Argentina y los BRICS: cuando lo burdo tiene prensa

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¿Debe importarnos lo que digan de nosotros? ¿Cuánto, en todo caso?¿Hay que refutar sin más cualquier crítica injusta, o conviene tomarla en cuenta para reparar los errores propios que la motivaron?

Estas preguntas surgen de una reflexión del presidente de la Confederación Nacional de la Industria (CNI) de Brasil, Robson Braga de Andrade, en el marco de la reunión empresarial que acompañó en Fortaleza la tan promocionada cumbre de los gigantes emergentes.

“La Argentina -dijo De Andrade- no encaja hoy en el concepto de los BRICS. Ese es un concepto que involucra, además de crecimiento y desarrollo, seguridad jurídica, caminar por una democracia plena, cosas que no dan entrada a Argentina en este momento”.

La referencia, verdaderamente audaz, no resiste el menor análisis. Si los BRICS son un club que reúne a Brasil, Rusia, la India, China y Sudáfrica, es difícil que conceptos como los de seguridad jurídica y democracia resulten fácilmente aplicables a todos los socios.

Empezando por el miembro mayor, China, la sola idea de democracia, tal como la entendemos tanto nosotros como De Andrade, resulta irrisoria. Partido único, falta total de libertad de prensa, de reunión, de asociación y de peticionar ante las autoridades.

Siguiendo por otro gigante, Rusia, la noción de seguridad jurídica ha sido puesta repetidamente en entredicho por los Gobiernos que más debe admirar el jefe de la CNI. Según éstos, hay empresarios exiliados por razones tanto económicas como políticas, falta de garantías para los inversores, violaciones de los derechos humanos, persecución a los homosexuales, represión de la disidencia política y hasta encarcelamientos abusivos de estrellitas de la música punk.

Que la Argentina tiene problemas es indudable. Una corrupción estatal y privada extendidas y de larga data, además de interferencias políticas (estatales y privadas, repitámoslo) en la justicia, son dos de ellos. Quien conozca un poco Brasil, el país de De Andrade, sabrá que no hay que ir mucho más lejos para encontrar males semejantes.

Volvamos al principio: ¿hay que tomar en cuenta entonces una afirmación tan abstrusa como lo es la de una Argentina carente de una “democracia plena”?

Definitivamente sí. Jorge Castro, analista internacional, puso en contexto en diálogo con este periodista la mencionada afirmación. Las restricciones cambiarias impuestas por nuestro país en octubre de 2011 “han agudizado el conflicto con el gran empresariado (brasileño), que siente que la Argentina le dificulta el acceso a su mercado”. De ahí la creciente insistencia de ese empresariado más concentrado en que Brasil debe librarse del corset del Mercosur y salir a las grandes ligas mundiales.

Esto nos lleva a otro interrogante: ¿cómo es que un punto de vista tan distorsionado sobre la Argentina ha logrado tener eco en sectores empresariales, políticos y periodísticos influyentes?

Por un lado, hay que reconocer que aportaron lo suyo los propios problemas argentinos de adulteración estadística y de escasez de divisas, respondidos con controles a las importaciones y a las remesas de empresas extranjeras, con el cepo cambiario y con el afortunadamente superado “método Guillermo Moreno”. Por el otro, hay que ponderar el costo de un discurso que priorizó los efectos de consumo interno, incluso sobreactuando gestos que no tenían un correlato en la práctica kirchnerista.

Un buen ejemplo de esa sobreactuación fue la defensa que hicieron algunos sectores de la ley de medios audiovisuales, que emparentaban la norma con lo hecho en Venezuela. Cualquiera que conozca ambas realidades sabe lo diferentes que son y en qué medida ese país a limitado el necesario pluralismo, pasando medios privados a una órbita estrictamente gubernamental. Una mala política de relaciones públicas, a fin de cuentas.

Superar esos errores de presentación política servirán para reducir el espacio a excesos como el dicho por De Andrade. Y, a la vez, superar los problemas económicos de fondo le permitirán a la Argentina aspirar a ser parte de ese bloque de importantes economías emergentes.

Una oportunidad valiosa, además de un objetivo alcanzable y deseable para el país. Y allí no habrá excusas incomprensibles que puedan evitarlo.

(Nota publicada en el suplemento Viernes de Ámbito Financiero).

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