BRICS, horizonte posible para Argentina (pero no inmediato)

En política, los llamados “globos de ensayo” sirven para medir las reacciones a determinadas iniciativas. Vistos más de cerca, sin embargo, entregan claves interesantes sobre los proyectos y percepciones de quienes los lanzan. Esto es lo que ocurrió en la Argentina al anunciarse la invitación de Rusia a la cumbre con los países del grupo BRICS en Brasil, presentada inicialmente por la prensa oficial y por voceros oficiosos como el primer paso para el ingreso del país al club de los gigantes emergentes. Con todo, lo que se mencionaba como una invitación a la Argentina terminó siendo una extendida a todos los Estados de la Unasur, y tanto Rusia como el propio anfitrión aclararon que la ampliación del grupo (que suma además a China, India y Sudáfrica) no está por el momento en la agenda. El entusiasmo argentino es, decíamos, elocuente de cuánto desearía convertirse en otro “bric”, lo que, de hecho, sería un objetivo razonable para el país dados el tamaño de su economía, las posibilidades de inversión que brinda, su carácter de exportador de alimentos de primer nivel mundial y su condición de economía regional llave. Que Sudáfrica haya ingresado al bloque hace cuatro años pese a su menor tamaño y desarrollo en relación con sus socios, y que posea un PBI similar al argentino con una población 25% mayor, alimenta esa aspiración. Son claras las ventajas que la Argentina obtendría en caso de ingresar al grupo: acceso a mercados que dan cuenta del 40% de la población mundial y de un PBI combinado de más del 20%, además de un acercamiento a países que hoy suman un quinto de la inversión extrajera directa a nivel global. Por si eso fuera poco, se beneficiará de los proyectos estrella de la cita de Fortaleza, esto es la creación de un banco de desarrollo (un Banco Mundial alternativo) y de un mecanismo de estabilización en caso de contingencia (sustituto del Fondo Monetario Internacional). Resulta innecesario recordar lo necesitada que está la economía argentina de inversiones, tanto para financiar proyectos de infraestructura largamente postergados como para paliar la escasez de divisas que es hoy el principal motivo de sus fragilidades económicas. Pero, para ser viable, el proyecto de un ingreso al grupo BRICS no debe, solamente, ser beneficioso para aquél país sino para sus eventuales socios. Y es en este punto en el que se encuentran las mayores debilidades de la Argentina, que aparece con poco para ofrecer en el corto plazo. En materia comercial, su mercado de 40 millones de consumidores puede resultar medianamente apetecible, pero no en el marco actual de restricciones a las importaciones, dadas por la mencionada escasez de divisas. Además, si bien las posibilidades de inversión son en teoría amplias, la radicación de empresas privadas se ve complicada por las dificultades para la repatriación de remesas, producto de aquel mismo problema estructural. Con respecto al banco de fomento, el menguado nivel de reservas internacionales de la Argentina le impediría realizar el aporte para la formación del capital inicial. Y en relación con el Acuerdo de Reservas de Contingencia, no sólo no podría tampoco sumar dinero sino que, en lo inmediato, se anotaría como interesada en beneficiarse con  líneas de crédito. Es decir que, en vez de ofrecer soluciones, inicialmente lo que aportaría sería un inconveniente. Estas dificultades son advertidas por el Gobierno de Brasil, que no actúa, como podría esperarse, como el principal abogado de la aspiración integracionista de su socio regional, dado que sufre en carne propia esas restricciones en el funcionamiento del Mercosur. “La Argentina no encaja hoy en el concepto de los BRICS. Es un concepto que involucra, además de crecimiento y desarrollo, seguridad jurídica, caminar por una democracia plena, cosas que no dan entrada a Argentina en este momento”, dijo el presidente de la Confederación Nacional de la Industria (CNI), Robson Braga de Andrade. La referencia es poco feliz y no resiste análisis, pero tiene el valor de reflejar una cierta percepción de la Argentina y un estado de ánimo extendido entre los sectores más poderosos de la comunidad de negocios brasileña. Poco feliz, decimos, porque resulta absurdo hablar del principio de seguridad jurídica en un bloque del que Rusia forma parte de modo prominente. Qué decir respecto de la vigencia de una “democracia plena” donde milita el régimen chino. Pero, lo más importante, es el error de considerar que la Argentina no es un país democrático, pese a las imperfecciones de su sistema institucional, que no son ajenas, digamos, a Brasil, por ejemplo. Sin embargo, las percepciones, certeras o erradas, también son la materia prima con la que se construyen los procesos políticos, y el Gobierno argentino ha contribuido notoriamente a generar preconceptos que muchas veces resultan falaces. Un discurso más cercano al bolivarianismo que la realidad de la mayoría de sus acciones ha llevado a demasiados equívocos. Superar esa falencia política es una condición ineludible si la Argentina quiere sumarse al gran club de las economías emergentes. El otro desafío, y esto es básico, es volver a ser lo que se requiere para ingresar a ese círculo: una economía emergente importante. Eso requerirá poner en caja sus problemas autoinfligidos, la inflación, el estancamiento productivo, la distorsión estadística, las secuelas de una cesación de pagos de su deuda producida hace largos trece años, las trabas a la inversión y al ingreso de divisas, los problemas para el comercio con sus socios… La lista parece larga, muy ambiciosa y de difícil obtención. No lo es. Están dadas las condiciones para que la Argentina supere esas falencias en poco tiempo… si realmente pone manos a la obra. Los tiempos electorales, con la elección presidencial prevista para octubre del año que viene, pueden contribuir a un cambio de clima, aunque sería deseable que el actual Gobierno insista en algunos esfuerzos positivos realizados en los últimos meses. No hay tiempo que perder. Entonces sí, objetivos como sumarse al grupo BRICS e incluso otros más ambiciosos, como el retorno a un sendero de desarrollo, estarán felizmente a su alcance.

(Nota publicada en Brasil247, en castellano y en portugués).

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