también demoró, pero en la urna todo fue fácil. “¡Eso fue rapidísimo!”, exclamó su mujer. “Ahora lo que esperamos es que nuestros legisladores sean más honestos”, agregó el hombre.

Elba, en cambio, vio las colas y huyó despavorida. “Más tarde voy a volver”, prometió.

A una hora del centro de Brasilia por ruta se entra en el estado de Goiás, donde el DF está geográficamente enclavado. El cambio de paisaje es notable. Mucho campo, propiedades rurales prósperas, pero mucha pobreza.

Es que el crecimiento de estas ciudades, cuya población vive en buena medida de la actividad del DF, es explosivo. Hace cuatro años Valparaíso de Goiás tenía 143.000 habitantes: hoy se calcula que tiene 180.000.

En el Colégio Estadual de Valparaízo, se ven colas cortas y un paso más fluido de gente: aquí no hay identificación biométrica y los votantes deben usar sólo sus documentos. Thais, una bonita fiscal del Partido de los Trabajadores, le cuenta a Ámbito Financiero que su tarea principal es evitar los “boca de urna”. “Primero llamamos la atención, pero si la persona insiste, buscamos un policía. Hoy ya se llevaron presos a dos”, dijo poco antes del mediodía.

En rigor, este diario sólo vio fiscales del PT de Dilma Rousseff y del PSDB de Aécio Neves. Se supone que ellos controlan que tampoco sus partidos hagan propaganda indebida…

Este enviado puede jurar, y probar con fotos que conserva, que dos votantes concurrieron con camisetas de Boca. Uno con la titular, el otro con la suplente. Ambos, otra curiosidad, se llaman Guilherme. El segundo confiesa que su amor xeneize tiene nombre y apellido: Juan Román Riquelme. Es comprensible, claro. ¡Y uno que pensaba aquí, tan lejos, abstraerse de los nervios del clásico!

(Nota publicada en Ámbito Financiero).