Brasil revela gestión para resolver el juicio de los fondos buitre

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Brasilia – La pregunta fue directa: ¿El Gobierno Brasil espera que el conflicto argentino con los fondos buitre pueda resolverse en el primer tramo de 2015? La respuesta fue contundente e incluyó una revelación importante. “Yo creo que sí. Y hay iniciativas en Brasil, con actores privados, que están en curso para eso. Con nuestro conocimiento, con nuestra observación y con nuestra disposición a ayudar si es necesario”.

Quien habla es Marco Aurélio Garcia, uno de los funcionarios más influyentes del Gobierno de Dilma Rousseff. Hombre del Partido de los Trabajadores y amigo muy cercano de Luiz Inácio Lula da Silva, es Asesor Especial de la Presidencia para Asuntos Internacionales. Pero su influjo excede en mucho la pomposidad del cargo. Es quien que, en los hechos, lleva la relación de Brasil con el Mercosur y Sudamérica, por lo que su voz en esas materias prioritarias es, en la práctica, la de un canciller. Y es, además, un intelectual de nota y uno de los mejores amigos con los que la Argentina puede contar aquí.

Consultas con fuentes del sector financiero en Brasilia permiten afirmar que esas gestiones, efectivamente privadas, siguen activas, y que apuntan a adquirir las acreencias de los fondos buitre, que cuentan ya con fallo firme de Thomas Griesa y la Corte Suprema de los Estados Unidos. La necesidad de quienes las llevan adelante es recibir garantías suficientes de repago de parte del Gobierno argentino.

Para la administración de Cristina Kirchner, en tanto, también hay una condición: que el arreglo no se limite a los más de 1.600 millones de dólares del caso sino a la totalidad del universo de los “holdouts”, algo razonable para evitar en el futuro inmediato una nueva ola de juicios por, acaso, 20.000 millones que contarían, además, con el actual precedente judicial.

“En lo personal, supe en el primer momento de ciertas iniciativas económicas, privadas. Lo primero que le dije a una personalidad importante que me buscó, que no es una personalidad del Gobierno sino todo lo contrario, fue que me parecía excelente, que todo lo que pueda ayudar a Argentina tendría mi apoyo. Pero que tienen que hacerlo en silencio. Porque la clave de una negociación de este tipo es la discreción”, añadió Garcia.

El asesor de Dilma recibió ayer a Ámbito Financiero en una sala de reuniones del tercer piso del Palacio del Planalto. De paredes y pisos tapizados en madera, como cada uno de los pasillos de la amplísima casa de Gobierno, su mayor encanto es la vista a los jardines del frente y, más lejos, al lago de Brasilia, la zona más elegante, sede de magníficas residencias y costosos restaurantes.

Aquellos empresarios, claro, se acercaron al Gobierno brasileño no por altruismo sino por interés. Uno, el que pueda surgir de su intermediación en un acuerdo que le saque definitivamente a la Argentina la soga del cuello. Otro, evitar que la saga derive en un deterioro económico mayor de nuestro país, algo que pesa con una fuerza que no se debe menospreciar en el mal momento económico brasileño.

Según Marco Aurélio Garcia, “hay una posibilidad de que esta cuestión se pueda arreglar con el final de la cláusula RUFO”, la que permitiría a quienes aceptaron los canjes de 2005 y 2010 plantear demandas para que se les reconozca un pago pleno de las acreencias originales, tal como obtendrían los actuales litigantes… la bomba atómica que teme el Gobierno nacional. “Eso a nosotros nos parecería una buena solución. Argentina ingresaría en un período tranquilo desde el punto de vista de los fondos. Los demás problemas los tendrán que resolver los propios argentinos, y habrá para eso el año próximo un debate electoral”, continuó.

El funcionario, de castellano impecable, se mostró impactado por el duro discurso de Cristina Kirchner del martes, que expresó claramente la escalada de tensión en la relación con Estados Unidos. Pero, lejos de cuestionar el tono, puso el foco en lo que considera errores políticos “brutales” del Gobierno de Barack Obama.

“Nosotros tenemos una posición muy clara sobre las operaciones de los fondos buitre; son un absurdo. Además creo que hubo una enorme insensibilidad de parte del Gobierno de Estados Unidos vis-à-vis la Argentina. Y no me digan que es una cuestión simplemente del poder judicial, porque no, no lo es”, dijo.

Cuáles son las causas de esa actitud norteamericana en relación con el país, le preguntó este enviado. “Bueno, tal vez podrían decir en privado que ‘no nos gusta Argentina’, que ‘no nos gustan los Kirchner’, etcétera. Pero no creo que ésa sea una buena forma de cooperar, ni con un país pequeño ni con un gran país como es la Argentina, uno de los tres grandes de América Latina. Es un error brutal. Al exembajador de Estados Unidos en Brasil, Thomas Shannon, que es un hombre de gran percepción y hoy es el principal asesor del secretario de Estado (John Kerry), cuando Obama vino a Brasil, Chile y el Salvador le dije: ‘Mire, es un gran error no haber incluido a la Argentina. Podía haber sido una buena ocasión para despejar cuestiones, para conversar en forma muy franca’”.

Según el asesor especial de Dilma, en el contexto del juicio de los fondos buitre “Estados Unidos debería haber aprovechado la ocasión para decir ‘vamos a arreglar esto’ en el ámbito judicial y a la vez desarrollar una iniciativa política y diplomática. Eso les habría permitido decirle a la Argentina ‘nosotros hicimos esto, nos gustaría que ustedes hicieran esto otro’. Se podría haber hecho en forma discreta, porque ustedes tienen un Gobierno de calidad, un canciller (Héctor Timerman) de sensibilidad, que vivió en Estados Unidos y lo conoce bien. Pero no, no lo hicieron”.

“Obviamente, cuando se siente que la disposición es más para el enfrentamiento que para la conversación, la tendencia es hacia una exacerbación muy fuerte”, completó.

Estados Unidos decidió desertar de esa tarea. Pudo haber actuado como “amicus curiae” ante la Corte Suprema, pero no lo hizo. La escalada de los últimos días no necesita ser repasada.

Al parecer, Brasil sí intenta asumir el desafío, aun sin garantías de éxito. Son los costos que pagan los países que sí tienen aspiraciones de liderazgo.

(Nota publicada en Ámbito Financiero).